Ortega, frente al espejo de Maduro
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El dictador de Nicaragua Daniel Ortega celebró 20 años de autocracia (2007-2026) tras el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, habiendo ya para entonces liderado el poder entre 1979 y 1990, luego de haber protagonizado la revolución sandinista. Junto con su mujer, Rosario Murillo, han construido un régimen que no tolera disidencia, ni interna ni externa, y que percibe toda crítica como una amenaza a su supervivencia.
Con un Parlamento dominado y un sistema judicial y electoral que responde a sus intereses, han acabado con todas las trabas a sus consecutivas reelecciones, eliminado a aquellos candidatos que pudieran representar competencia, decretado la eliminación de la separación de poderes y puesto en la cárcel a sus opositores.
Tras la captura estadounidense del mandatario venezolano Nicolás Maduro, uno de sus principales aliados en la región, la pareja presidencial nicaragüense parece enfrentar uno de los momentos de mayor incertidumbre e intranquilidad ante la posibilidad de que alguno de sus colaboradores acepte cooperar con autoridades de Estados Unidos para terminar con su mandato.
Sus temores tienen sustento a partir de que el secretario de Estado, Marco Rubio, colocó a Nicaragua en la mira de Washington al señalarla como una de las bases de operaciones rusas en el hemisferio occidental, en un momento en que Estados Unidos redefine su estrategia de seguridad regional y evalúa cómo responder a la presencia de potencias foráneas en la región.
Desde que Ortega regresó a la presidencia en 2007, los vínculos entre Managua y Moscú se han estrechado en ámbitos políticos, militares y de seguridad que hoy generan preocupación en Washington. La cooperación militar actual entre Rusia y Nicaragua se ha consolidado mediante acuerdos intergubernamentales, visitas de delegaciones y pactos de cooperación estratégica que incluyen intercambio de entrenamiento, experiencias y coordinación en seguridad.
Ortega y Murillo tardaron casi 14 horas en pronunciarse oficialmente tras la captura de Maduro, una reacción inusualmente cautelosa y poco incisiva si se compara con la retórica explosiva que el gobierno nicaragüense suele usar contra el país norteamericano, evitando mencionarlo o calificar la operación de agresión, a diferencia de otros aliados de Maduro como China y Rusia, que condenaron enérgicamente la captura, exigieron la liberación del gobernante venezolano y calificaron el hecho de violación grave al derecho internacional. Tras la tardía reacción, el régimen activó un estado de paranoia en todo el país, que se ha traducido en el arresto de al menos 60 ciudadanos y el recrudecimiento de la vigilancia policial.
The Economist señala que Nicaragua es el país con mayor deterioro democrático acumulado desde 2011, y el informe V-Dem lo ubica entre los cinco países más autocráticos del mundo. Juan Papier, de Human Rights Watch, describió al régimen como la Corea del Norte del hemisferio, el país más represivo en esta parte del mundo.
Para Trump, el cogobierno de Ortega y Murillo es un mal ejemplo en Latinoamérica y buscará resolverlo antes de que culmine su mandato, en enero de 2029. La captura de Maduro en Caracas estremeció a la cúpula del poder político, militar y económico en Nicaragua. ¿Será Daniel Ortega el próximo?





