Ni vencedores ni vencidos
El próximo fallo de la Corte de La Haya debería consolidar la fraterna relación entre uruguayos y argentinos
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La Corte Internacional de La Haya anunciará, el 20 de abril, su decisión sobre el conflicto de la instalación de una empresa pastera en la ciudad uruguaya de Fray Bentos, que tiene en sus manos desde 2006.
La Argentina ha demandado a Uruguay ante la Corte Internacional de Justicia argumentando que la instalación de la planta de celulosa es contaminante y que se ha violado el Estatuto del Río Uruguay.
Por su parte, Uruguay ha demandado a la Argentina ante el sistema de solución de controversias del Mercosur y la Corte Internacional de Justicia con el argumento de que los cortes de ruta constituyen una violación del principio de libre circulación y que son tolerados y utilizados por el gobierno argentino para presionar al gobierno uruguayo en las negociaciones referidas a la instalación de las plantas de celulosa.
Sin dudas, es el momento para preguntarnos qué ocurrirá el día después del fallo. ¿Será éste una herramienta para recuperar la relación con el más hermano de nuestros vecinos? ¿Seguirá el absurdo corte de ruta? ¿Qué enseñanza podemos obtener de este penoso episodio?
Existen comentarios extraoficiales de que el fallo reconocería que Uruguay violó el mecanismo de información y consulta previa que establece el Tratado del Río Uruguay. Sería una interpretación generosa para nuestro país, al no brindarle carácter formal al compromiso que celebraron la Argentina y Uruguay en 2004 por el que el entonces canciller Rafael Bielsa aceptó, mediante acuerdo con su par uruguayo, la instalación de las plantas y un genérico plan de monitoreo. Es cierto que no había habido una notificación oficial, pero en el convenio se mencionaban las coincidencias alcanzadas por ambas partes en el marco de la mismísima Comisión del Río Uruguay (CARU), es decir, la comisión creada por el Tratado que luego la Argentina alegaría como violado.
El argumento más contundente, es decir, la eventual contaminación, no ha sido comprobado. Los estudios realizados, algunos como consecuencia de denuncias, como el caso de la dermatitis sufrida por un centenar de personas, demostraron que los efluentes no excedían los niveles permitidos y que la irritación en la piel de cientos de personas fue causada por partículas de excrementos humanos que circulaban en el agua.
Desde fines de 2006 un grupo autodenominado ambientalista mantiene el corte de la ruta internacional que comunica Gualeguaychú con Fray Bentos en repudio por la ubicación de la planta de celulosa Botnia, frente al río Uruguay. Se trata de una protesta insaciable. Su prolongación indefinida en el tiempo le ha quitado fuerza a un reclamo que sin duda tiene sus razones, pero esta modalidad ha dejado de ser creíble.
No se ha hecho nada por proponer un sistema diferente para que casos así no vuelvan a repetirse, sino que todo se ha encaminado a entorpecer el turismo en Uruguay. Es cierto que las autoridades argentinas han abandonado el paso internacional a esta asamblea vecinal que ya ha abusado lo suficiente de la gente, del espacio público y ha menoscabado los derechos de libre circulación. Pero a no confundirse: no se trata de un caso de participación ciudadana, sino de una ilegítima distorsión de ella.
La mencionada participación debió ocurrir antes de la aprobación del proyecto. Y aquí reside una de las fallas del sistema actual. Si en ese momento se hubiera tomado en cuenta el sentir de la comunidad de Gualeguaychú, habría podido vislumbrarse que Fray Bentos no era la ubicación más apropiada para las plantas. Esto habría facilitado su "relocalización" y evitado el penoso proceso que nos enfrenta con nuestros vecinos más queridos.
El fallo de la Corte no parece ser una herramienta determinante para la solución del conflicto; sin embargo, debemos tomarlo como un punto de partida en esa dirección. En el análisis de la decisión debe primar una atmósfera de humildad. Ni la Argentina ni Uruguay poseen el monopolio de la verdad y la virtud. Ambas naciones se encuentran lastimadas en su orgullo y debemos saber que no hay ni habrá razones absolutamente incuestionables, y es por eso que será indispensable hacer un decidido esfuerzo de autorreconocimiento para alcanzar una neutralidad desapasionada. No debe haber vencedores ni vencidos, sino una comprensión de ambas posturas e intereses.
Si tenemos voluntad de progreso, hay que restablecer de inmediato el derecho de todos de circular libremente y trabajar para evitar que conflictos similares vuelvan a suceder en el futuro, por lo que es imprescindible mejorar la modalidad de aprobación de proyectos que puedan afectar nuestros recursos naturales. Porque los argentinos y los uruguayos queremos seguir construyendo una relación entre ambos países bajo el espíritu de fraternidad que siempre ha sido sostenido, más allá de las coyunturales decisiones de los gobernantes de turno.



