Los riesgos del río contaminado
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El corredor costero que se extiende tanto al norte como al sur de la ciudad de Buenos Aires no escapa a los parámetros de contaminación que presenta el Río de la Plata a lo largo de su recorrido. Pero, cuando arrecia el calor, familias enteras visitan esos paseos ribereños cuyo atractivo no radica precisamente en su higiene y seguridad.
Las peligrosas aguas del pestilente y oscuro Riachuelo se vuelven un encanto difícil de resistir para los bañistas que buscan refrescarse, olvidando que éste es el tercer río más contaminado del mundo, sólo superado por el Salween en Nepal y el Danubio en Europa. Los análisis de sus aguas arrojan la presencia de metales pesados, como cromo, cobre, plomo, cinc, mercurio y cadmio, y la temida bacteria Escherichia coli, que origina la diarrea hemorrágica. Sin embargo, no está de más recordar que en 2011 se redireccionaron 28 millones de pesos del plan de saneamiento del río para el programa Fútbol para Todos.
Los carteles que pueblan la ribera son taxativos: está prohibido bañarse. Pero las prohibiciones en nuestro país, lamentablemente, nacen para ser desafiadas y en muchos casos, como en éste, para no ser respetadas, aunque se ponga en riesgo la salud y la vida. Más allá de la contaminación fluvial, las advertencias se fundan en la existencia de profundos y peligrosos canales de navegación con fuertes corrientes que los bañistas desconocen y que han originado luctuosos accidentes.
La apertura de espacios verdes con localizaciones costeras para que la gente pueda disfrutar no pueden suponer que no ingresarán al agua, aun cuando haber volcado escombros para el relleno dificulte y haga más riesgoso el descenso a las playas. Es también ingenuo pensar que el problema se soluciona poniendo más guardias o carteles de "Prohibido bañarse". Más aún, el desacato de la gente puede constituir otro problema, pues cuando se les solicita que se retiren del río muchas veces responden con una pedrada.
Los municipios aclaran que no pueden hacer más que advertir acerca de los riesgos que conlleva bañarse en el río contaminado, ya que una vez que las personas ingresan pasan a jurisdicción de la Prefectura Naval Argentina, que patrulla preventivamente, y las comunas no pueden obligar a nadie a salir del agua. La imprudencia de los osados bañistas, adultos y menores, se repite tanto en Buenos Aires como en San Isidro, Vicente López y Quilmes más allá del trabajo de Defensa Civil, Cruz Roja y Bomberos Voluntarios que puede apreciarse en algunas zonas.
Como se informó en este diario días pasados, llevará más de 20 años de intenso trabajo y fuertes inversiones sanear la cuenca del Riachuelo. La pregunta obligada es: ¿no habrá que encontrar simultáneamente nuevas formas de proteger a la gente de su propia desaprensión e ignorancia?
Los niños pequeños, los adultos mayores, las mujeres embarazadas, los pacientes de cáncer y otros con sistemas inmunológicos débiles tienen más probabilidad de enfermarse por nadar en el agua contaminada con bacterias, virus o parásitos o ingerirla involuntariamente y también más probabilidad de ser hospitalizados. La información sobre la incidencia de dichas afecciones en bañistas ocasionales es de difícil seguimiento pues la mayoría de la gente trata sus dolencias sin asociar nunca qué las causó. No hay noción sobre el riesgo de sumergir la cabeza en el agua ni de ingresar con una herida abierta o una infección, o sin calzado, lo que los expone a cortaduras que pueden devenir en casos de tétanos o gangrena. Se podría contemplar la instalación de duchas que contribuyan a paliar el calor a través de emprendimientos público-privados que sumen también a la Prefectura y la provincia para asegurar los mejores resultados.
Urge encontrar formas de comunicar los peligros que encierra el río de una manera más creativa y efectiva: algún spot de televisión o avisos gráficos, nueva cartelería que advierta claramente, aun para quienes no saben leer, sobre las nefastas consecuencias de un baño, pasando por charlas para padres en los mismos lugares de esparcimiento, funciones de títeres, difusión por altoparlantes o entrega de volantes. Como en tantos otros ámbitos, las advertencias y prohibiciones que involucran al río tienden a no ser efectivas si no son acompañadas por programas de educación e información adecuados.



