
Cómo Milei se volvió protagonista de las elecciones de Brasil: de los insultos a Lula a su amistad con Flavio Bolsonaro
El presidente argentino es exhibido como un modelo a seguir para el candidato opositor, mientras que el presidente lo muestra como un ejemplo de lo que no hay que hacer; el futuro del vínculo bilateral, en su peor momento, dependerá del resultado
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BRASILIA.– Javier Milei no figura en ninguna boleta, pero a dos días de la primera vuelta presidencial en Brasil pocos nombres se han escuchado tanto en la campaña como el del presidente argentino.
La semana pasada, tras su paso por la Asamblea General de la ONU, Milei dijo en Nueva York que espera que Brasil rompa con el “curso socialista decadente” de los últimos tiempos y vuelva a “abrazar las ideas de la libertad”. Agregó que solo su amigo el senador Flavio Bolsonaro puede frenar a Luiz Inácio Lula da Silva, quien buscará su cuarto mandato como presidente de Brasil.
La respuesta llegó ese mismo día. “No, gracias, Milei. Nadie quiere comer carne de burro por aquí”, escribió en X Guilherme Boulos, ministro jefe de la Secretaría General de la presidencia, quien llamó al mandatario argentino “una vergüenza para América Latina y para el valiente pueblo argentino”.
El cruce resume el lugar que ocupa Milei en la elección del domingo: un espejo en el que se miran las dos fuerzas que polarizan Brasil. Para la campaña de Flavio, especialmente en el área económica, es el modelo a seguir. Para el oficialismo, en cambio, el ejemplo de lo que no hay que hacer. Y, más allá de la retórica, el resultado del 4 de octubre –o del probable balotaje del 25– marcará el rumbo de una relación bilateral que atraviesa su momento más bajo desde el regreso de la democracia en ambos países.
En la campaña de Flavio, la referencia a Milei no es sólo un guiño. El 14 de septiembre, en un evento organizado por el think tank Esfera Brasil en San Pablo, Daniella Marques, expresidenta de la Caixa Económica Federal y coordinadora del plan económico del senador, dijo que la propuesta “se inspira” en lo hecho por el gobierno argentino.
“Milei es un excelente ejemplo en términos de volver a tener capacidad de inversión y reducción de la burocracia e impuestos”, dijo Marques.
La economista, señalada como favorita para conducir la economía en un eventual gobierno de Bolsonaro, contó que el equipo ya mapeó más de mil normas que pretende derogar. El programa promete un “tesouraço” (tijeretazo): recorte de gastos, eliminación de diez ministerios y un techo para la deuda. La imagen ya estaba en la convención del 25 de julio en San Pablo, cuando con Milei a su lado Flavio levantó una tijera gigante, versión local de la motosierra.
El entusiasmo tiene límites. Marques garantizó que no se tocarán programas sociales como Bolsa Famíiia y que un gobierno de Flavio Bolsonaro buscará diálogo “con todas las naciones”, incluida China. A fines de junio, en la Argentina, el propio senador había prometido que con él Brasil “volverá a ser hermano de la Argentina”, y contrapuso a un Milei que “ponía orden en la casa” con un Lula que “desordenaba la nuestra”.
Advertencia
Del lado de Lula, la Argentina funciona como una suerte de advertencia o contraejemplo. Tras las declaraciones de Marques, el PT reaccionó en redes con la consigna de que se había “filtrado” el plan económico de Flavio y con alusiones a la “carne de burro”, la misma imagen que después retomó Boulos. La estrategia apunta a las clases trabajadoras, mostrando los costos sociales del ajuste argentino como anticipo de lo que traería un triunfo bolsonarista en Brasil.
El presidente de Brasil enlaza ese contraste con su principal bandera de campaña, la reducción de la jornada laboral, con el fin de la escala 6x1 –seis días de trabajo y uno de descanso–. Lula llegó a decir que Brasil no soportaría una jornada de 12 horas “como se aprobó en la Argentina”. La reforma laboral de Milei, en rigor, permite convenios con jornadas de hasta 12 horas, compensadas con un banco de horas. En la recta final, el oficialismo asocia la reducción de la jornada a más tiempo para la familia, en un guiño al electorado femenino.
La presencia de Milei en la campaña brasileña no fue sólo discursiva. El 25 de julio, en el acto que lanzó la candidatura de Flavio, el presidente argentino llamó a Lula “ladrón” y “presidiario” y al juez Alexandre de Moraes, “basura calva”. Al día siguiente acusó, sin pruebas, al gobierno brasileño de haber financiado un cuarto de una “campaña antiargentina” en redes.
Brasil respondió con una medida sin precedente. Llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, y el 4 de agosto rebajó el vínculo al nivel de encargados de negocios. El embajador argentino, Daniel Raimondi, dejó Brasilia días después. Ninguno de los dos embajadores perdió sus credenciales, lo que permitiría un regreso rápido si la relación se recompone.
Pero dos meses después, nada se movió. “Estamos evaluando permanentemente. La embajada en Buenos Aires sigue funcionando”, aseguró a LA NACION una fuente diplomática brasileña. ¿Hay fecha para el regreso del embajador a Buenos Aires? “Nada todavía”. Ante el deseo de que el ciclo electoral transcurra en calma, sin sobresaltos ni interferencias, la reacción fue casi una súplica.
La tregua en los insultos duró poco. En una entrevista con la revista francesa Le Point, difundida esta semana, Milei volvió a llamar “ladrón” a Lula, sostuvo que salió de prisión gracias a un “juez cómplice” y lo acusó de haberle armado “golpes sucios” en la campaña de 2023. Sin presentar pruebas, dijo que Lula envió especialistas en comunicación y psicólogos a Buenos Aires. También repitió su deseo de que su “amigo” Flavio gane el domingo para hacer “las reformas liberales necesarias”.
Boulos volvió a responder este viernes, esta vez en español y con una frase célebre. “Milei, ¿por qué no te callas?”, escribió en X, en alusión al reproche del rey Juan Carlos de España a Hugo Chávez en la Cumbre Iberoamericana de 2007.
Milei, ¿por qué no te callas? pic.twitter.com/sax8dNx9Km
— Guilherme Boulos (@GuilhermeBoulos) October 2, 2026
Dos escenarios
Según fuentes diplomáticas, Brasil tiene interés en recomponer la relación y volver a enviar a su embajador a Buenos Aires, pero se mueve con cautela. Una reelección de Lula consolidaría un distanciamiento ideológico e institucional. Brasilia condiciona la normalización al cese de los ataques por parte de Milei, que buscará su propia reelección en 2027 y con quien el mandatario de Brasil tendría por delante más de un año de convivencia con un Ejecutivo al que convirtió en su adversario.
Del lado argentino, en cambio, temen escenarios más extremos. Por ejemplo, que la Casa Rosada no reconozca rápidamente un eventual apretado triunfo de Lula, escenario probable según los sondeos. “Ahí directamente tenemos que cerrar la embajada en Brasilia”, admitió a LA NACION una fuente oficial.
Una victoria de Bolsonaro impondría, en cambio, un alineamiento político evidente con Milei y una sintonía directa con la agenda de Donald Trump en la región. Lo que resulta una incógnita es qué pasaría con la flexibilización del Mercosur y con la integración económica regional. La promesa de Marques de “preservar los compromisos estratégicos en la región” no despeja esas dudas.

La sintonía ideológica, sin embargo, no garantiza que Milei salga ganando. En el búnker del Partido Liberal (PL) de Bolsonaro circula una lectura menos obvia. Con Flavio en el Planalto, Brasil, por su peso económico y territorial, pasaría a ser el interlocutor natural de Washington en América del Sur, lugar que hoy ocupa Buenos Aires.
Una pista de cómo leería el bolsonarismo la crisis aparece en un artículo publicado el 1° de septiembre en Gazeta do Povo por Eduardo Bolsonaro, sondeado como potencial canciller de una administración de Flavio.
El texto acusa a la diplomacia de Lula de leer el mundo con lentes ideológicos y electorales. Sobre la Argentina, sostiene que la hostilidad personal e ideológica de Lula hacia Milei “convirtió la relación bilateral más importante de América del Sur en un intercambio de insultos”, mientras Buenos Aires se acercaba a Washington. El artículo, sin embargo, no menciona que la escalada comenzó con los insultos de Milei.
Por debajo de la pelea política sigue una relación económica de peso: Brasil es el principal socio comercial de la Argentina, con un intercambio de unos US$31.000 millones en 2025. En ambos gobiernos coinciden en que nada se moverá antes de conocer al próximo presidente de Brasil. Hasta entonces, en Brasilia y en Buenos Aires, la consigna es esperar.
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