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EDITORIALES

Natalidad en derrumbe

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El Sanatorio Finochietto de la ciudad de Buenos Aires acaba de dar de baja las áreas de obstetricia y neonatología, cerrando así su servicio de maternidad. Nuevos quirófanos y Unidades de Cuidados Ambulatorios ocuparán esos espacios.

No es un caso aislado. En abril pasado había sido el turno de una maternidad histórica, la del hospital Carlos Saporiti en Rivadavia, a 65 km de la ciudad de Mendoza, situación que generó protestas entre vecinos y profesionales. Con un promedio de diez partos al mes, se optó por derivar a las embarazadas a un hospital en San Martín, situado a 20 km. Se mantuvieron los controles prenatales y la guardia obstétrica para emergencias.

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En el Finochietto, las explicaciones llegaron detrás de una “readecuación de su modelo asistencial” para atender prestaciones con mayor demanda, atento también a una innegable baja en la tasa de natalidad. Según estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación, durante 2024 solo hubo 413.135 nacimientos, lo que implica una caída del 47% respecto de 2014. La tasa de reemplazo generacional es de 2,1 hijos por mujer, pero la baja experimentada cayó a un piso histórico de 1,23, y a apenas 0,9% en territorio porteño. Estamos ante una tendencia global que se agudiza y que dispara políticas diversas para combatir la caída de la natalidad y la infertilidad.

Con preocupación, la socióloga Marita Carballo analizó días pasados en nuestras páginas la realidad demográfica argentina. Comparando los nacimientos de 2016 con los de 2022 destaca una caída del 32% en solo 6 años, con un incremento en el número de hogares unipersonales que se elevó del 13% en 1991 al 25% actual. Mientras para 1960 el 31% de la población tenía menos de 14 años, hoy el segmento apenas llega al 22%. La contrapartida es la duplicación del número de mayores de 65 años que pasó del 6 al 12%, con más de 8405 personas de más de 100 años.

Al desglosar las múltiples causas de esta situación, destaca no solo el impacto de la crisis económica sino también la transformación cultural –transversal a clases sociales y regiones- que liberó a la maternidad de ser una obligación social para convertirse en una opción para las mujeres. Los modelos familiares tradicionales siguen perdiendo centralidad. Cuando los hijos llegan, también lo hacen más tardíamente.

Los efectos de estos cambios demográficos se sienten también en el sistema previsional, llamado a crujir más fuertemente a medida que menos trabajadores activos sostienen a más jubilados, y en una demanda de atención médica creciente por el envejecimiento. Menciona también Carballo un tema clave del que ya nos ocupamos en este espacio editorial: las ventajas y desventajas asociadas al menor número de alumnos en las aulas.

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Con 1.800.000 argentinos altamente calificados que emigraron entre 2013 y 2023, nuestro capital social ha sufrido una gran pérdida que impactará sobre el crecimiento futuro. La inmigración, fundamentalmente de países latinoamericanos y dirigida a otras tareas, alcanza hoy al 4,2% de nuestra población, señala la socióloga.

El escenario es sumamente complejo y nos convoca a la acción. Carballo insiste respecto de que “la Argentina necesita con urgencia una conversación seria y honesta sobre estos cambios para diseñar políticas públicas a la altura" de lo que vendrá. El diagnóstico es preocupante y la realidad amenaza con pasarnos por encima si no nos ocupamos, sin demoras, de estas cuestiones.