De la cautela de EE.UU. a una ofensiva sin aliados

Eric Schmitt
Adam Nossiter
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15 de enero de 2013  

BAMAKO.-Aviones caza franceses atacaron en las últimas horas los bastiones islamistas en el norte de Mali, dando por terminados los meses de dudas de la comunidad internacional sobre la posibilidad de una acción militar en la región, después de que fallaran todos los esfuerzos de Estados Unidos y de sus aliados por desbaratar a los extremistas.

Durante años, Washington intentó contener la expansión de las milicias islámicas en la región a través del programa antiterrorista más ambicioso de su historia. Pero al año pasado, mientras los insurgentes avanzaban por el desierto, los comandantes de las unidades militares de elite de Mali -fruto de años de entrenamiento norteamericano- desertaron cuando más se los necesitaba y se llevaron sus tropas, sus armas y sus nuevos conocimientos a las filas enemigas, en medio del fragor de la batalla.

Después, un oficial militar entrenado por los norteamericanos derrocó al gobierno electo de Mali, preparando el escenario para que la mitad del país cayera en manos de los extremistas islámicos.

Ahora, a pesar de las repetidas advertencias de Estados Unidos de que una incursión armada de Occidente sobre los bastiones islamistas podría conjurar a los jihadistas de todo el mundo y desencadenar ataques terroristas en lugares tan lejanos como Europa, los franceses han ido a la guerra por su cuenta.

Algunos funcionarios del Departamento de Defensa norteamericano alentaron una campaña para asesinar a los líderes operativos de dos de los grupos extremistas que dominan el norte de Mali, Ansar Dine y Al-Qaeda en el Magreb Islámico. Matar a los líderes, aseguran, podría hacer que esos grupos hagan implosión.

Pero con su atención tan abocada a otros conflictos, el gobierno de Obama rechazó esas ideas a favor de una estrategia más cauta: ayudar a los países africanos a repeler y contener por sí mismos esa amenaza.

Durante los últimos cuatro años, Estados Unidos gastó entre 520 y 600 millones de dólares en un ingente esfuerzo por combatir a las milicias islámicas de la región sin entrar en una guerra del tipo de las que ya tiene en Medio Oriente. El programa abarcaba desde Marruecos hasta Nigeria, y los funcionarios norteamericanos presentaban a los militares malienses como un aliado ejemplar. Las fuerzas especiales estadounidenses entrenaron a las tropas de Mali en diversas tácticas antiterroristas.

Pero toda esa planificación colapsó de inmediato cuando combatientes islámicos fuertemente armados regresaron de combatir en Libia. Esos hombres se aliaron con jihadistas como Ansar Dine, organizaron a las fuerzas pobremente equipadas del ejército de Mali y las desmoralizaron tanto que se desencadenó un motín contra el gobierno en Bamako.

Las mismas unidades entrenadas por Estados Unidos que hasta entonces eran consideradas la gran esperanza capaz de repeler la avanzada fueron precisamente las que terminaron siendo el eje de la derrota del ejército del país.

Traducción de Jaime Arrambide

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