
Ante el riesgo de una profecía autocumplida
PARIS.- Para entender el impacto de una eventual salida de Grecia de la eurozona hay que imaginarse la escena de una ronda de apostadores.
Mientras los cirujanos se preparan para amputar un pie con gangrena para impedir que la septicemia se extienda a las partes sanas del cuerpo, desde la tribuna los jugadores apuestan a cuál será el próximo miembro que irá a cuchillo.
Las especulaciones sobre la posible salida de Grecia ya profundizaron la desconfianza de los inversionistas en la unidad monetaria integrada por 17 países y contribuyeron a encarecer el costo del endeudamiento para Italia y España. Esos rumores también hacen más difícil planear el reingreso en los mercados de Irlanda y Portugal, dos países que ya funcionan bajo el duro régimen del rescate.
Algunos políticos y funcionarios de bancos centrales europeos no verían mal deshacerse de un miembro díscolo para escarmentar a los otros y advertirles que no deben abusar de los privilegios del club. Otros planificadores políticos y operadores de los mercados temen que empujar a Grecia al abismo provoque una reacción en cadena, que se materializaría en ingentes pérdidas para los inversores y los contribuyentes, o incluso en la ruptura de la eurozona.
En diferentes momentos, la canciller alemana, Angela Merkel, se mostró de uno y otro lado de ese debate. En noviembre dijo que asegurar la estabilidad del euro era más prioritario que garantizar la membresía de Grecia. Pero también dijo que la salida de Grecia tendría un desastroso "efecto dominó" que ahuyentaría a los inversores de Europa.
El mes pasado, la elección de un gobierno griego comprometido con el programa de ajuste acordado con la eurozona y el Fondo Monetario Internacional (FMI) a cambio de unos 240.000 millones de euros en préstamos sólo otorgó un respiro temporario.
Grecia se apartó aún más de los objetivos de su reforma fiscal y económica. El hombre a cargo de privatizar las empresas del Estado griego renunció la semana pasada desesperado por las demoras, y el Banco Central Europeo dejó de aceptar los bonos de Atenas como garantía para prestarles dinero a los bancos griegos.
El economista norteamericano Nouriel Roubini, normalmente agorero sobre Europa, sugirió que Finlandia, un Estado fiscalmente prudente que tiene calificación AAA, sería el primero en salir por la puerta del euro, debido a la inquietud que le genera la creciente exposición de los eslabones más débiles de la eurozona.
"Si Grecia se acerca a la salida y España e Italia necesitan más apoyo financiero del corazón de la eurozona, Finlandia podría llegar a la conclusión de que no vale la pena hacerse cargo de ese riesgo de crédito adicional", escribió Roubini en el sitio web EconoMonitor.
Más allá de su acierto, esas profecías ponen en negro sobre blanco el modo en que los gobiernos y legisladores europeos comenzaron a considerar que la membresía de la eurozona es un juego de suma cero, en el que cada país se siente víctima de las acciones y decisiones de sus vecinos.
Los estrategas del Bank of America Merrill Lynch utilizaron la teoría del juego para analizar a qué país le convendría saltar primero del barco de la eurozona. En palabras simples, la teoría del juego postula que los jugadores pueden no confiar unos en otros lo suficiente como para cooperar o pueden considerar que ganan más si no cooperan, aunque el resultado sería mejor para todos los jugadores si cooperaran.
Por lo tanto, aunque Alemania y Grecia ganarían ambas si los griegos aplicaran el plan de austeridad y los alemanes aceptaran las emisiones de bonos de la eurozona, ninguno de los dos países elegirá ese curso de acción porque cada uno por su lado puede ahorrarse el sacrificio.
Aplicando las mismas técnicas a la conveniencia de una salida voluntaria del euro, los estrategas del banco concluyeron que Italia e Irlanda tienen mejores razones para abandonar la eurozona que Grecia. Por el contrario, según los resultados, a la que menos le conviene es a Alemania, a pesar de su poderío económico y su sólida situación fiscal, porque se resentiría su crecimiento, podría aumentar su costo de endeudamiento y tener un efecto negativo en las cuentas públicas. Italia tendría chances relativamente altas de lograr una salida ordenada del euro y lograría una gran mejora de competitividad y crecimiento con una moneda más débil, agregaron los estrategas.
La unión monetaria europea fue oficialmente establecida como irreversible. El Tratado de Maastricht no contiene cláusulas de salida una vez que los países se unen al euro, aunque el Tratado de Lisboa, de 2009, por primera vez legalizó la posibilidad de que un país abandone la UE.
Traducción de Jaime Arrambide
1- 2
Rusia lanza su mayor ataque del año contra la red eléctrica de Ucrania horas antes de sentarse a negociar
3Elon Musk reaccionó con dureza tras una iniciativa de Pedro Sanchez para regular las redes sociales
4A un mes de la captura de Maduro: en Venezuela los cambios parecen avanzar rápido, ¿pero es posible la caída del régimen?



