¿Planeta o plásticos?

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1 de diciembre de 2019  

Pinamar, Villa Gesell, Mar del Plata, Mar Chiquita, Mendoza, Ushuaia y más recientemente Buenos Aires son las ciudades en las que afortunadamente ya se prohíbe la entrega, el uso y expendio de sorbetes plásticos, el cuarto residuo de ese tipo más común en costas y océanos. Las estimaciones hablan de 2 millones de sorbetes mensuales solo en los patios de comidas de shoppings porteños.

A través de la Agencia de Protección Ambiental (APRA), el Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño penará a quienes violen esta norma con multas que van de los 5350 pesos. Los seres humanos tenemos serias dificultades a la hora de comprender todo lo que está en juego cuando la polución ambiental amenaza la casa de todos.

Se trata de unos 8 millones de toneladas de plástico que se suman año tras año a la contaminación de nuestros ríos, lagunas, océanos, mares y costas, de manera visible, pero también en micropartículas igualmente dañinas. Un 60% corresponde a envases y productos de un solo uso, es decir, descartables que el planeta tarda millones de años en degradar.

En la batalla contra las bolsas de nylon hemos tenido algún éxito, al menos en la prohibición de su entrega en supermercados porteños, pero esa es solo una batalla en la contienda ambiental. El compromiso individual es clave cuando somos los consumidores los que debemos alzar la vara. Rechazar un sorbete plástico y reclamar que sea reemplazado por uno biodegradable, incluso cargando nuestro reclamo en el libro de quejas de un establecimiento, pareciera ser una gota en el mar. Pero sirve para sanear el mar.

Hace ya un tiempo que en el mundo se trabaja en esa dirección. Hay sorbetes de vidrio, de acero, de bambú o de polipapel, reutilizables, incluso comestibles. Entre nosotros, un emprendimiento jujeño ofrece pajitas vegetales 100% naturales realizadas con tallos que se cortan a mano, se pelan, secan y limpian. Son compostables, biodegradables, aptos para todo tipo de bebidas.

También podemos sumarnos a las nuevas tendencias que proponen que cada uno lleve consigo su propia pajita, las que ya son comercializadas como kits personalizados en bolsas de tela. O envueltas en papel con logos y marcas publicitarias.

La creatividad al servicio de esta buena causa ha dado interesantes ejemplos de sorbetes que, por ejemplo, cambian de color según las temperaturas, o flexibles de atractivos colores. Los sorbetes de papel de cera no transmiten sabor a los líquidos. Existen también pajitas ecológicas saborizadas y desarrollos especiales para que combinen con cada menú. Las vegetales requieren enjuague, secado y colocación en la heladera si se busca prolongar su durabilidad como hasta dos semanas.

Debemos crear conciencia sobre los graves perjuicios de utilizar envases que pueden ser reemplazados por materiales biodegradables. No se trata solo del daño ambiental que generan, sino también de los estudios que confirman el impacto nocivo en la salud humana del filtrado de bisfenol A, o BPA por sus siglas en inglés, o de otros componentes químicos menos conocidos, presentes en plásticos y resinas que se potencian con el calor.

Celebramos cada paso en la dirección correcta. Exigimos del Estado las normas y los controles que reduzcan la creciente polución, de la que todos somos, en buena medida, corresponsables. Proponemos mayores niveles de compromiso individual e invitamos a imitar a las jóvenes generaciones, conscientes del peligro que corre el planeta. No nos cansaremos de repetir que en este tema no hay planeta B.

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