
Crédito de fomento, sin otro Banade
1 minuto de lectura'
Durante el acto de asunción del nuevo presidente de la Unión Industrial Argentina, la ministra de Economía, Felisa Miceli, expresó que "quizá llegó el momento de plantearnos si no es necesaria una institución financiera que permita apalancar este proceso de crecimiento". Antes de que esto pudiera ser considerado el anuncio de la recreación del anterior Banco Nacional de Desarrollo (Banade), desde el propio ámbito oficial se relativizó aquel dicho, explicándolo como una reafirmación general de una política de apoyo crediticio al desarrollo industrial nacional.
En realidad, el recuerdo de la forma escandalosa en que terminó el Banade, superado por la incobrabilidad de cientos de préstamos otorgados con liberalidad y sin el necesario respaldo, ha sido suficiente para desechar esa idea. De hecho, una parte importante de la cartera de aquel banco ya había debido ser transformada en acciones de las sociedades beneficiarias, con escasas o nulas posibilidades de ser vendidas a terceros. La venta de esas carteras y la liquidación de la entidad dejaron cuantiosas pérdidas al erario.
El concepto de fomento de determinadas actividades cabe dentro de las finalidades de gobierno. Es común encontrarlo en otros países con el propósito de favorecer la exportación, el desarrollo de tecnología o la promoción de empresas pequeñas y medianas, por ejemplo. El subsidio en el crédito es un instrumento apropiado siempre que se cumpla la condición de transparencia, asignación competitiva y limitación presupuestaria. Es deseable que los fondos destinados a este fin tengan el tratamiento parlamentario al igual que cualquier otra partida del gasto público.
Cuando era ministro de Economía, Roberto Lavagna ya había desestimado un pedido de algunas entidades industriales de crear un nuevo Banade, argumentando que el Banco Nación y el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) podían desarrollar la misma función. Por otro lado, en ese entonces se creó la Unidad de Financiamiento del Estado (Ufide) para asegurar una más eficiente gestión y transparencia de los créditos que se otorguen a través de la banca oficial.
Esta unidad, que opera en el ámbito del Ministerio de Economía, tiene por misión la selección de los proyectos para acceder a créditos con tasas subsidiadas, ya sea para la industria o para el plan de promoción agropecuario (Prosap).
La Ufide puede invitar a entidades financieras privadas a participar del financiamiento de los proyectos que se le presenten y, con el debido control presupuestario, debería administrar las partidas asignadas a subsidiar préstamos.
El nuevo titular de la UIA, Juan Carlos Lascurain, ha coincidido en la necesidad de que el Estado colabore en el desarrollo de la industria facilitando el crédito de fomento, pero sin crear necesariamente otro banco. En un reportaje otorgado a este diario expresó que "no es necesario crear una infraestructura sino tener las líneas de financiamiento suficientes" en las que "participen todos los bancos que quieran participar".
Tanto la dirigencia empresaria como el Gobierno saben de la inconveniencia de crear nuevas y costosas estructuras burocráticas que pueden finalmente ser utilizadas para servir criterios puramente clientelísticos o que favorezcan a personas o grupos cercanos al poder, sin optimizar el uso de los recursos en beneficio de las auténticas políticas de desarrollo. De esto hay suficiente historia, y no sólo en el ex Banade. Sería imperdonable no sacar provecho de la experiencia.


