
Carney frente a Trump: la estrategia de Canadá que otros países miran como un modelo para resistir los aranceles
El premier canadiense asumió el costo económico de una nueva escalada antes que aceptar las exigencias de Washington; su apuesta por preservar la soberanía y diversificar mercados puede convertirse en una referencia para otras potencias intermedias, presionadas por la Casa Blanca
5 minutos de lectura'
TORONTO.– El primer ministro canadiense, Mark Carney, convirtió el enfrentamiento comercial con Donald Trump en una prueba de una estrategia que podría trascender las fronteras de Canadá. Resistir la presión de Estados Unidos, aun a costa de asumir un fuerte impacto económico, para preservar margen de maniobra y evitar que la dependencia comercial se transforme en subordinación política.
La decisión de Ottawa de abandonar las negociaciones el viernes, después de considerar excesivas las últimas exigencias estadounidenses, y aceptar la entrada en vigor de aranceles del 50% sobre unos 20.000 millones de dólares en productos canadienses puso en práctica una idea que de Carney había defendido meses atrás: las potencias medias deben aprender a resistir la coerción económica de las grandes potencias en un escenario internacional en el que las alianzas tradicionales ofrecen cada vez menos protección.
“Vamos a responder”, dijo Carney al anunciar represalias dólar por dólar a partir del 8 de septiembre.
El pulso con Trump podría convertirse así en un caso testigo para otros aliados de Estados Unidos que también fueron golpeados por la política arancelaria de la Casa Blanca y que hasta ahora optaron, en distintos grados, por negociar, postergar represalias o aceptar condiciones para preservar el acceso al mercado estadounidense.
¿Cuánto puede ceder un país para evitar los aranceles y en qué momento el costo de hacerlo supera el perjuicio de resistir?
🇨🇦 | "El presidente Trump exige que Canadá cambie su idioma francés, su cultura quebequense y su identidad canadiense como condición para revertir los aranceles. Esto ya no se trata de un acuerdo comercial: se trata de una toma de control de la soberanía e identidad de Canadá." pic.twitter.com/kztCT9ZgZL
— Alerta News 24 (@AlertaNews24) August 23, 2026
La ruptura no se produjo únicamente por el nivel de los aranceles. Según Carney, Washington planteó durante las últimas horas de las conversaciones una condición que habría limitado la capacidad de Canadá para firmar acuerdos comerciales con otros países.
Para el primer ministro, esa exigencia cruzó una línea roja.
“Era inaceptable” y constituía “una cuestión de soberanía”, sostuvo. El primer ministro de Columbia Británica, David Eby, fue todavía más lejos al señalar que aceptar esa condición habría reducido a Canadá “al equivalente económico del estado 51”, una referencia directa al reiterado deseo de Trump de convertir al país en el estado número 51 de Estados Unidos.
El propio Trump volvió a utilizar esa idea el domingo, cuando escribió en Truth Social que Canadá “quiere los beneficios de ser un Estado, sin serlo” y volvió a acusar a Ottawa de imponer elevados aranceles a productos estadounidenses.

Resistir también tiene un precio
En enero, durante el Foro Económico Mundial de Davos, Carney sostuvo que el orden internacional atravesaba “una ruptura, no una transición” y advirtió que la soberanía de los países dependería cada vez más de su capacidad para “resistir la presión”.
También afirmó que las potencias medias que negociaban de manera individual con grandes potencias lo hacían desde una posición de debilidad.
Trump respondió entonces con una advertencia que hoy adquiere un nuevo significado: “Canadá vive gracias a Estados Unidos”. Siete meses después, la disputa comercial se transformó en el escenario concreto para comprobar quién tenía razón.
“Nuestro gobierno entendió, antes que muchos, que Estados Unidos transformaría todas sus relaciones comerciales”, afirmó Carney el sábado. Acusó a Washington de utilizar “la integración económica como un arma”.
La debilidad de la estrategia canadiense está en la enorme dependencia económica respecto de Estados Unidos.
Casi tres cuartas partes de las exportaciones de bienes de Canadá tienen como destino el mercado estadounidense, cuya economía es aproximadamente diez veces mayor. Los dos países mantienen además cadenas de producción profundamente integradas en industrias como la automotriz, la energía, los metales y la agricultura.
Carney reconoció que las represalias “elevarán los costos y reducirán las opciones para los canadienses”. Canadá puede buscar nuevos acuerdos comerciales y diversificar mercados, pero sustituir clientes estadounidenses y cadenas de suministro construidas durante décadas no puede hacerse rápidamente.
La dependencia, sin embargo, funciona en ambos sentidos. El comercio bilateral supera los 700.000 millones de dólares anuales y empresas estadounidenses necesitan productos canadienses como petróleo, madera, energía y fertilizantes. Los agricultores estadounidenses, por ejemplo, dependen de Canadá para una proporción muy elevada de la potasa que utilizan.
Por eso Carney apuesta a que la interdependencia también puede ser una fuente de poder negociador.
¿Un ejemplo para otros países?
El resultado del pulso será observado de cerca por los países que también negociaron con Washington durante la ofensiva arancelaria de Trump.
Estados Unidos cerró en el último año acuerdos con países como Malasia, Camboya y Argentina y estableció otros marcos comerciales con la Unión Europea, Reino Unido y Japón. La posibilidad de que las concesiones obtenidas por Washington en un país se conviertan en el nuevo punto de partida para las exigencias a otros socios genera preocupación entre algunos negociadores.
Wendy Cutler, exnegociadora comercial estadounidense, consideró que el fracaso de las conversaciones con Canadá es un “gran revés” para la política de Trump y señaló que otros países probablemente observarán con atención cómo evoluciona el conflicto.

La Unión Europea, por ejemplo, preparó el año pasado aranceles de represalia contra Estados Unidos, pero suspendió en varias ocasiones su aplicación mientras negociaba con Washington.
Canadá, en lugar de aceptar las últimas demandas para evitar los nuevos aranceles, decidió asumir el costo de una confrontación abierta, al menos por ahora. “¿Habrá un efecto dominó? Ya veremos”, se preguntó Nelson Wiseman, profesor emérito de Ciencias Políticas de la Universidad de Toronto.
La respuesta dependerá de si Carney consigue demostrar que la resistencia puede producir resultados sin provocar un daño económico que Canadá no pueda absorber. Si logra mantener abiertas las cadenas comerciales, diversificar mercados y eventualmente regresar a la mesa con una posición más fuerte, otros países podrían encontrar en su estrategia una alternativa a la aceptación de las condiciones de Washington.
Agencia AP y diario The Washington Post
1
2La apuesta más riesgosa de Kast: mano dura, poder y una grieta inesperada en la derecha
3Clarivet Cruz, madre de la niña violinista fallecida: “Mi hija pasó a ser estudio y práctica de cada uno de esos médicos que estaban ahí”
- 4
Pánico, purgas y un aliado cada vez más necesario: las señales que inquietan a Putin
