
suicidio
Entrá a la guía de Fundación La Nación y encontrá los tips de los expertos sobre cómo prevenir, actuar y encontrar ayuda frente a este problema

La Asociación Argentina de Salud Mental (AASM) manifestó en un comunicado su “profunda preocupación” ante los datos del Observatorio de Política Criminal (OPC) y del Ministerio de Salud de la Nación sobre el aumento del número de suicidios en la Argentina.
Durante décadas, los accidentes de tránsito fueron la principal causa de muerte entre adolescentes y jóvenes adultos en el país. La llegada de la pandemia cambió el escenario, disparando el aumento de trastornos depresivos y de ansiedad, entre otros. Hoy, lamentablemente, el número de quienes resuelven quitarse la vida sigue superando a las víctimas viales.
Actualmente, nuestra tasa de11,8 suicidios cada 100 mil habitantes supera la media global de 9.1. A pesar de diferencias entre los guarismos según las fuentes, la tendencia es en todos coincidente, con una tasa local que triplica también la cantidad de homicidios dolosos; demasiadas vidas que se pierden.
En 2022, el suicidio ya había sido la principal causa de muerte entre jóvenes de 15 a 24 años según estadísticas del Ministerio de Salud. En 2024 vuelve a ocupar el primer lugar, esta vez entre adultos de 25 a 34 años. De los 4249 suicidios consumados en 2024 según reportes del Ministerio de Seguridad de la Nación, pasamos a 5209 en 2025; esto es, un incremento del 22,6% y un aumento del 57% respecto de 2017.
Sobre un total de 3614 suicidios consumados en el país durante 2024, cuatro de cada cinco fueron varones, según el Ministerio de Salud.
La AASM subraya que “la pérdida del trabajo, la precarización, el endeudamiento y las dificultades para sostener la vida cotidiana afectan los vínculos y las expectativas de futuro”.

Como fenómeno complejo, el suicidio es indudablemente multifactorial, por lo que también la solución habrá de serlo. El Estado debe asegurar políticas públicas inmediatas de prevención con presupuesto suficiente, trabajo intersectorial y participación de la sociedad civil, los ámbitos educativos, los trabajadores de la salud y las familias.
“Hay que escuchar y contener, sin juicios”, afirma la psicóloga María Fernanda Azcoitia, presidenta del Centro de Asistencia al Suicida (CAS), al referirse al Día Mundial para la Prevención del Suicidio que se conmemora cada 10 de septiembre. Desde la institución, con casi 60 años de trayectoria, destacan que las estadísticas confirman que el suicidio puede prevenirse. Hay intervenciones y tratamientos que han demostrado funcionar; políticas sanitarias a largo plazo con acciones educativas, comunitarias y de comunicación responsable que se revelaron exitosas. Debemos hablar de suicidio, tal como propone Fundación La Nación con su guía. Si queremos reducir las tasas, el manejo responsable de información sobre estos temas adquiere fuerte impacto social.
Las estrategias sostenidas e integrales han demostrado reducir las muertes, pero las enormes brechas en el acceso a la atención en salud mental plantean un serio desafío cuando en América Latina, de cada 10 personas que necesitan atención en salud mental, solo dos la reciben. Estar atento y volverse capaz de decodificar las señales de alarma en cercanía de una persona atravesando momentos de mucho sufrimiento, se vuelve clave a la hora de acompañar o contribuir a su derivación a un profesional. Nunca se debe minimizar la angustia. Muchas guardias médicas de hospitales públicos ofrecen servicios de atención mental, con limitaciones y demoras en el acceso a turnos. La línea “135” brinda 24 horas de atención al suicida; desde cualquier punto del país se puede también llamar al (011) 5275-1135.
El hedonismo creciente, la baja tolerancia al fracaso, medir la valía por lo que se tiene y no por lo que se es, el rol de las redes sociales, son algunos de los peligrosos ingredientes que la sociedad impone en estos tiempos. Aislamiento, tristeza constante, retracción, dificultades para concentrarse, cambios en el sueño o en la alimentación y autoagresiones son algunos indicadores de advertencia. Nadie llega al suicidio para acabar con su vida sino para terminar con el dolor. Estemos atentos.
