Agro: una decisión que urge
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Las cadenas de productores de maíz, soja, trigo y girasol han hecho un llamado a las autoridades económicas a fin de que destraben los impedimentos que postergan el ingreso en el país de los fertilizantes y agroquímicos indispensables para encarar la próxima siembra gruesa.
Se halla en juego la producción más importante para la economía argentina: aportó en 2021 un récord de 41.620 millones de dólares. El balance de la campaña que concluyó el último otoño se redujo a 24.350 millones por efecto de una sequía que en zonas de la provincia de Buenos Aires fue la más severa en cien años.
Las autorizaciones devengadas para el campo por el Sistema de Importaciones de la República Argentina están prácticamente detenidas. Ha sido un fenómeno con derivaciones patéticas, que se reflejan en haber elevado la deuda pública un 15% por encima del PBI. Con gobernantes casi con un pie en el estribo para bajarse forzosamente de un tren manejado desde las sombras, la máquina de fabricar empleos públicos trabaja, entretanto, a un ritmo de creación de más de 140 puestos diarios.
Esa máquina de succionar recursos de la población y de sus sectores productivos ha agotado las reservas netas de divisas y ahora hace agua por todos lados. Ha hecho imposible el curso natural de las importaciones, con prohibiciones o silencios que agigantan los costos. Eso sucede por aumentos internacionales de los precios y por la pérdida de valor de una moneda cuyos billetes se rompen en los estadios de fútbol extranjeros como manifestación hiriente hacia la vana arrogancia argentina.
Todo esto ha afectado, incluso, a las actividades que generan los recursos externos más sensibles para el desenvolvimiento de la economía. El arrastre de la corrupción que el Gobierno pretende negar respecto de sus mentores, como la vicepresidenta Cristina Kirchner, más la impericia abrumadora de los economistas que han ocupado altas posiciones públicas desde 2019, han llevado la pobreza al 43% de la población y, en el caso de los menores de 14 años de áreas urbanas, al 58%.
Las cuatro cadenas han debido recordar al Gobierno, en términos severos, que dependen de la agrobioindustria todos los alimentos y gran parte de la generación de divisas que el país necesita. Urge, entonces, la liberación de los insumos esenciales para esas industrias.
“Sin solución de corto plazo vamos hacia un quiebre del sector productivo”. La advertencia de las cadenas agrícolas Maizar, Acsoja, Argentrigo y Asagir se suma a la de las sesenta cámaras agrupadas en el Consejo Agroindustrial Argentino: desprovista la siembra de los insumos esenciales para su realización, el campo, principal motor de nuestra economía, queda en situación insostenible.
La sociedad debe saber que, si el Gobierno no libera los insumos necesarios para el trabajo agrícola inmediato, los daños para el interés general podrán ser irreparables.






