
El Himno, en tiempos del Mundial
La versión que se corea en los encuentros deportivos lleva a reflexionarsobre la vigencia y el valor de uno de nuestros más bellos símbolos patrios
1 minuto de lectura'
Además de revitalizarse el sentimiento de argentinidad a medida que la selección nacional va venciendo obstáculos, el Mundial ha traído otros temas al primer plano, no precisamente futbolísticos. Son muchas las voces que se han hecho escuchar, molestas ante la extraña versión que se oye en la antesala del comienzo de cada partido, cuando toda la afición argentina presente en el estadio corea una particular versión del himno nacional, que consiste en un indefinido "Ooooh, ooooh..." para acompañar su introducción musical.
Esta solución que encontró la gente ante la ausencia de la parte correspondiente a los versos de la letra de Vicente López y Planes, que comienza con el inconfundible "Oíd, mortales, el grito sagrado: / ¡libertad!, libertad!, ¡libertad!", ha llegado a ser abordada incluso por prestigiosos medios de prensa internacionales, en artículos sobre los himnos nacionales en el Mundial. Es interesante enterarse de que, como aquí, es común en toda América latina aprender el himno nacional en la escuela primaria, enseñanza que después halla ocasión de ejercitarse con cada acto escolar habitualmente, o en ocasiones especiales.
No se trata de menospreciar esta ingeniosa alternativa de acompañar con la voz un fragmento estrictamente instrumental de nuestro Himno. Pero debe lamentarse que para el resto del mundo, y para no pocos argentinos, nuestra canción patria empiece y termine en ese coro.
Da la impresión de que, con los años, alejados del ámbito escolar y de la obligación de recordar de memoria la letra de uno de nuestros más bellos símbolos patrios, los argentinos adultos nos sentimos hasta avergonzados de cantar la auténtica versión en voz alta.
En un editorial llamado justamente "Oíd, mortales", destacábamos a los jóvenes alumnos hipoacúsicos del Colegio Las Lomas Oral, que habían cantado y grabado por primera vez el Himno, y cuya versión logró una gran difusión diaria en los medios. Esos jóvenes, con distintas discapacidades auditivas, y sus maestros estuvieron y están orgullosos de cantar nuestro Himno.
De lo que se trata es de rescatar el valor de un símbolo patrio genuino y verdaderamente representativo, y llamar a la reflexión sobre su vigencia, sobre todo ahora, cuando el sentimiento nacional aflora en gran parte de los argentinos, que se sienten unidos en busca de una meta común, aunque no sea más que deportiva.


