
Vuelve la paz al cementerio
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El gobierno porteño no descansa en su afán por sumar oferta gastronómica tanto en plazas como en parques y espacios culturales, copadas ya también desde la pandemia las rentables veredas de la ciudad. El exzoológico porteño, la histórica casona del Parque Tres de Febrero, los 17 locales gastronómicos explotados comercialmente en ubicaciones que dependen del Ministerio de Cultura se suman a 6 de inminente inauguración, entre ellos en el Planetario, Colón Fábrica y Parque Centenario. La planificación contempla otras 6, lo que totaliza un conjunto de 30 espacios gastronómicos concesionados. Hasta acá, ninguno de ellos en un cementerio.
La ley de 2014 es taxativa: “Queda prohibida toda actividad comercial en sus diferentes formas, dentro de los predios de los cementerios” del gobierno de la ciudad de Buenos Aires. La normativa busca evitar la oferta libre de servicios y la presencia de corredores comerciales dentro las necrópolis de Recoleta, Chacarita y Flores.
Alrededor de 1800 personas recorren a diario el Cementerio de la Recoleta, un enclave urbano inaugurado en 1822 que hoy comprende más de 4500 bóvedas y mausoleos, 90 de ellos de valor histórico por su arte y arquitectura, descanso eterno de personalidades argentinas destacadas. Los recorridos turísticos diurnos acercan al visitante la historia de presidentes, escritores y otras figuras destacadas que yacen en este espacio declarado Monumento Histórico Nacional en 1946.
El gobierno de Jorge Macri lanzó a comienzos de mes un llamado a licitación para concesionar por 5 años un espacio gastronómico en una cripta, rodeada por las tumbas de Domingo Faustino Sarmiento, Bartolomé Mitre y Ramón Castillo, estratégicamente ubicada cerca del acceso principal de la calle Junín. Se preveía un canon base de 1,6 millones de pesos y un porcentaje de regalías por encima del 20% sobre los ingresos brutos resultantes de los nuevos circuitos de turismo nocturno por lanzar en el predio.
El alto nivel de circulación de gente motoriza distintas actividades en las cercanías, con una rentabilidad comercial que el gobierno de Jorge Macri intentó aprovechar, con mal gusto y falta de respeto.
El pliego contemplaba explotar una cafetería o afín, para despacho inmediato, sin mesas ni sillas que habilitaran permanencia, área de servicios complementarios al visitante y tienda de recuerdos.
El argumento fue que la bóveda se encontraba desocupada y que sus titulares, con montos adeudados por tasa anual y mantenimiento, no habían respondido luego de ser debidamente notificados. Sin embargo, al difundirse la noticia, Lucía Girado, una de las herederas de la familia dueña del espacio otorgado a perpetuidad en 1890, luego de cotejar los listados, denunció que las notificaciones habían ido a parientes ya fallecidos y que no se le había permitido a ella regularizar la situación por no ser titular.
Días pasados, Girado presentó un amparo para frenar la obra de la Ciudad y recuperar la concesión de la bóveda familiar en la que descansan su padre y dos abuelos. El lugar no estaba así, según constaba en fotografías anteriores. La Justicia deberá ahora determinar qué ocurrió y, si corresponde, penalizar a los responsables.
Ante la disputa judicial y la reacción social, el gobierno porteño dio de baja la licitación y frenó así la tan disparatada como bizarra concesión. Si la decisión porteña ya era por demás cuestionable, la confirmación sobre el estado interior de la cripta tornó absolutamente inaceptables los procederes. Los muertos merecen descansar en paz.


