Cayó en Italia el capo de la Cosa Nostra
Salvatore Lo Piccolo fue detenido durante una "cumbre mafiosa" con su hijo y otros dos padrinos; estuvo prófugo durante 24 años
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ROMA.- Salvatore Lo Piccolo, capo de la mafia siciliana desde la caída, el año pasado, de Bernardo Provenzano, el famoso y temido "jefe de todos los jefes" de la Cosa Nostra, fue detenido ayer al cabo de un operativo que tuvo ribetes dramáticos: un extraordinario despliegue de policías, tiroteos y hasta el llanto desesperado de su hijo.
"¡Te amo, papá!", gritaba Sandro, su hijo, que también cayó en la redada, cuando salía de una casa rodeada por la policía.
La captura de Lo Piccolo, que era buscado desde hacía 24 años, se logró gracias a la traición de otro mafioso. En el momento del operativo estaba reunido con su hijo y con otros dos capos en una casa de campo de Giardinello, no lejos de Palermo (sur de Italia).
La detención fue anunciada con gran euforia por la policía siciliana, ya que los cuatro estaban entre los 30 criminales más buscados de Italia.
"Se trata de un éxito del Estado, de la legalidad civil y de todos los ciudadanos honestos", dijo el primer ministro Romano Prodi.
A diferencia de Bernardo Provenzano ("Binnu"), que burló a la Justicia durante más de 40 años y fue arrestado en abril de 2006 en una precaria casona de campo cerca de Corleone, Lo Piccolo, alias "el Barón", fue atrapado en un chalet moderno y amueblado, cerca del mar, en Sicilia.
Allí se estaba llevando a cabo una "cumbre mafiosa". Además de los Lo Piccolo -padre e hijo, de 65 y 32 años respectivamente-, participaban de la reunión otros dos poderosos padrinos: Gaspare Pulizzi y Andrea Adamo.
Según la reconstrucción del procurador Gaetano Paci, a cargo del operativo que puso tras las rejas a quien se considera el sucesor de Provenzano, todo ocurrió en cuestión de minutos, pasadas las 9 de la mañana. Entonces, 40 agentes de la brigada antimafia Catturandi -la misma que detuvo a Provenzano- rodearon el chalet tras verificar que quienes estaban en el garaje eran los hombres buscados. Hubo intercambio de disparos y algo de resistencia de parte del padrino, que se atrincheró durante "interminables" minutos en el garaje, hasta que llegó la rendición.
Primero salió de la casa el hijo y minutos después el padre. Se cree que los Lo Piccolo, en medio de la tensión, pensaron que habían caído en una trampa mortal de los asesinos a sueldo de un clan rival en busca de vendetta. Pero cuando se dieron cuenta de que quienes los estaban acosando eran policías, dieron un suspiro de alivio y se dejaron detener sin oponer resistencia.
"Fueron momentos de gran trepidación", relató Paci, y contó que los criminales salieron de su escondite "con mirada altanera". Y detalló que el joven Lo Piccolo salió llorando y gritando muy fuerte.
Prófugo de la Justicia desde hacía 9 años y brazo derecho de su padre, Sandro era un "hombre de honor" con todas las letras, que a los 30 años ya había sido condenado a prisión perpetua por sangrientos delitos.
Al frente de las extorsiones
Al igual que Provenzano durante 40 años, Lo Piccolo era un personaje clave para el control del sistema económico de la mafia siciliana, que se basa en el manejo de un complejo sistema de extorsiones y licitaciones públicas.
En la casa, la policía encontró ocho pistolas, agendas llenas de apuntes, dinero y algunos pizzini -los mensajes en código que utilizan los capos para impartir órdenes- en el baño. Al parecer, los pizzini estaban por ser tirados al inodoro por Lo Piccolo, pero los investigadores lograron salvarlos.
"Probablemente ése no era el escondite de Lo Piccolo, sino el lugar para las reuniones importantes", explicó Paci, que dijo que la policía había llegado "antes de que los delincuentes tomaran importantes decisiones".
Para lograr este nuevo gran golpe, resultó decisiva para la policía la traición de Francesco Franzese, un mafioso arrepentido arrestado el 2 de agosto. Ex hombre de confianza de Salvatore Lo Piccolo, Franzese se ocupaba de la gestión de las extorsiones. Según la agencia ANSA, la familia Franzese fue trasladada a una localidad secreta para ser puesta bajo protección. El "traidor" habría comenzado a colaborar con la Justicia a cambio de una reducción de la pena.
La noticia de la captura del sucesor de Provenzano llegó en un día muy especial, cuando en Palermo se celebraba la Jornada de la Memoria para recordar a todas las víctimas de la mafia.
Cuando el heredero de "Binnu" llegó esposado a la sede de la policía, rodeado de agentes con pasamontañas, hubo gritos y escenas de júbilo, al igual que cuando cayeron Provenzano y su predecesor al frente de la Cosa Nostra, Salvatore Riina ("Totò").
"Se trata de un resultado extraordinario porque demuestra que se puede golpear la cúspide de la Cosa Nostra", dijo el ministro del Interior, Giuliano Amato. "Ninguna organización puede sobrevivir sin sus líderes, y no le daremos tregua a la mafia para reorganizarse", agregó el ministro, que dijo que "a partir de hoy la economía siciliana puede sentirse más libre".
"La mafia sufrió un golpe mortal", declaró por su parte el presidente de la región Sicilia, Salvatore Cuffaro, que a su vez está siendo indagado por la Justicia por asociación mafiosa.
Más allá de las declaraciones triunfalistas, muchos analistas advirtieron ayer que resulta prácticamente imposible descabezar a la mafia, una organización enraizada como ninguna en Italia, con ramificaciones y tentáculos en todos los estamentos de la sociedad.
Basta recordar que hace unas semanas un estudio de Confesercenti, la asociación de comerciantes italianos, reveló que la mafia es la mayor empresa de Italia y factura nada menos que 90.000 millones de euros al año, equivalentes al 7% del producto bruto interno del país.
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