África, desafío y misión
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Un compatriota recibió recientemente el premio “ABC Solidario”, creado por el diario homónimo en España, dirigido a construir un mundo mejor. En su XVII edición, el medio colega vuelve apoyar la solidaria preocupación por asistir a personas vulnerables y excluidas, con un premio de 40 mil euros. El padre Jorge Crisafulli, sacerdote salesiano y bahiano empedernido, lleva más de 30 años de trabajo misionero en África. Actualmente está en Freetown, capital de Sierra Leona, uno de los países más pobres del mundo azotado por pestes como la malaria, el tifus, el cólera y el sida. El paso del Covid no fue tan devastador, reseña. Mucho más letal recuerda al ébola que golpeó en 2014.
Con una larga costa sobre el Océano Atlántico, este país que otrora fue centro de tráfico de esclavos para convertirse luego en víctima de brutales saqueos internacionales, en el siglo XX fue ganado por las más tremendas guerras étnicas. En un escenario complicado, el padre Crisafulli trabaja desde 2016 en el rescate de chicas que viven en la calle, que ejercen la prostitución o son abusadas. No hay edad para ellas. Por cincuenta centavos de dólar, niñas de nueve años se prostituyen para conseguir algo para comer. Una cuestión de supervivencia que las lleva incluso a aparentar ser mayores para hacer aquello que no corresponde a su edad, señala el sacerdote. Enfermedades, embarazos no deseados, golpes y muerte son lo que muchas encuentran. Con un generoso y esforzado trabajo, más de 12 sacerdotes y 140 trabajadores sociales en ocho programas, atienden su sanación interior, su recuperación de los profundos traumas que tan tempranamente marcan sus vidas y su capacitación para la vida independiente.
Conseguirles un techo, darles de comer, educarlas y brindarles recursos para desenvolverse en su vida es una empresa emocionalmente desafiante y económicamente costosa. “Es un milagro diario volver ver a sonreír a estas niñas porque significa que han superado los traumas y son protagonistas de sus vidas”, celebra el padre Jorge. Con humildad, concede a las chicas, sus “heroínas”, todo el mérito por el premio recibido mientras se prepara para abandonar Freetown rumbo a su nueva misión en Nigeria.
La organización Familia Don Bosco, que dirige nuestro compatriota, lleva rescatadas más de 600 chicas; no es poco. Casi mil han pasado por las casas de la institución para atender su salud; sin embargo, muchas optan casi inevitablemente por volver a las calles. El incansable accionar de la institución en distintos frentes ha conseguido que el gobierno del castigado país africano decrete la Emergencia Nacional sobre el Abuso Sexual a Menores, una medida sumamente relevante, ya que, en la práctica, se traduce en prisión para quien abuse de una menor o le robe la recaudación. Impide también que las menores de edad puedan ser detenidas en la calle, pues deberán ser llevadas al hogar de la institución.
En Madagascar, el sacerdote argentino Pedro Opeka ha sacado de la pobreza a más de 500.000 personas devolviéndoles su dignidad a través del trabajo y la educación. Su iniciativa, Akamasoa, ahora replicada en la Argentina en la localidad de Lima, le ha valido varias nominaciones al Nobel, otro ejemplo de amor desinteresado y comprometido.
“Todos somos iguales, la misma potencialidad para hacer el bien que existe en mi corazón, existe también en ellos” afirma sin atisbos de duda Crisafulli. Esa certeza los mueve, esa confianza los guía y los resultados alcanzados confirman que van por el buen camino. El talento y la sensibilidad de los nuestros brilla en el mundo.



