La urgencia de una reforma educativa
El deterioro escolar y los cambios en el mundo del trabajo exigen replanteos e invitan a una convivencia virtuosa entre educación estatal y privada
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La Argentina enfrenta un deterioro educativo sostenido que pone en evidencia la necesidad de encarar reformas profundas a fin de revertirlo.
El sistema escolar, que alguna vez fue un orgullo argentino y que impulsó la integración social y el desarrollo, ya no es un ejemplo para exponer ante el mundo. Las causas están enhebradas con la decadencia general sufrida por nuestro país, pero acentuadas en la educación pública por una deficiente administración estatal centralizada, sujeta a imposiciones políticas y sindicales, incompatibles con la excelencia docente y con las restricciones presupuestarias.
Los resultados están a la vista en las evaluaciones. Los jóvenes llegan a la universidad sin la preparación suficiente en ciencias básicas y humanidades. La debilidad de la escuela pública en la transmisión de una cultura amplia en el marco de principios morales, dio espacio para una docencia impregnada de un relato ideologizado del pasado reciente y una crítica sesgada del presente. Han abundado carteleras y actos reivindicativos de las organizaciones armadas de los años 70 o expresiones de la lucha sindical docente.
Es cierto que la docencia en la escuela pública implica un claro sacrificio salarial. Pero esto sucede hace décadas y no puede adjudicarse a una política intencional, sino a malas administraciones burocratizadas, a gastos impulsados por excesos de personal docente, consecuencia de estatutos con licencias y normas muy generosas. La vocación y calidad docente ha sido gradualmente ignorada en la lucha laboral y gremial. Los gobiernos deben dedicar su tiempo y esfuerzo a manejar estos conflictos dentro de sus estrecheces presupuestarias, descuidando las mejoras de fondo del modelo educativo.
El sistema escolar, que alguna vez fue un orgullo argentino y que impulsó la integración social y el desarrollo, ya no es un ejemplo para exponer ante el mundo
Se han distanciado, asimismo, las valoraciones sociales de la enseñanza privada y de la pública. Así lo perciben las familias que se esfuerzan en lograr que sus hijos concurran a alguna escuela privada. El sistema, lejos de garantizar igualdad de oportunidades, las impide.
Los datos confirman el deterioro. En las pruebas PISA, la Argentina no ha podido superar desde hace varios años bajos niveles en lectura, matemática y ciencias. Las evaluaciones nacionales Aprender refuerzan el diagnóstico: una proporción alarmante de alumnos no alcanza los aprendizajes mínimos esperables al finalizar la primaria y la secundaria. No se trata de una percepción subjetiva, sino de una tragedia medida. No es una cuestión que debe mirarse como una curiosidad. Guillermo Jaim Etcheverry lo analizó correctamente, desde hace tres décadas, por sus consecuencias directas sobre el capital humano y el futuro del país.
El problema no es solo de organización y normas, sino más ampliamente del modelo. El sistema vigente se apoya en una concepción uniforme y centralizada de la educación, La derivación a los gobiernos provinciales de la enseñanza primaria y secundaria no alteró esas características. El manejo desde el gobierno de los nombramientos y la administración de cada escuela tiende inevitablemente al amiguismo o a la relación política, gremial o ideológica. Esto lleva a subestimar el mérito en la formación docente y las cualidades morales y espirituales. Según el pensamiento de José Manuel Estrada, para enseñar es necesario saber y para transmitir valores es necesario practicarlos. Para los alumnos, el maestro es el ministro de la verdad.
La uniformidad de los programas pone a todos los alumnos a aprender de la misma manera y al mismo ritmo. Los avances de las neurociencias y de la psicología cognitiva han demostrado la existencia de múltiples inteligencias, distintos intereses y trayectorias de aprendizaje diversas. Un esquema único, centralizado y homogéneo termina sofocando esa diversidad, debilitando la creatividad, la imaginación y la motivación.
En las pruebas PISA, la Argentina no ha podido superar desde hace varios años bajos niveles en lectura, matemática y ciencias. Las evaluaciones nacionales Aprender refuerzan el diagnóstico
La educación en el mundo enfrenta un cambio de época. La aceleración tecnológica impulsada por la inteligencia artificial, la robótica y la biotecnología, está transformando de manera irreversible el mundo del trabajo y del conocimiento. En ese contexto, formar alumnos para la repetición y la estandarización equivale a prepararlos para un mundo que ha cambiado. Además de requerirse sólidos valores morales y permanentes, el futuro demandará creatividad, pensamiento crítico, empatía y capacidad de adaptación, habilidades que el sistema actual no logra desarrollar de manera sistémica.
La experiencia internacional ofrece enseñanzas claras. Países que introdujeron mecanismos de elección y competencia ampliaron la oferta educativa y generaron incentivos a la mejora, con resultados positivos y relevantes. Finlandia muestra que incluso dentro de un sistema predominantemente estatal es posible alcanzar altos niveles de calidad cuando se otorga gran autonomía a escuelas derivando el manejo a los directores y docentes. Esta autonomía les permite ensayar contenidos flexibles y métodos adaptados a cada alumno escuchando sugerencias de sus padres.
La lección es inequívoca: no existe la posibilidad de un modelo educativo óptimo que sea único y diseñado e impuesto desde arriba. Los sistemas que funcionan son aquellos que, dentro de un marco de reglas claras, habilitan la diversidad, la experimentación y la innovación. Por eso, la reforma educativa que la Argentina necesita no debe imponer una hegemonía pedagógica, sino abrir el sistema, descentralizar la administración a las escuelas, ampliar la libertad de elección de las familias, permitir distintas formas de educar, flexibilizar la currícula a partir de contenidos mínimos, evitar el adoctrinamiento y promover una convivencia virtuosa entre educación estatal y privada. Sin que por eso la educación deje de ser una cuestión prioritaria del Estado.
Es cierto que la posibilidad de la sustitución del financiamiento estatal directo por el sistema de subsidio a la demanda podría hacer posible la libre elección de los padres, facilitando incluso la opción por escuelas privadas a las familias de ingresos insuficientes. Pero esta opción debería ser evaluada con cuidado, teniendo en cuenta los riesgos que sobre este sistema han advertido algunos especialistas frente a las dificultades de tantas familias que viven por debajo de la línea de pobreza. Según los impulsores de este cambio, al basarse los ingresos de las escuelas públicas en documentos de pago del gobierno pero canalizados por cada alumno, se daría sentido a la administración descentralizada, generando incentivos a cada escuela para mejorar su calidad y atraer más alumnos.
El anteproyecto de ley de libertad educativa elaborado por el Poder Ejecutivo contempla y propone cambios que deben ser considerados, más allá de que es perfectible. Su tratamiento legislativo requiere un debate serio basado en un correcto análisis de los motivos de nuestro deterioro y en la experiencia internacional. La discusión de estos temas constituiría un paso importante. Su postergación sería persistir en un camino que ya ha demostrado su fracaso.








