El control de natalidad chino
La cruel política demográfica del hijo único de la potencia oriental ha probado su fracaso al generar una disminución de la población activa
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No hay respuesta más dura que la que da la realidad misma. Esto es lo que, a tantos años de su política "del hijo único", está experimentando el gobierno comunista de China. Como se recordará, en 1975 se había impuesto allí esa estrategia política "del hijo único", a fin de poner límites al aumento poblacional con apoyo, incluso, de recursos criminales como el aborto, entre otros. De ese modo se logró bajar la tasa de natalidad.
Tristemente, por las vidas que de un modo u otro se perdieron junto con los deseos genuinos de tener más hijos, hoy el gobierno chino ha llegado a una conclusión opuesta a la que rigió la anterior política: es necesario que aumente la natalidad, a fin de que no siga disminuyendo la población activa. En este sentido, el Tercer Plenario del Partido Comunista de ese país decidió ampliar a dos hijos las posibilidades de las parejas, opción que hacía suponer en el corto plazo un incremento de población entre uno y dos millones de habitantes. Esa previsión no se cumplió, sin embargo, pues sólo el 6 por ciento de las parejas optaron por el segundo hijo.
El problema del crecimiento o la disminución de la población no es nuevo ni China ha sido original al respecto, salvo que puso en práctica su ideología de una manera absolutamente cruel. Desde la Antigüedad existió la preocupación vinculada con la riqueza o la pobreza de los países, con sus posibilidades de proveer de alimentos a sus habitantes o contar con recursos humanos para convertirse en potencia militar. El término "demografía" se empezó a emplear en 1855 para aludir a la disciplina que estudia las formas y la dinámica de la población.
En 1798, surgió la luego muy difundida obra de Thomas Robert Malthus Ensayo sobre el principio de población, que tuvo una enorme repercusión. En su trabajo, Malthus puso en boga una concepción pesimista de la economía, según la cual la causa de la miseria que afecta a los países reside en el instinto de reproducción, que incide en que la población aumente más rápidamente que los medios de subsistencia. Mientras éstos crecen en progresión aritmética (2, 4, 6 ,8?), la población lo hace en progresión geométrica (2, 4, 8, 16?). Esta carrera desigual tiene, según Malthus, frenos naturales, como la pobreza, las guerras o las epidemias, males que acentúan o adelantan la mortalidad y corrigen parcialmente los desequilibrios de población. Otros frenos de los que hablaba el mismo autor, no crueles, pero de ardua implantación, eran la abstinencia sexual y los matrimonios tardíos. Evidentemente, el maltusianismo influyó en la China comunista de la segunda mitad del siglo XX.
Si se analiza ahora el resultado de una política tan extrema, una razón del mencionado fracaso puede fundarse en la evolución lenta de los procesos demográficos, motivo por el cual es lógico hablar de "perspectivas de cambio" y no esperar predicciones rigurosas. También puede haber gravitado el hecho, señalado por el especialista Jean J. Boillot, de que un 35% de la población joven de China ha emigrado en los últimos 20 años.
No obstante, las variables de mayor peso que han obrado en la respuesta de la población se sustentarían más en factores sociales y culturales. Cuando se implantó la política del hijo único, en el siglo pasado, la fertilidad de las parejas ya había descendido. Ahora, en cambio, se miran la crianza y la educación de la descendencia con aspiraciones más ambiciosas y accesibles para un hijo, perspectiva ajena a las decisiones políticas.






