Perú, inestable y sin norte
2 minutos de lectura'
El gobierno del peruano Pedro Castillo lleva transcurridos apenas seis meses y, en ese período, ya se registraron tres cambios de gabinete. La falta de firmeza del profesor rural contra la corrupción policial, sobre la que le había alertado en repetidas ocasiones su ministro de Interior, ha provocado una cascada de renuncias en el gabinete que amenaza con provocar una crisis aún mayor.
Los continuos cambios ministeriales son altamente dañinos no solo para la estabilidad del gobierno, sino también para la gestión de las políticas públicas en los distintos sectores de la administración.
La inestabilidad en la que está inmersa Perú desde hace ya un lustro no ha hecho sino incrementarse con Castillo. Basta recordar que, en cuatro años, ese país ha tenido cuatro presidentes: Pedro Pablo Kucynski, Martín Vizcarra, Manuel Arturo Merino y Francisco Rafael Sagasti Hochhausler, quien se desempeñó como presidente por sucesión constitucional en su calidad de titular del Congreso, entre noviembre de 2020 y julio de 2021 .
La situación es tan compleja que nadie se atreve a vaticinar hacia dónde irá Castillo o quién se arriesgará a respaldarlo en sus fracasos e indecisiones. Ni siquiera el Congreso, que puede promover una censura como ya lo hizo con dos presidentes previos, se atreve hoy ante la posibilidad de que él decida convocar a elecciones y ponga en peligro a sus actuales integrantes.
La improvisación que ha demostrado en muchas de sus actitudes y los errores de cálculo evidentes exponen la falta de pulso político de Castillo quien, a estas alturas, pierde también apoyo de los movimientos que lo llevaron al poder y de la opinión pública, que lo castiga duramente en los sondeos. La impericia y desidia del presidente propician que se perpetúe la crisis y que continúe cayendo el prestigio de la dirigencia política.
Perú necesita un gobierno estable que fije un norte y lo guíe en momentos en que se han unido los estragos que deja la pandemia con las crisis institucionales que se adueñaron del país en los últimos años. Requiere también un congreso comprometido a legislar para el bienestar de los ciudadanos, hartos de la constante rivalidad entre sus poderes. El gran desafío es evitar que la confrontación escale y ponga en riesgo la democracia.



