
Un tranvía sin pasajeros
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Fue inaugurado, con toda pompa, el 14 de julio de 2007, con la asistencia de quienes por entonces eran las más altas autoridades nacionales y de la ciudad de Buenos Aires.
Al margen del sistema histórico, que en Caballito transita por un corto recorrido, y del Premetro, que intercomunica el sur de Flores con Villa Lugano, las modernas unidades encarriladas sobre una flamante traza lo hacen por Puerto Madero, el barrio más joven y cotizado de la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, este tranvía de reciente generación, cuya presencia regular empezó 11 días después de aquella fecha, no ha logrado conquistar el favor del público.
Es explicable. A pesar de haber provocado notables expectativas, sobre todo entre quienes estiman positivamente la vigente utilidad de los sistemas tranviarios, el Tranvía del Este apenas recorre 16 cuadras en un trayecto paralelo a las avenidas Alicia Moreau de Justo, entre Córdoba e Independencia.
En sí, y por ahora, es más una costosa curiosidad -instalarlo demandó 46 millones de pesos- al alcance del menguado turismo que visita la ciudad y de los porteños que pasean por esa zona que un sistema de transporte público con todas las de la ley. El par de unidades dobles, donadas por una empresa francesa, la misma que sueña con la realización del tren bala, pasa por cada uno de los tres apeaderos intermedios cada veinte minutos. El boleto cuesta un peso.
Sin embargo, sólo ha recibido alrededor de 590.000 viajeros a lo largo de su primer año. Apenas el doble de los usuarios que viajan por la ex línea ferroviaria Roca durante una jornada laboral.
Pero el Tranvía del Este está pendiente de ambiciosas y aún incumplidas promesas, que, sin duda, lo tornarían mucho más útil: la extensión de su traza, a fin de que enlace la terminal de ómnibus de Retiro con la terminal ferroviaria Buenos Aires, en Barracas, pasando por San Telmo, La Boca y Constitución. Ese proyecto en ciernes sería alimentado por la adquisición de otras 15 unidades dobles, del mismo modelo que las actualmente en uso.
Hoy existe consenso mayoritario acerca de que la exclusión del tranvía de las calles y las avenidas de la ciudad de Buenos Aires fue una medida inconsulta, extemporánea, apresurada y poco razonable. Se tendrían que haber replanteado los recorridos de aquella vasta red para conciliarlos con el paulatino incremento del tránsito automotor, sin eliminarla de manera tan terminante.
Esa apreciación, avalada por infinidad de testimonios, concuerda con la consideración que el tranvía ha merecido y sigue mereciendo en infinidad de ciudades europeas, americanas y asiáticas, en su calidad de medio de transporte cómodo, económico y poco contaminante. Siempre y cuando las autoridades se preocupasen por concretar sus anticipos, sería más que factible que el Tranvía del Este trocase su presencia aparentemente superflua por la imagen de un elemento eficiente, que incrementaría la recepción de pasajeros, contribuiría en medida para nada desdeñable a mejorar los servicios de transporte urbano y, por ende, también significaría un aporte positivo para mejorar la calidad de vida de sus hasta ahora potenciales usuarios.




