Coronavirus: prepararnos para lo peor con el fin de poder esperar lo mejor

Las tareas para enfrentar la fase más grave de la pandemia del coronavirus exigen una eficaz comunicación y una eficiente coordinación
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26 de marzo de 2020  

La pandemia del coronavirus ha puesto de cabeza, patas para arriba, nuestros hábitos y nuestra existencia. Lenta, muy lentamente, nos vamos acomodando a una realidad imprevista e inimaginable hasta hace muy pocas semanas. El desafío de enfrentar a este enemigo desconocido en muchos aspectos se tornará cada día más complejo en la Argentina, en la medida en que comience a multiplicarse el número de infectados y aumente el riesgo de que pueda colapsar el sistema sanitario. Esta situación, antes que desanimarnos con sus peligrosas proyecciones, debe llamarnos a potenciar los esfuerzos a través de una mejor coordinación y de una clara y precisa comunicación.

Después de cierta negación inicial, las autoridades nacionales, con el valioso apoyo de la oposición política, han reaccionado adecuadamente frente a la extensión de la pandemia, con tranquilidad, pero con firmeza.

Las medidas ordenadas y ejecutadas, empezando por la cuarentena obligatoria, van en la dirección correcta, apuntando a impedir la rápida propagación del virus y ganando tiempo para preparar la infraestructura necesaria para atender el previsible aumento de los infectados que se produciría en los próximos meses.

No solo se trata de inventariar y acondicionar las camas que puedan llegar a ser indispensables para atender a el crecimiento de los afectados por el coronavirus, a los que habrá que sumar a la porción de la población que sufra otras enfermedades y deba ser internada por otro tipo de afecciones graves. La previsión sanitaria abarca también la fabricación de barbijos y de frascos de alcohol en gel, así como la fabricación o importación de los respiradores imprescindibles para el tratamiento de los enfermos. Es esto último una cuestión clave, pues se estima que solo hay unos 8000 respiradores en la Argentina, y en el particular momento que atraviesa el mundo ante la pandemia se trata de un bien escaso y sumamente demandado en todas partes.

No menos importantes son los recursos humanos. Ya se ha convocado a los profesionales de la salud, a través de una encomiable medida que podrá extenderse a la búsqueda de enfermeros y auxiliares de enfermería y paramédicos, a quienes podrá capacitarse rápidamente en las técnicas ya probadas para la detección de los síntomas del virus y los tratamientos más urgentes.

De todo lo expuesto ya hay medidas en marcha. No se trata de novedades, sino solo de difundirlas y alentarlas. Faltaría solo mejorar la comunicación y la coordinación.

La población padece una comprensible inquietud y cierto temor ante lo que el presidente de los argentinos calificó como un "enemigo invisible" al que se trata de hacer cada vez más visible para combatirlo mejor. Pero al mismo tiempo ha comenzado a desplegarse en la sociedad una corriente solidaria como la que ha caracterizado a los argentinos en otras circunstancias difíciles y cruciales de nuestra historia.

Nuevamente, sin descartar las severas medidas que el gobierno nacional acertadamente ha dispuesto ni desconocer la irresponsabilidad con que una minoría de los argentinos actúan, parecería despertar entre los integrantes de la sociedad un creciente deseo de participación en esta lucha contra el virus, incluso a pesar del forzado aislamiento.

Ya hay grupos de jóvenes que se ofrecen para hacer las compras de los adultos mayores o acudir en auxilio de los quienes, por ser parte de grupos de riesgo, se ven imposibilitados de salir a la vereda de sus casas, por poner solo un ejemplo.

Esta corriente solidaria, altamente positiva en muchos sentidos, requiere que las autoridades, tanto nacionales como locales, difundan un plan de acción, tendiente a canalizar tantos esfuerzos desinteresados y las donaciones materiales y de tiempo que, con el avance de la crisis, seguramente serán ofrecidas. Será vital que, llegado el momento, se sepa dónde estarán las mayores necesidades de camas, de material sanitario, de recursos humanos calificados e incluso de voluntarios. Es indispensable que quienes tienen a su cargo la conducción expongan con claridad estas necesidades.

Las tareas de difusión y coordinación que propiciamos no solo tendrán efectos prácticos, sino que generarán tranquilidad en medio de esta lucha, orientarán esfuerzos y permitirán a los ciudadanos participar. Nuestro pueblo siempre "quiere saber de qué se trata". Especialmente, cuando el cometido pasa por prepararnos para lo peor con el fin de poder esperar lo mejor en esta crítica situación mundial.

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