Los desafortunados dichos de Axel Kicillof
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No hay mejor defensa que un buen ataque, parece pensar el ministro de Economía argentino, Axel Kicillof, ya que ha puesto este dicho en práctica numerosas veces. Por supuesto, tiene grandes maestros que también lo hacen, con mayor o menor fortuna, es cierto: el actual jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y muchos de sus compañeros en La Cámpora, de entre los que se destaca ampliamente Andrés "el Cuervo" Larroque, han logrado que la chabacanería, y no el raciocinio y el respeto, reine en ámbitos tan poco pensados como el Congreso Nacional.
Sin embargo, seguir esos derroteros no es lo más aconsejable para el candidato a diputado por el Frente para la Victoria, porque puede dar más de un paso en falso, como le ocurrió anteayer, cuando, para menospreciar el amparo presentado por la diputada por Progresistas Victoria Donda por la falta de difusión de estadísticas oficiales sobre la pobreza en la Argentina -a raíz del cual la jueza María José Sarmiento ordenó el martes pasado al Ministerio de Economía explicar en cinco días por qué no publica mediciones oficiales sobre la pobreza desde 2013- no tuvo mejor idea que decir: "Pobre [Donda], está en campaña y quiere salir en los diarios... Si quiere salir en los diarios, que se ponga plumas, se vista de algo, grite...".
Fue un exabrupto liso y llano, muy difícil de disculpar, no sólo por la propia implicada, sino también por gran parte de la sociedad argentina, cansada ya de las salidas de tono kirchneristas de toda laya. Se entiende perfectamente entonces la reflexión de la diputada Donda: "Es una respuesta machista, en un país donde el machismo mata. Donde muere una persona por día a raíz de la violencia de género. Ésa es la concepción machista que tiene La Cámpora". Después de lo cual dijo que denunciaría a Kicillof ante el Inadi por discriminación. Mala fue esta vez la defensa del ministro, que no se retractó y hasta adoptó el papel de víctima: "Se hizo una lectura prejuiciosa. No tuve ninguna intención de ofensa a las mujeres".
Es que la opinión pública está preparada para sospechar de cualquier cosa que diga Kicillof sobre el tema de la pobreza. Sobre todo, si se hace memoria; por ejemplo, cuando, en marzo pasado, contestó en una radio: "Cuántos pobres hay es una pregunta bastante complicada, no tengo el número de pobres, me parece que es una medida bastante estigmatizante".
Si el ministro de Economía fuera sólo un humilde ciudadano -uno cuyas opiniones no van a ir nunca más allá del círculo de amigos -, sus dichos no ocuparían ningún espacio en los medios y tampoco trascenderían. Pero Axel Kicillof, y con él muchos de los funcionarios kirchneristas, debería recordar el valor que tienen las palabras. Debería saber que lo que él diga como ministro tendrá una pesada influencia sobre el resto de la sociedad y que cada vez que se expresa superficial o vulgarmente sobre temas tan graves como la pobreza está ofendiendo a todos, incluso a los que espera llegar a representar en Diputados si es que lo eligen para hacerlo, en octubre próximo.






