Cuba, al borde del abismo
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Hablar de Cuba, inmersa por años en graves crisis, suena reiterativo, pero la desolación en la que viven sus habitantes obliga a alzar la voz. Las dificultades de la vida diaria son insoportables, cubrir las necesidades básicas es imposible con un salario mensual promedio oficial de 6506 pesos, equivalente a 14,46 dólares al tipo de cambio informal, que es el que se maneja.
Más allá de las cifras oficiales, es imposible conocer la dimensión del fenómeno de las personas en situación de calle en la Cuba actual. El último censo en la isla, realizado en 2012, registra que para entonces había unas 1108 personas con conductas deambulantes. Para 2024, el propio Gobierno reconoció que más de 3700 personas eran atendidas en centros de protección social. La cruda realidad solo se oculta disfrazada benévolamente detrás de estos números.
Según el Observatorio de Derechos Sociales, el 89% de las familias cubanas vive en extrema pobreza; el 70% se priva de al menos una comida al día; el 12% de los mayores de 70 años sigue trabajando después de jubilarse para sobrevivir, ya que el 58% de ellos gana menos de 4500 pesos al mes (unos 10 dólares); apenas el 3% de los cubanos puede conseguir los medicamentos que necesita en las farmacias.
Con pocas opciones en el horizonte, miles de cubanos se han visto forzados a emigrar, buscando en el exilio una vida que su tierra natal ya no puede ofrecerles. Esta diáspora afecta también las remesas, una de las principales fuentes de divisas de la isla. Con la caída del turismo tras la pandemia, motor que supo mantener a flote a la isla, el flujo de ingresos al país es cada vez menor.
Apagones que forman parte de la vida diaria, carencia de agua y de medicamentos así como de combustible importado, jaquean cada vez más la cotidianeidad de los ciudadanos.
Así las cosas, no es de extrañar que el malestar de la población vaya en aumento, lo que ha disparado las protestas. El Observatorio Cubano de Conflictos (OCC) contabilizó 1326 de ellas solo en noviembre. El registro superó por quinta vez consecutiva su récord histórico, comparado con las 1249 manifestaciones en octubre, las 1121 en septiembre, las 1023 en agosto y las 845 en julio.
Todas han sido expresiones de indignación contra el régimen y la respuesta ha sido, como siempre, la represión: detenciones arbitrarias, retenciones ilegales en viviendas, abusos contra presos políticos, amenazas y citaciones policiales.
El Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de Naciones Unidas (WGAD, por sus siglas en inglés) determinó que Cuba se convirtió en el país con más condenas por detenciones arbitrarias desde 2019, según un informe publicado por la ONG Prisoners Defenders. El reporte concluyó que la represión en la isla no es un fenómeno aislado, sino una política de Estado orientada a silenciar la disidencia y controlar a la sociedad mediante el miedo y la privación de derechos fundamentales.
Cuba es un país al borde del abismo. El sistema ha caído en una espiral de emigración y colapso social que elimina las mínimas probabilidades de recuperación para la isla. Los cubanos están hartos de la represión, del hambre, del nepotismo, de la violación a sus derechos ciudadanos. Condenados a permanecer en la pobreza, el futuro no es más que una quimera.





