La hidrovía Paraná-Paraguay, la ruta fluvial que une cuatro países a lo largo de más de 3400 kilómetros, tiene más de un lado oscuro. La falta de controles convierte esa vía, clave para la salida de las exportaciones de granos argentinos, en un peligro latente si se transforma en una de las principales rutas del narcotráfico en Sudamérica.