
Bagdad, dividida por el frente de batalla
Mientras el Sur es controlado, en parte, por tropas estadounidenses, en el resto de la ciudad el régimen mantiene el poder
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BAGDAD (EFE).- Bagdad se convirtió ayer en una ciudad dividida por un sangriento frente de batalla que separa el Sur, donde las tropas estadounidenses establecieron posiciones, del resto de la capital, donde el régimen iraquí mantiene a duras penas la autoridad.
La línea de combate se situaba al atardecer cerca del hotel Al Rashid, a menos de un kilómetro del río Tigris, que atraviesa el núcleo urbano, y en una zona donde las fuerzas de defensa esperaban de un momento a otro una nueva arremetida de los soldados de la coalición anglo-estadounidense.
Ese hotel es el más famoso de la capital y símbolo del odio de Saddam Hussein a Estados Unidos desde que hizo instalar en el lobby un mosaico con la efigie del ex presidente y padre del actual líder norteamericano, George Bush, que había que pisar obligatoriamente para entrar en el edificio.
Milicianos fuertemente armados y que mostraban síntomas de gran nerviosismo impedían el acceso al área, en la que se escuchaban constantes intercambios de disparos y que es paso obligado en el camino hacia el aeropuerto, desde donde fue lanzada la incursión.
Según el vocero de la Cruz Roja en Bagdad, Ronald Hugueguin, más de 150 heridos civiles y militares habían ingresado hasta el mediodía sólo en el hospital de Kindi, al norte del río, y al que esa organización aprovisionó de anestesia y 180 equipos quirúrgicos para hacer frente a la avalancha de víctimas.
Hugueguin precisó que personal del organismo humanitario trató de llegar también al hospital Yarmuk, al sur del Al Rashid, al que no pudieron acceder debido al fuego cruzado en el frente de batalla.
Según fuentes militares estadounidenses, las fuerzas de la coalición han ingresado en el área que controlan en varias sedes del gobierno y al menos en tres recintos presidenciales, de donde algunos se llevaron de recuerdo ceniceros y bolígrafos.
Pesimismo
La situación en el resto de la ciudad era en apariencia de relativa calma, tras la euforia que desataron las informaciones del repliegue de la columna de unos 100 blindados estadounidenses que se pasearon por el centro de Bagdad después de cinco horas de cruentos combates con las fuerzas de defensa.
Milicianos que sacaban por las ventanillas de los automóviles carteles de Saddam y banderas iraquíes atribuían el movimiento táctico del enemigo a que habían "machacado a los invasores", obligándolos "a emprender la huida".
El ministro de Información, Mohamed Said al-Sahaf, llegó a negar que los soldados estadounidenses controlaran parte de la capital, y aseguró que "no se controlan ni a ellos mismos".
Pese a esas declaraciones oficiales, el pesimismo comienza a extenderse entre los funcionarios que tratan de mantener la gestión del Estado en el área urbana aún bajo autoridad del régimen, donde de acuerdo con versiones no confirmadas habrían comenzado a surgir sangrientas revueltas populares en contra de Saddam.
Los marines que entraron por el sur de la ciudad, por lo menos, pudieron disfrutar del cálido recibimiento de cientos de iraquíes que gritaban a su paso "Maten a Saddam".
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