Informe sobre los comedores escolares
Cuanto se haga para mejorar la financiación, administración y calidad adecuada de los alimentos redundará en el bien de los alumnos
1 minuto de lectura'
Un reciente informe acerca de los comedores que funcionan en las escuelas públicas, elaborado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), pone en evidencia fallas de diverso carácter en el servicio que se dispensa en las distintas jurisdicciones del país.
Es oportuno señalar que ese servicio debe responder de manera satisfactoria a las necesidades de niños y adolescentes, tanto en lo que concierne al crecimiento y el desarrollo como en lo que se refiere a promover la actitud mental adecuada para el estudio y el aprendizaje, teniendo en cuenta, además, que el 37,2 por ciento de los chicos, sobre un total de 4,5 millones de alumnos que comen en las escuelas, pertenece a sectores sociales de la población considerados vulnerables y que, por lo tanto, padecen de problemas alimentarios en sus hogares.
Hay que subrayar, también, que la hora de la comida es ocasión para acceder a otros fines educativos como formar buenos hábitos alimentarios y de comportamiento en la mesa, que importan a la higiene y la salud. A todo esto se agrega otro beneficio por parte de la escuela, puesto que muchas familias carecen de recursos para alimentar convenientemente a sus hijos.
Ahora bien, la tarea de llevar a cabo la alimentación en los comedores escolares requiere una inversión financiera de importancia, a fin de ofrecer un menú saludable y suficiente. Ésta es una cuestión que abre dos tipos de problemas no bien resueltos: por una parte, la inflación altera continuamente las previsiones presupuestarias y la solución conduce a gastos mínimos, muy por debajo de los que indica la Escuela de Nutrición de la UBA.
Por otra parte, los alimentos que se sirven no contribuyen con frecuencia a crear los buenos hábitos deseables. Así, ha observado el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación que el 25 por ciento de los alumnos ingiere un 20 por ciento más de calorías que lo debido y, asimismo, se observan excesos en el consumo de azúcar y de sal. En cambio, falta calcio en la ingesta de los chicos. No es extraño, entonces, que los resultados de la dieta se traduzcan en sobrepeso para el 40 por ciento de los alumnos.
Finalmente, un estudio emprendido por la Fundación Danone y la empresa Knorr pone de manifiesto que en pocas jurisdicciones se cuenta con personal rentado para el servicio de los comedores. Así, quienes se ocupan de cocinar suelen ser miembros de las cooperadoras que se prestan por buena voluntad, aunque carecen de la preparación adecuada, excepto en Mendoza, donde hay personal formado para esa labor. Algo semejante ocurre con la falta de nutricionistas en el servicio, como lo señala la Federación de Graduados de esa profesión.
Puede indicarse que en la provincia de Santa Fe se cuenta con ecónomo escolar a cargo de la compra de insumos y la rendición de gastos. Una información de interés se agrega en este estudio en relación con el servicio de desayuno que se brinda en un 60 por ciento de las escuelas, ya que hace notar que muchas familias en la actualidad -independientemente de su situación económica no crean el hábito del desayuno en sus hijos, a pesar de su incidencia en la actividad matinal del alumno. Ésta es una falta de los hogares que debería corregirse. En este cuadro de referencias es justo agregar que los directivos asumen la tarea de la adquisición de insumos y los docentes, la labor de cuidar a los chicos mientras comen.
El tema analizado posee una evidente importancia y cuanto se haga para mejorar la financiación, administración, organización y calidad adecuada de los alimentos que se brindan será para bien de los chicos. Cecilia Veleda, una de las investigadoras del tema, lo precisó en una frase: "El comedor será incorporado como parte de la oferta pedagógica".



