
Una escribanía está en la mira por fabricar empresas
Decisión: la Secretaría de Agricultura presentó una denuncia en la Justicia, como ampliación de las causas contra Alberto Samid y el grupo Guerra.
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La Justicia y el Colegio de Escribanos de la Nación investigan una denuncia de la Secretaría de Agricultura en la que se involucra a la escribanía de Rubén Oscar Erviti y al ex escribano Alberto Ricardo Amado por fabricar sociedades anónimas que luego eran vendidas a empresarios para concretar una millonaria evasión tributaria.
Según se pudo saber, los empresarios Roque Guerra y Alberto Samid se valieron de algunas de estas firmas para concretar los hechos ilícitos a través de la constitución de empresas huecas e insolventes.
La denuncia fue presentada en los juzgados federales de los jueces Carlos Liporaci y Jorge Urso, como ampliación de las causas contra los mencionados Samid y Guerra.
En tanto, según comentó el escribano Jorge Viacava, presidente del Colegio de Escribanos, esta entidad inició un sumario contra su par Rubén Erviti. Liporaci afirmó que comenzará la investigación para probar los supuestos delitos. Un informe de la Sagpya sostiene que Samid habría utilizado cinco firmas (Selery SA, Trames SA, Tyndal SA, Faena SA y Digmar SA).
En el caso de Guerra, sólo habría recurrido a Vadelia SA, la firma que administra el frigorífico de Necochea. El juez Urso envió la denuncia a la Cámara Federal para sorteo y el azar cayó en el juzgado Nº 7 de juez federal Adolfo Bagnasco.
La operatoria
Una fuente confiable detalló los pasos dados en esta operación: "El escribano Rubén Oscar Erviti, a cargo del registro 198 de esta Capital, y Alberto Ricardo Amado, destituido por el Colegio de Escribanos en 1983, estarían asociados para diseñar sociedades anónimas a la medida de potenciales evasores", dijo la fuente.
Erviti, en diálogo con La Nación , negó toda vinculación empresarial con Amado y reconoció que lo conoce, pues se inició en esta profesión a través de su padre.
"La denuncia hay que presentarla de otra manera, porque me involucra con Alberto Amado y yo no tengo nada que ver; incluso, mencionan nombres que desconozco y algunos mal escritos. Fue muy desprolija y poco seria", afirmó el escribano.
En la constitución de las sociedades, Antonieta Pessino (72 años) y a su esposo Alberto Ramón Zeballos (76), empleados rurales de Amado, aparecían como presidente y vicepresidente del directorio de 166 empresas de los más variados rubros, según un informe presentado en la Justicia.
Así, esta pareja incursionó por innumerables rubros. Por ejemplo, la ganadería, un albergue transitorio, textil, petróleo y metalúrgica. Además, manejaron el comercio de autos y el de alimentos, fabricaron ropa interior, estuvieron en el sector inmobiliario, plásticos, caucho y cuero; fueron también exportadores e importadores y hasta mineros, y la lista de actividades puede continuar sin límite de imaginación.
Sólo en rubro carnes, se crearon, a partir de 1984, cuarenta y cuatro empresas, siempre con la misma operatoria: Pessino y Zeballos eran los socios fundadores de la sociedad anónima y a los pocos meses y, en algunas oportunidades en días, eran transferidas a otras personas, en varios casos testaferros de empresarios.
Pero cuando fueron entrevistados por los funcionarios de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca), el oasis que parecía la vida de Pessino y de Zeballos se desmoronó.
Los esposos trabajan desde hace 47 años en un campo de la localidad bonaerense de Lobos, llamado La Pícara, de Las Garzas SA, y Erviti reconoció la actividad de esta pareja. "Los conozco muy bien; no son unos angelitos ignorantes del campo y han constituido varias empresas, no todas las que se mencionan, con distintos objetivos".
En un acta de constatación de la Oncca del 13 de febrero de este año, los esposos negaron todo conocimiento sobre las empresas que supuestamente fueron de su propiedad y también que alguna vez hayan vivido en Doblas 160 -el supuesto domicilio real de los esposos-; tampoco saben de quién es esa propiedad. Según relataron, su única actividad en los últimos 47 años fue ser encargados del campo de Amado y que con Erviti tenían "una relación amistosa".
Esta familia también reconoció que Erviti y Amado se conocen al recordar que comparten una escribanía en Suipacha 211, piso 22, de la Capital Federal. El impecable trabajo se basó en el cruce de datos con los organismos encargados del control comercial y se inició en la Oncca. Las primeras sospechas surgieron cuando comenzó la rematriculación de los frigoríficos, en 1997. Se había constatado que Antonieta Pessino y Alberto Zeballos eran dueños de un sinnúmero de empresas, todas constituidas ante el escribano Erviti.
Esto llamó la atención de los funcionarios, que ampliaron la investigación, y se llegó hasta los esposos Zeballos-Pessino.
Cómo era el negocio
Entre 1994 y 1995, se concretó el mayor número de empresas. Seguramente, también se intentará probar si se constituían a pedido o eran ofrecidas y si hay más personas involucradas.
La misma fuente aseguró que se habría llegado al límite de constituir hasta tres firmas en un mismo día, de rubros muy diversos. Con esto, Pessino y Zeballos tuvieron que desembolsar casi 10.000 pesos para constituir esas SA, pues la ley exige que cada sociedad requiera de un aporte inicial de 3000 pesos.
Según se planteó, el negocio sería así: 1) constituyen una sociedad anónima, en la que los esposos Pessino y Zeballos eran presidente y vicepresidente; 2) a los pocos días, semanas o meses, según el caso, la vendían; 3) hacían figurar domicilios falsos de las empresas; la Oncca verificó que en las direcciones que figuraban en el acta de inicio de actividades de las firmas existían garajes y una agencia de Prode y quiniela.
Entre los supuestos hechos ilícitos que podrían investigarse se cuenta: crear empresas para luego ser vendidas, con lo que dicha escribanía realiza una actividad expresamente prohibida por la ley del notariado; hacen figurar como miembros del directorio de las sociedades, con las responsabilidades de la ley 19.550, a personas que no tienen ningún manejo societario ni patrimonio, con lo cual, deliberadamente, se está dando fe pública de un acto nulo desde el inicio, pues los esposos Zeballos no manifestaron la voluntad de formar parte de la sociedad.
Erviti negó estas dos imputaciones posibles, pues aseguró que él no transfería las empresas y que los esposos Pessino y Zeballos sabían lo que estaban haciendo.
Animo
El escribano Rubén Erviti se manisfestó muy preocupado por esta situación que lo involucra.
"Aunque se demuestre que no tengo nada que ver, el sumario en el Colegio de Escribanos queda en el legajo", sostuvo. El profesional agregó: "Con esta gente de la Secretaría de Agricultura nunca hablé, ni siquiera me llamaron para preguntarme cómo me llamo y salen hablando de las cosas que hago".






