La paz, cada vez más esquiva
Revista Criterio
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“La paz no es la ausencia de conflicto, sino la capacidad de gestionarlo por medios pacíficos”. Estas palabras del filósofo católico Jacques Maritain proponen que la tolerancia y la comprensión del otro, que él vinculaba a los valores judeocristianos, son esenciales para una coexistencia pacífica.
Casi un siglo después, nos encontramos viviendo una época en la que la paz internacional parece elusiva. Un síntoma de la crisis es que las Naciones Unidas han sido degradadas por acción y aclamación de dos relevantes miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Por un lado, la Federación Rusa, al violar el principio de no usar la fuerza para resolver un diferendo territorial. Por otro, los Estados Unidos, al obviar a la ONU para proponer un acuerdo en torno al conflicto árabe-israelí.
La amenaza nuclear ha vuelto a ser usada esta vez por la Federación Rusa en contra de países de la OTAN. Por otro lado, alimenta cierta esperanza lo sucedido en torno al conflicto israelí-palestino, iniciado por una masacre de 1500 israelíes por terroristas de Hamas el 7 de octubre de 2023. El acuerdo de paz, surgido de la iniciativa de varios países liderados por los Estados Unidos, ha comenzado a ser implementado a partir de la liberación de los israelíes secuestrados, pero falta mucho para poder decir que es sustentable.
Recientemente el papa León XIV invitó a mirar los rostros de los que “se ven arrastrados por la ferocidad irracional de quienes planean sin piedad la muerte y la destrucción” en las numerosas guerras “que devastan nuestro planeta”.
Otros conflictos importantes por sus consecuencias, pero casi invisibles a los ojos del mundo, son los que ocurren y proliferan en el continente africano: Mali, República Centroafricana, Burkina Faso, Sudán, Sudán del Sur, Etiopía, Nigeria, República Democrática del Congo y Mozambique.
En América Latina también hay señales inquietantes, por ejemplo Venezuela y Nicaragua, con régimenes no democráticos y violentos.
En la Argentina, existen señales preocupantes de conflictos (aunque no armados) generados por la intolerancia política. El propio Gobierno exacerba esta situación con un discurso violento, descalificador e ideológico. La oposición tampoco escapa a esta tendencia. Todos los actores políticos tendrían que recapacitar y modificar las formas de sus discursos para alcanzar consensos a través del diálogo y el convencimiento. A ellos les cabe la mayor responsabilidad en momentos de gran incertidumbre y vulnerabilidad social.
FUENTE: REVISTA CRITERIO








