Un león en África: belleza insoportable
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Es indignante: por puro placer, en una cacería nocturna, un dentista norteamericano logró engañar a Cecil, uno de los leones más atractivos del Parque Nacional de Hwange, en Zimbabwe. Junto a dos guías locales, ató a un vehículo la cabeza de un animal muerto, de modo de atraer al felino hacia un sitio fuera del parque. Pasado su límite lo atacó e hirió con un arco y una flecha. Persiguió al león lastimado durante 40 horas, lo mató de un tiro, le quitó la piel y se llevó su cabeza. Los hechos fueron corroborados por un collar GPS que llevaba el león en el cuello (integraba un proyecto de conservación de la Universidad de Oxford), lo que permitió rastrear sus últimos movimientos. Para los cazadores, no importa si se trata de un ejemplar esencial en la protección de sus compañeros y cachorros, y en el mantenimiento de sus genes en las futuras generaciones. Lo que importa es agregar una cabeza de ciervo, de búfalo o de león a una sala de trofeos.
Es sorprendente que mientras el planeta vive uno de los períodos de mayor extinción de la biodiversidad de la historia se admita que mediante el pago de una suma de dinero se pueda asesinar por "diversión" a un león, una especie que, si bien no está en peligro de extinción, posee una supervivencia riesgosa. Hay quienes afirman que la caza de trofeos provee de ingresos millonarios para la conservación de las especies y para el desarrollo de la población local en las comunidades pobres de África. Sólo un porcentaje menor llega a las comunidades afectadas por la caza en comparación con el dinero generado a partir de la visita de quienes sólo desean contemplar la belleza de la vida silvestre en su estado natural. Mientras miles de personas aportan fondos para la conservación de las especies en África, se permite a los cazadores pagar para sacrificarlas.
El hecho ha provocado el rechazo de la comunidad internacional y quizá cabe preguntarse qué ocurre con estas personas en apariencia civilizadas. Sin dudas es imprescindible repensar la moralidad de las políticas de esta patológica caza de animales silvestres y especies exóticas, legal o ilegal. Algunas aerolíneas han decidido prohibir en sus vuelos el transporte de estos trofeos, incluso si el cazador posee un permiso válido "expedido por las autoridades competentes" para la caza de los animales. Es un ejemplo para difundir e imitar.
La matanza de este león es un hecho indignante por su dimensión ética: cada uno de estos ejemplares constituye una obra maestra de la evolución de miles, millones de años. Estamos convocados a la convivencia con la naturaleza, de la que somos parte. Acaso para algunos su belleza resulta insoportable y pagan altas sumas de dinero sólo por el placer de exterminarla.


