Trump acorrala a Canadá, pero Carney tiene suficiente espalda para resistir
Los nuevos aranceles impuestos por el presidente a un importante socio comercial de Estados Unidos buscan obtener concesiones, pero el gobierno canadiense y la población se han estado preparando para la escalada
8 minutos de lectura'
NUEVA YORK.– Para Canadá y Estados Unidos, siempre estuvo claro que sería un verano complicado.
Desde que el 1° de julio Estados Unidos decidió no renovar el acuerdo comercial que el presidente Donald Trump había negociado con Canadá y México durante su primer mandato, el gobierno canadiense —y muchos canadienses— se prepararon para que la administración estadounidense intentara utilizar tácticas de presión con el objetivo de obtener concesiones en materia comercial.

El lunes, el gobierno de Trump hizo precisamente eso y elevó la apuesta. Por primera vez en la historia, el mandatario recurrió a una disposición legal con casi un siglo de antigüedad para imponer nuevos aranceles al segundo mayor socio comercial de Estados Unidos.
Sin embargo, es probable que la medida despierte más estoicismo que pánico del lado canadiense.
Los aranceles, que según los expertos enfrentarán impugnaciones judiciales, afectan a más de 500 productos canadienses, entre ellos quesos y palos de hockey, por un valor de 20.000 millones de dólares. Esa cifra representa alrededor del 2% del comercio total de bienes entre ambos países, una relación comercial que el año pasado alcanzó aproximadamente 720.000 millones de dólares.
Prácticamente todos esos productos están contemplados por el ahora desestabilizado Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (USMCA), un tratado de libre comercio que en 2020 reemplazó y actualizó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), vigente desde 1994.
Trump, quien negoció el USMCA durante su primer mandato, lo calificó entonces como el "acuerdo comercial más grande, más justo, más equilibrado y más moderno jamás alcanzado“. Sin embargo, durante su segundo mandato pasó a describirlo como el peor acuerdo de la historia. Tanto ese tratado como el NAFTA moldearon durante décadas la economía de Estados Unidos y de sus vecinos norteamericanos, Canadá y México.
El lunes, Trump y el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, afirmaron que los nuevos aranceles buscan castigar lo que calificaron como el trato "discriminatorio" que Canadá aplica a las industrias automotriz, láctea y de bebidas alcohólicas estadounidenses. Al presentar la medida, Trump volvió a insistir con una de sus ideas recurrentes: que Canadá vive a expensas de Estados Unidos.
En el comunicado que acompañó el anuncio, Greer también cuestionó el hecho de que Canadá hubiera respondido con aranceles de represalia sobre algunos productos estadounidenses tras la imposición de gravámenes por parte de Washington. Según destacó, Canadá fue el único país, aparte de China, que adoptó esa respuesta.
El martes, el primer ministro canadiense, Mark Carney, informó que habló con Trump y que ambos acordaron "profundizar y acelerar" las negociaciones, aunque dejó en claro que solo está dispuesto a firmar un "acuerdo integral“.
Una de las principales exigencias de Washington consiste en que las provincias canadienses reviertan la decisión adoptada en 2025 de retirar las bebidas alcohólicas estadounidenses de las estanterías de sus distribuidoras provinciales. Los nuevos aranceles anunciados el lunes apuntan precisamente contra productos alcohólicos canadienses, pero Carney sostuvo ante la prensa, en Ottawa, que las provincias solo deberían volver a comercializar bebidas estadounidenses como parte de un acuerdo mucho más amplio.
“La decisión de modificar eso, ante todo, corresponde a las provincias, cada una de manera individual, y, en mi opinión, solo debería adoptarse como parte de un acuerdo global”, afirmó.
Los nuevos aranceles llegaron apenas unos días después de que Trump amenazara a Canadá con imponer sanciones debido al humo provocado por los incendios forestales en Ontario, que se desplazó hacia distintas ciudades estadounidenses.
Carney fue elegido el año pasado en medio de una fuerte ola de preocupación e indignación por la retórica agresiva de Trump hacia Canadá. Durante la campaña prometió construir un acuerdo comercial duradero con el presidente estadounidense, pero también hacer que Canadá dependiera menos de Estados Unidos.
Con ese objetivo, se comprometió a duplicar el comercio con economías distintas de la estadounidense para 2035 y desde entonces recorrió el mundo en busca de inversiones y nuevos socios comerciales. Reforzó los vínculos con Asia y Europa para fortalecer las alianzas económicas y estratégicas de Canadá y dejó en claro que la diversificación respecto de Estados Unidos constituye el eje central de su política exterior. Incluso sostuvo que un Canadá con mayores vínculos globales sería un mejor socio para Washington.
La economía canadiense logró mantenerse estable durante todo este período y, hasta el momento, evitó caer en una recesión significativa. Sin embargo, los aranceles estadounidenses sobre productos como acero, aluminio y vehículos golpearon sectores especialmente sensibles, mientras que la incertidumbre general sobre la relación con su principal socio comercial deterioró el clima de inversión, que depende en gran medida de la estabilidad.
La opinión pública canadiense parece respaldar la estrategia de Carney, que mantiene altos niveles de aprobación en las encuestas. En cambio, la percepción sobre Estados Unidos se deterioró notablemente. Según la agencia nacional de estadísticas de Canadá, durante el último año muchos menos canadienses viajaron a Estados Unidos por turismo. Además, una encuesta reciente del Pew Research Center reveló que apenas el 35% de los canadienses considera a Estados Unidos un socio confiable, frente al 83% registrado en 2022.
Nuevos datos publicados el martes por Abacus, una consultora canadiense de opinión pública, muestran además que Carney cuenta con un amplio respaldo para resistir la creciente presión de Trump y evitar aceptar un acuerdo comercial menos favorable.
Aunque seis de cada diez canadienses consideran urgente alcanzar un entendimiento comercial con Estados Unidos, solo uno de cada cinco cree que Canadá debería "estar dispuesto a hacer concesiones para lograr un acuerdo más rápidamente“.
“El primer ministro Carney tiene mucho margen de maniobra en las negociaciones con la administración Trump”, afirmó David Coletto, director de Abacus.
“Durante el último año, los canadienses pasaron de sentir una gran ansiedad por el impacto que los aranceles podían tener en sus vidas y de querer una solución rápida, a considerar que un mal acuerdo que premie un comportamiento preocupante simplemente no es una opción”, agregó.
Estos datos indican que Carney cuenta con respaldo interno para mantener una posición firme. En términos generales, los canadienses quieren que alcance un acuerdo justo y duradero, a diferencia de muchos otros acuerdos comerciales de Estados Unidos, que han sido percibidos como inestables y cambiantes.
Ese margen de apoyo, sin embargo, probablemente no sea infinito. El opositor Partido Conservador continúa criticando con dureza a Carney por no haber logrado todavía un acuerdo con Washington. También le reclama que actúe para recomponer la relación bilateral y sostiene que parte de su intensa actividad diplomática en el exterior constituye más un gesto simbólico que una estrategia efectiva.

“El presidente Trump se equivoca al atacar a los trabajadores canadienses y debe revertir estos aranceles de inmediato”, afirmó el lunes el líder conservador, Pierre Poilievre. “Y Mark Carney se equivocó al entregar la ventaja negociadora de Canadá durante más de un año y medio sin trabajar realmente para conseguir el acuerdo que había prometido”, añadió.
Muchos canadienses siguen preocupados por el impacto que una política cada vez más agresiva de Estados Unidos pueda tener sobre sus vidas, especialmente ante la posibilidad de que Washington decida desmantelar definitivamente el USMCA, en lugar de simplemente dejar vencer el acuerdo, lo que obligaría a iniciar nuevas negociaciones.
Aun así, es poco probable que Carney ceda. Como mínimo, dispone de tiempo hasta el 19 de agosto, fecha en la que los nuevos aranceles anunciados por Trump entrarán en vigor.
En un comunicado difundido el lunes por la noche, Carney recordó a los canadienses que esta disputa va mucho más allá de la economía. El primer ministro hizo referencia a las "amenazas contra la soberanía canadiense" por parte de Trump, en alusión a las reiteradas declaraciones del presidente estadounidense desde fines de 2024, cuando sostuvo que Canadá debería convertirse en el estado número 51 de Estados Unidos. Ese comentario fue uno de los factores que impulsó a muchos votantes a elegir a Carney el año pasado.
Según Coletto, la alternativa optimista que propone Carney —basada en una mayor integración con otras regiones del mundo— está ofreciendo a los canadienses una perspectiva esperanzadora pese al complejo escenario con Estados Unidos.
“Existe un nuevo optimismo y una renovada convicción de que Canadá tiene lo que el mundo necesita y de que, aunque en el corto plazo haya costos, desacoplar la relación con Estados Unidos terminará siendo beneficioso para nosotros a largo plazo", concluyó.

