El uso político de los ATN
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El reparto discrecional de Aportes del Tesoro Nacional (ATN) no reconoce, en tiempos electorales, ideologías ni banderías políticas. El último no fue un año caracterizado por la emergencia, al menos si se conviene en que en este rubro no entran las elecciones. Sin embargo, el gobierno nacional distribuyó entre las provincias y los municipios casi 160 millones de pesos en concepto de ATN, el triple de los envíos de 2004, creados para afrontar emergencias y desequilibrios coyunturales.
El reclamo público del diputado por Salta Carlos Sosa al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, para que no se olvidara de enviarle los ATN prometidos a cambio de votar la ley de reforma del Consejo de la Magistratura, volvió a echar sombras sobre el uso -y abuso- que el Estado nacional hace de una herramienta de auxilio financiero de excepción.
De acuerdo con el último informe del jefe de Gabinete al Congreso Nacional, en 2005 el Ministerio del Interior giró a las provincias 159.837.861 pesos, mientras que en 2004 el monto había sido de 56.033.332 pesos. En 2003, año electoral -Néstor Kirchner asumió el 25 de mayo de ese año, en reemplazo de Eduardo Duhalde-, el Estado nacional había distribuido 90 millones de pesos.
Los ATN fueron creados en 1988 por medio de la ley 23.548, de coparticipación federal de impuestos, para atender emergencias y desequilibrios financieros de las provincias. Pero sólo en la década del 90 adquirieron una notoriedad que excedió los ámbitos políticos para convertirse en un símbolo público del instrumento de captación de voluntades políticas por excelencia. Cuánto más amigo se era del gobierno, más fondos provenientes de esa cuenta discrecional se recibían.
La Rioja fue, durante la administración de Carlos Menem, el caso paradigmático de distribución arbitraria: mientras el beneficio económico medio anual en todo el país por esos aportes era de 9 pesos por habitante, en esa provincia ascendía a 400 pesos. En la gestión de Fernando de la Rúa, el distrito favorecido fue el del Chaco, que pasó de recibir el 3,2 por ciento de los recursos al 8 por ciento.
En 2005 la provincia que más se benefició fue Buenos Aires, el escenario mayor del enfrentamiento electoral para la renovación parlamentaria cuyo resultado definiría el control del justicialismo. Ese distrito, gobernado por Felipe Solá, recibió poco más de 47 millones de pesos durante ese período.
Corrientes, la única provincia donde se elegía gobernador ese año, ocupó el segundo lugar en el reparto a cargo del Ministerio del Interior, con casi 12 millones de pesos. Los recursos remitidos a Santa Cruz, la provincia que fue gobernada por Kirchner desde 1991 hasta su llegada a la Casa Rosada, en 2003, crecieron vertiginosamente. De 15.000 pesos en 2002 saltaron a casi 2 millones en 2003; en 2004 pasaron a 4,2 millones y el año último volvieron a aumentar hasta alcanzar los 6.663.000 pesos.
El hecho de que acerca del destino de tales fondos no haya que rendir cuentas convierte los ATN en un instrumento que puede prestarse a todo tipo de arbitrariedades y, también, en un caldo de cultivo para la corrupción.
La transparencia sobre el destino que se les da a estos fondos es fundamental para que la ciudadanía vuelva a confiar en las instituciones de la República. Sin embargo, sería ideal deshacerse de los ATN, porque mal usados se transforman en herramientas para doblegar voluntades políticas, y reformular la ley de coparticipación federal para hacerla más equitativa y transparente.






