
Atentado de ETA en el centro de Madrid
El estallido de un coche bomba dejó por lo menos 13 heridos; se realizaron anoche los cierres de campaña
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MADRID.- La violencia tan temida durante la campaña electoral en el País Vasco volvió a estallar anoche en pleno centro de Madrid, donde por lo menos 13 personas resultaron heridas en un atentado con coche bomba, poco después de que un interlocutor avisó por teléfono del ataque y atribuyó su autoría a la organización independentista vasca ETA, indicaron los bomberos.
El atentado coincidió con el cierre de la campaña en el País Vasco para las elecciones de mañana y ocurrió en la intersección de la calle Lagasca y de la calle Goya, cerca de la plaza Colón, en el corazón de la capital española.
Uno de los vigilantes bancarios heridos quedó sepultado bajo los escombros de un edificio cercano al lugar de la explosión. Las demás víctimas sufrieron cortes por los vidrios.
Hace una semana, ETA asesinó al presidente del Partido Popular (PP, en el gobierno) de Aragón, Manuel Giménez Abad, en Zaragoza.
Batallas internas
Mientras la violencia golpeaba en Madrid, en Mondragón, feudo del nacionalismo radical y cuna de importantes terroristas, se revelan pequeños síntomas de cambio en el conflictivo País Vasco, que enfrentará mañana sus elecciones regionales más reñidas.
Anoche, en Bilbao y Vitoria se realizaron los actos de cierre de la campaña electoral, un desfile entre triste y grave, con apelaciones a la muerte que provoca ETA y mucha custodia para garantizar seguridad.
El mensaje coincidente fue vencer el miedo y participar. Más allá del color del voto -se dijo-, el gesto de emitirlo significa ya una derrota para los que sólo hablan con la violencia.
En la política vasca, donde la geografía torna decisiva una diferencia de pocos votos, los pequeños pueblos viven sordas batallas internas. No es fácil ir contra la corriente donde todo se sabe y ese conocimiento puede convertirse en amenaza, persecución o muerte.
Por eso llama la atención lo que ocurre en este paradisíaco enclave industrial de 25.000 habitantes, donde los operarios cobran sueldos más altos que muchos otros. Y gobernado desde hace más tiempo que ninguno en la región por Euskal Herritarrok (EH), fuerza revolucionaria y ultranacionalista acusada de ser cómplice de ETA.
"Han aparecido pintadas contra ETA", dice Rafael Soto, que fue concejal socialista en el pueblo. El dato sorprende porque por las calles no se las ve y sí abundan, en cambio, los graffiti que insultan la "opresión española" y prometen muerte a sus personeros. La estética uniforme y habitual del nacionalismo exacerbado.
¿Dónde están entonces las pintadas contra ETA? "Dentro de las fábricas", dice Soto, uno de los pocos consultados que se animó a hablar con nombre y apellido. El dato fue corroborado por dirigentes sindicales. Algunas dicen "ETA=Franco", y eso, explican, era impensable hace sólo unos meses.
Para los dirigentes en campaña, esas pintadas son aquí mucho más que un poco de pintura en la pared. La ciudad tiene una historia pesada. En sus calles, al menos ocho personas perdieron la vida en atentados terroristas a lo largo de los años y ETA tuvo aquí escondidos a empresarios secuestrados.
Hace poco, una bomba destrozó el juzgado de paz. Por lo menos cuatro concejales recibieron amenazas para que se vayan. Casi todos los jóvenes de menos de 30 años hablan en euskera. Pero el idioma vasco no está tan difundido entre los mayores. "Sus hijos suelen militar en EH, van a las ikastolas (escuelas vascas) y adquieren la identidad vasca", dice Enrique Marcos, delegado de Comisiones Obreras.
La campaña terminó anoche en el País Vasco y Mondragón tampoco fue inmune a la hostilidad que se prodigaron nacionalistas y no nacionalistas. Mañana, 1.800.000 vascos emitirán su voto y con eso medirán la embestida del presidente José María Aznar de que su Partido Popular (PP) derroque al nacionalismo gobernante hace veinte años en la región que tiene la fama más violenta en la península.



