Clinton pasó la prueba del video
El mandatario norteamericano pareció tenso y a veces vacilante, pero los mercados interpretaron que pasó la prueba
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WASHINGTON.- Fue como si la comunidad internacional hubiera querido enviarle un mensaje al Congreso de los Estados Unidos: los delegados que asistieron a la inauguración de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UN) aplaudían de pie a Bill Clinton mientras, en otros canales, el video de su declaración del 17 de agosto ante al fiscal Kenneth Starr y el Gran Jurado alimentaba la hoguera del escándalo con Monica Lewinsky.
Dos caras, un hombre. La ovación en la UN duró un minuto, y asesores del presidente dijeron que Clinton se sintió conmovido por la recepción. Por el otro lado, su defensa ante los cargos en contra de él. Reacciones encontradas en un día histórico en el cual, por decisión de la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes, se hicieron públicos el testimonio bajo juramento del presidente -4 horas y 14 minutos reproducidas en forma íntegra por las cadenas de noticias- y las 3183 páginas que acompañaron el informe de Starr, algunas de ellas reveladoras. A todo esto, Wall Street, que arrancó en baja al comenzar la difusión del testimonio, luego se recuperó.
En un escenario, la UN, Clinton abogó en vivo y en directo por la paz mundial y la lucha contra el terrorismo. En el otro, el Salón de los Mapas de la Casa Blanca, arrepentido, procuró dejar en claro, en diferido, que no conminó a mentir a Lewinsky, contrapunto con el informe de Starr, y que no cometió perjurio, ni obstruyó las investigaciones, ni sobornó a testigos, ni abusó del poder, cargos que podrían derivar en su juicio político y posterior destitución.
Tono firme en uno, tensión y algo de vacilación en el otro, donde a veces parece recordar, y en otras dice que no recuerda. A la ofensiva en uno, a la defensiva en el otro. No es lo mismo proponer un frente común contra el terrorismo que redondear un nuevo concepto sobre el sexo que excluye, como pretende Clinton, el sexo oral.
Contradicciones
Sobre ese eje, una discusión surrealista, giraron casi todos los segmentos, siete en total, de la declaración de Clinton, con la salvedad impresa por los canales de que los chicos se mantuvieran alejados de la pantalla. No porque la fiscalía fuera propensa a los chistes verdes, sino porque el testimonio de Clinton contradecía la declaración que brindó el 17 de enero ante los abogados de Paula Jones. De ahí, y de su negación en mi sostenido de haber tenido una relación impropia o sexo a secas con Lewinsky, surgió el debate de un tema que, en realidad, debía ser secundario, no el principal.
El caso Jones, archivado por falta de evidencias por la jueza Susan Webber Wright, tuvo vinculación con el escándalo Lewinsky debido a los cassettes que grabó su amiga Linda Tripp, promotora, según se supo ayer, de que guardara sin lavar el vestido en el que quedaron huellas de uno de sus encuentros con Clinton. Los abogados de la ex empleada pública de Arkansas, presunta víctima de una proposición indecorosa del entonces gobernador, quisieron demostrar que el sexo, o como quiera llamarlo él, es su patrón de conducta.
"Cuando estuve a solas con la señorita Lewinsky, a principios de 1996 y una vez a principios de 1997, tuve una conducta impropia _dice Clinton en su testimonio, leyendo al comienzo una deposición que había preparado para la ocasión_. En esos encuentros no hubo coito ni relaciones sexuales, según entendí la definición de este término en mi declaración jurada del 17 de enero de 1998. Pero sí hubo un contacto íntimo de carácter inapropiado."
Clinton, aferrado a un tecnicismo legal avalado por la jueza Wright, insiste en que no hubo sexo en las reuniones que mantuvo con Lewinsky en la Oficina Oval y en sus alrededores, aunque admita sin dar detalles que hubo un contacto físico inapropiado.
"Esos encuentros llegaron a su fin, por insistencia mía, a principios de 1997 _agrega_. Ocasionalmente, también mantuve charlas telefónicas con la señorita Lewinsky que incluyeron comentarios sexuales de naturaleza inapropiada. Lamento que lo que empezó como una amistad terminara por incluir esa conducta y asumo la responsabilidad total por mis acciones."
Clinton se siente perseguido. Tanto por los abogados de Jones como por Starr. Y dice que, con el afán de tenderle una trampa, comenzaron a hurgar en su vida privada mientras otra mujer, Kathleen Willey, denunciaba haber sido blanco de sus arrebatos, y otra más, Gennifer Flowers, la primera en denunciarlo en 1991, sacaba a relucir una relación que duró los 12 años que gobernó Arkansas.
"Aunque le proporcionaré al jurado investigador cuanta información me sea posible, por cuestiones de privacidad que afectan a mi familia, a mí mismo y a otras personas, y en un esfuerzo por mantener la dignidad de la oficina que ocupo, esto es todo lo que diré sobre puntos específicos en relación con estos temas", se ataja en el video.
Video que la oposición republicana quiso poner en el aire para que la gente, aún fiel a Clinton, saque sus propias conclusiones y, quid de la cuestión, apruebe el juicio político en las encuestas. Y que los demócratas (no todos, por cierto) vieron como una humillación en la cadena que empezó, o se amplió hasta el infinito, con el informe de Starr. "No fue más que para sacar rédito en las elecciones de noviembre", sostienen.
Ni peor ni mejor
En principio, según las reacciones iniciales que cosechó la difusión del video, Clinton no quedó peor ni mejor parado, sino igual. Aunque, según sus palabras, sea difícil definir el área más misteriosa de la naturaleza humana. No fue prepotente ni arrogante, sino ambiguo en sus respuestas.
Y, punto importante, no criticó en ningún momento a Lewinsky: "Me parte el corazón que esté involucrada en todo esto _afirma_. Ella es una mujer joven y buena, con un buen corazón y una mente ágil. Creo que lleva la carga de algunas condiciones desafortunadas de su formación. Pero es básicamente una buena chica".
Su error, según declaró ella misma, fue haberse enamorado de él y pensar que, al final de su mandato, vivirían juntos. Pero la desilusión llegó el 17 de agosto, cuando Clinton, después de declarar ante Starr y el Gran Jurado, habló por televisión: "Me dolió mucho verlo -confesó Lewinsky. Es difícil para mí sentir que él ha caracterizado esta relación como un contrato de servicios. Nunca creí que fuera así".
En el video, Clinton también sale en defensa de Vernon Jordan, el abogado y amigo de él que buscó empleo para ella en una firma de relaciones públicas de Nueva York, negando en todo momento que hubiera intentado comprar el silencio de Lewinsky.
Qué dijo el presidente
WASHINGTON.- Algunas de las frases del testimonio grabado:
- "Nunca hablé con nadie de esto, e hice lo que la gente hace cuando hace algo que no debería hacer. Traté de hacerlo donde nadie me veía."
- "El expediente (del caso Paula Jones) no reflejaba fielmente los hechos. Lo que hicieron fue encontrar todas las indicaciones negativas sobre mí que pudieron, que fueran ciertas o no, juntarlas en una declaración y organizar filtraciones (...). El objetivo real era molestarme, dañarme políticamente."
- "¿Quería que esta relación (con Monica Lewinsky) fuera revelada? No. ¿Me sentía avergonzado? Sí. ¿Le pedía que mintiera? No (...). Yo tenía la determinación de atravesar el campo minado de esta declaración sin violar la ley y creo haberlo logrado."
- A ciertas preguntas de los fiscales, dijo: "No voy a responder a sus preguntas tramposas". "Creo que podrían hacer su trabajo sin pedirme que haga o diga cosas que creo innecesarias y que pienso francamente que van demasiado lejos, intentando criminalizar mi vida privada."
- Uno de los puntos más escabrosos y vergonzantes del video fue cuando le preguntaron si alguna vez había introducido un cigarro en la vagina de Monica Lewinsky. Clinton no pudo ocultar su sorpresa ante la pregunta : quedó estupefacto y calló mientras enrojecía. Luego, tratando de contener su enojo, murmuró: "¿Y esto qué tiene que ver?".




