La realidad de la Patagonia

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3 de octubre de 2002  

Poco tiempo atrás un artículo publicado en The New York Times por su corresponsal en nuestro país conmovió a la opinión pública argentina. El escrito en cuestión daba cuenta de un "movimiento silencioso" dispuesto a separar a la región patagónica del resto de la República.

"Si la Patagonia se independiza sería una nación poco poblada, pero muy próspera. Cerca del 5 por ciento de los 37 millones de argentinos viven en la Patagonia, una región que posee cerca de la mitad del territorio nacional, gran parte de las reservas de agua fresca, de la energía hidroeléctrica y el 80 por ciento del petróleo y el gas", señalaba el corresponsal del prestigioso diario neoyorquino.

La nota periodística tuvo amplia repercusión en distintos ámbitos nacionales e internacionales y fue comentada con creces por la prensa argentina. Lamentablemente, en casi todos los casos, se omitió un error de información que pudo haber dado pie al controvertido artículo.

En efecto, el periodista cita una encuesta realizada en mayo último, según la cual el 53 por ciento de la población patagónica desearía la independencia de la región.

El error radica en que el sondeo de opinión pública al que -sin mencionar la fuente- se refería el corresponsal, efectuado por la consultora Jorge Giacobbe y Asociados entre 1200 ciudadanos de Chubut, no arrojó aquella conclusión. En rigor, en la encuesta se preguntaba a cada ciudadano si estaría de acuerdo con la unificación de Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Neuquén y Tierra del Fuego en una sola provincia o región, a lo que el 49,7% respondió afirmativamente, el 46,7% contestó en forma negativa y el 3,6% figuró en el rubro no sabe/no contesta.

La citada encuesta parece cerrar también algunos debates vinculados con la cesión de territorios como parte de pago de la deuda externa. Interrogados acerca de la posibilidad de que se cedieran los derechos argentinos sobre la Antártida para pagar la deuda, el 75% de los consultados se pronunció en contra; otro 88,4% se opuso rotundamente a pagar la deuda provincial con tierras fiscales.

Se puede observar ante esta situación cómo muchas veces una equivocación probablemente involuntaria sumada a cierta desidia con la que en ocasiones actúa el resto de la prensa, repitiendo una versión sin chequearla debidamente, termina creando un problema allí donde no lo hay y sembrando la confusión en la opinión pública.

No existen hoy fundamentos sólidos para pensar en una secesión patagónica, como tampoco se advierte una demanda semejante entre el millón y medio de habitantes de la región, que exhibe con orgullo su condición de argentino, pese a que sienta que los gobiernos nacionales pudieron haberle dado más de una vez la espalda.

Una cosa es plantear un proyecto de regionalización y otra muy distinta hablar de secesión o independencia. La primera alternativa -tal como se señaló en esta columna con motivo del proyecto de unión de Río Negro y Neuquén- podría permitir la coordinación de políticas, evitar la superposición de esfuerzos análogos y asignar con mayor eficiencia los escasos recursos disponibles. Merece, en consecuencia, ser evaluada cuidadosamente, tanto en la Patagonia como en otras zonas del país sacudidas por la severa crisis socioeconómica y financiera.

La reconstrucción de un federalismo transparente, sustentado en el respeto por las autonomías provinciales, es una vieja asignatura pendiente de la Argentina.

Al margen del error señalado en el artículo periodístico que despertó el debate, tal vez haya que destacar la oportunidad de algunos testimonios de argentinos entrevistados en Neuquén que relatan con crudeza su sensación de olvido y abandono por parte del resto del país. Se trata de una percepción compartida seguramente por muchos pobladores de la región patagónica a los que habrá que escuchar, con la certeza de que en ninguno de ellos existe el ánimo de dejar de ser argentinos, como infundadamente se pudo suponer.

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