
Aceleran en Kuwait los preparativos para la ofensiva terrestre
Más de 140.000 soldados esperan la orden
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CAMP UDAIRI, norte del desierto kuwaití.- El sargento Brian Money, del Batallón 72 de Ingenieros de Texas del ejército de los Estados Unidos, dice que no se entera de lo que pasa en el mundo, donde crece la resistencia a una guerra en Irak. Como los más de 140.000 efectivos angloamericanos emplazados en este desierto del norte de Kuwait, Brian sigue inmerso en los preparativos de una ofensiva terrestre contra el vecino Irak.
Como los más de 50.000 marines que se entrenan a diario en esta zona, que mucho se asemeja a un paisaje lunar, Brian no sabe que el premier británico, Tony Blair, enfrenta una rebelión en su granja y duda; que su presidente, George W. Bush, está cada vez más solo, y que la diplomacia de buena parte del mundo intenta aplazar los tiempos de la guerra.
"No tenemos televisión y no sabemos qué es lo que está pasando allá afuera en el mundo", explica a LA NACION, mientras en medio de la nada trabaja junto a otros efectivos para poner a punto un pequeño oleoducto capaz de transportar combustible a través del desierto.
Aunque en el mundo diplomático crece la oposición a una guerra en Irak, los preparativos siguen su ritmo en Kuwait, base para una eventual invasión militar desde el Sur. Ayer trascendió que en gran parte de la frontera sudoccidental entre los dos países, cada 300 metros cuadrillas de obreros comenzaron a rellenar las zanjas y a aplanar los montículos que preceden esta línea, al borde de la zona desmilitarizada (DMZ) bajo el control de la ONU. Sumados a la apertura de virtuales puertas en el alambrado electrificado que hay a lo largo de la DMZ, estos hechos hablan a las claras de la preparación del terreno para el futuro avance de las tropas hacia el Norte, rumbo a Bagdad.
Según fuentes inobjetables, dos columnas de blindados norteamericanos se apostaron ayer por la madrugada frente a la DMZ, quizá debido al repliegue de los cascos azules allí presentes. Según un comunicado de Unikom (la misión de la ONU que controla la frontera entre Irak y Kuwait), en efecto, amén de que el sábado último empezó la evacuación del personal civil y no esencial de la misión, ahora también se han retirado varios observadores de las partes alejadas de la DMZ (ningún argentino entre ellos).
Desde hace dos meses en medio del desierto kuwaití -donde de vez en cuando cruza una rata del desierto o una iguana-, con una temperatura de 30 grados que crece con el pasar de los días, el sargento Brian es, dentro de todo, afortunado: su mujer, Sherikka, de 28 años como él, está en su mismo Batallón de Ingenieros. "Comemos juntos y podemos charlar, pero nada más. Hombres y mujeres estamos separados y sólo hay 4 casos de parejas de militares casados aquí", cuenta.
Jogging con máscara antigás
En el cielo, mientras tanto, el ir y venir de helicópteros Apache, Cobra y Chinook es constante. Así como también la cantidad de carros de combate, rampas para misiles Patriot, tanques, generadores, camiones y jeeps que entre nubes de polvo se desplazan por el Snake Trail, una senda de arena de este lugar -que recuerda nuestro Valle de la Luna, en San Juan-, donde los campamentos militares se multiplican como hongos.
En este escenario se ven escenas de película: militares británicos con el torso desnudo juegan rugby para matar el tiempo, y un efectivo hace jogging con la máscara antigás puesta.
"Todos los días son iguales, el paisaje es igual, y acá no hay nada", explica el sargento Brian, que de todos modos asegura que la moral de la tropa es alta y que la espera no los pone nerviosos. "Nosotros obedecemos órdenes y no nos vamos a desmoralizar si esperamos. Si vamos a la guerra, nuestra moral seguirá alta, y nuestra misión será apoyar a quienes combaten, llevándoles combustible o construyendo campos. Si no hay guerra, principalmente nos ocuparemos de ayuda humanitaria. Nuestros roles pueden cambiar, somos muy versátiles. Como todo militar, nosotros sólo obedecemos órdenes", explica.
En lo personal, ¿cree que atacar a Irak es una guerra justa, como dice su presidente, que liberará a los iraquíes del yugo de un dictador?, es la pregunta a Brian. "No puedo opinar -contesta muy gentilmente-, porque nunca estuve en Irak y no sé cómo viven los iraquíes. Yo tengo que hacer lo que me digan. Ese es mi job (trabajo). Tanto si apoyara o me opusiera a la guerra, igual tengo que ir."





