Poeta de la fotografía
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A lo largo de siete años, el fotógrafo Aldo Sessa recorrió las provincias argentinas en busca del material con el que publicó casi 60 fabulosos libros. “La fotografía me enseñó a mirar para poder detener el tiempo y la memoria de nuestro país, que se refleja en sus paisajes y en los múltiples rostros de su gente”, destaca quien supo registrar magistralmente no solo el paisaje sino también a los gauchos y su iconografía. Su recorrido había comenzado cuando pidió una cámara prestada a un amigo. La magia de la luz lo cautivó.
Esos comienzos lo asocian a nuestro diario. Con apenas 17 años ya colaboraba con la sección que por entonces se denominaba rotograbado. Le siguieron unas 250 exposiciones y más de un millón de fotografías que pueblan su vastísimo archivo, que incluye imágenes de personalidades locales e internacionales destacadas, desde Jorge Luis Borges hasta Ray Bradbury, entre muchas otras, a veces también en colaboración con escritores como Manuel Mujica Láinez y Silvina Ocampo.

En el Palacio Libertad, recientemente, Sessa fue reconocido como personalidad emérita de la cultura nacional ante un auditorio colmado. “Hoy celebramos mucho más que una trayectoria, celebramos una forma de mirar”, señaló Leandro Cifelli, secretario de Cultura de la Nación, quien destacó la capacidad de Sessa para encontrar “lo extraordinario en lo cotidiano y lo eterno en lo efímero”.
Merecidamente multipremiado, ya había sido declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, además de miembro honorario de la Federación Argentina de Fotógrafos.
Quien no solo estudió cinematografía, sino que también incursionó tempranamente en la pintura, donó hace unos años 60 de sus fotografías al Museo de Arte Moderno. “Uno tiene que devolver algo de todo lo que ha recibido”, confesaba. Cada imagen producida es indiscutiblemente una obra de arte.

Su recorrido, iniciado con cámaras del siglo XIX, lo llevó también a explorar las posibilidades que brinda un celular a la hora de fotografiar. Incansable viajero, Nueva York lo convoca cada año, así como muchos otros destinos que disfruta de registrar con su mirada única.
A los 86 años, Sessa expresa que el reconocimiento le da ánimo e impulso para seguir adelante con su pasión por la fotografía. “Yo le puse todo, vivo para eso”, afirma. Celebramos la incansable vocación y dedicación de quien nos atrapa con su lente a la hora de retratar la realidad. Se trata de un merecido galardón para uno de los mejores fotógrafos de nuestra historia.








