
El caso Gelman, un doble símbolo
El hallazgo de su nieta alienta a familiares de desaparecidos argentinos y uruguayos
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MONTEVIDEO.- Del poeta argentino Juan Gelman dice el escritor uruguayo Eduardo Galeano: "Se ha convertido en un doble símbolo de otros que en el Uruguay o en la Argentina buscan a sus seres queridos y se abren paso en la neblina de la impunidad, pero además símbolo de todos los que creemos que en este mundo la belleza es posible".
Tan posible como llegar al último escalón de una cuesta empinada, quizás el más difícil: encontrarse, después de 24 años de búsqueda incesante, con la nieta de la que hasta hace poco no sabía, en verdad, si era mujer o varón. O, acaso, encontrarse consigo mismo.
Nacida ella, la nieta, en cautiverio durante la dictadura militar, y criada por una familia uruguaya con la cual el amor es recíproco.
¿Qué le habrá dicho cuando se vieron? Tal vez aquello que Gelman escribió alguna vez: "Los dos somos huérfanos de él". De Marcelo, su hijo, secuestrado el 24 de agosto de 1976 en Buenos Aires con su mujer, María Claudia Irureta Goyena, embarazada de siete meses. Los llevaron al centro clandestino Automotores Orletti, en el barrio de Floresta. A ella, después, la trajeron en forma clandestina a Montevideo. Dio a luz a la niña en el Hospital Militar, y ya. Desapareció después de haber desaparecido. Definitivamente esa vez.
"Hablé con él por teléfono -comentó ayer a La Nación la señora Sara Méndez, una madre que busca a su hijo, también de 24 años, y que a su vez ayudó a Gelman en su cruzada-. Me olvidé de preguntarle si era parecida al padre, a la madre, a él, no sé. Por ahí no se parece a ninguno. Habrá vivido un momento muy especial."
Gelman, dueño del silencio que se impuso desde que prometió respetar la intimidad y la privacidad de su nieta, no deja de tener los ojos llorosos, rojizos de la emoción. Con ellos enfrentó los flashes en cuanto el presidente Jorge Batlle le confirmó sus presunciones. Presunciones que abrigaba desde que un emisario le transmitió, en la campaña electoral reciente, que la búsqueda podía llegar a un desenlace feliz.
Cara y ceca con la actitud esquiva del ex presidente Julio María Sanguinetti, renuente hasta hace apenas un mes, cuando dejó el poder, a tomar cartas en el asunto. Es más: llegó a afirmar en una rueda de prensa, el 23 de marzo, en México, donde reside Gelman, que no había evidencias sobre su nieta y que no había nacido en el Uruguay.
Broche de una carta dirigida a Gelman, el 6 de noviembre pasado, que decía: "Estamos hablando de hechos ocurridos hace 24 años. Quienes eventualmente podrían brindar algún dato fidedigno son personas que en su inmensa mayoría ya no están sometidas a jerarquía militar ni a la autoridad del Estado uruguayo. Y que en muchos casos murieron o son ancianos".
Sanguinetti, a juzgar por sus respuestas, se mostró molesto por la oportunidad en que Gelman profundizó la búsqueda: "El resultado ha sido que, en plena campaña electoral, usted alimentó hasta el cansancio un esfuerzo para presentarme como indiferente o insensible a reclamos humanitarios".
Otros casos
Batlle, su sucesor, con un mes escaso en el cargo, se ha convertido en el primer presidente latinoamericano que brinda información sobre el hallazgo de un desaparecido durante la dictadura. Que en el Uruguay campeó entre 1973 y 1985. Y, al parecer, piensa continuar: "Me quedan aún 23 casos por resolver", subrayó.
La cifra contrasta con la que maneja la agrupación Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos Uruguayos (Fedefam-Uruguay), de 30 o más, pero como señaló a La Nación uno de sus miembros, el abogado Javier Miranda, no deja de ser auspicioso que el presidente de la república se comprometa a esclarecerlos. "Lo de Gelman fue un golazo", redondeó.
El tiempo terminó dándole la razón a Gelman y terminó confirmando, asimismo, que nada habría obtenido sin voluntad política. Mérito propio, por haber aportado los datos que pudo reunir y por haber respetado la intimidad de su nieta, con la solidaridad de figuras que insistieron con cartas remitidas a Sanguinetti.
Como Galeano, Mario Benedetti, Elsa Parón, la primera Abuela de Plaza de Mayo que halló a su nieta; José Saramago, premio Nobel de Literatura ("De hombre a hombre, ayúdese a sí mismo y ayude a la democracia", indicó); Darío Fo, otro Nobel; Rigoberta Menchú y Adolfo Pérez Esquivel, dos más; los cantantes Daniel Viglietti y Chico Buarque, y Eric Hobsbawn, historiador británico, entre otros. Hasta Fito Páez se atrevió a escribirle: "Déjese de joder, presidente".
Trece años después del secuestro, el 6 de enero de 1989, Gelman asistió al velatorio de los restos de su hijo, asesinado a sangre fría con un disparo que dio cerca de la nuca, y arrojado al Río de la Plata en un tambor de hormigón. Fue el único periodista, de los 93 desaparecidos en la Argentina, del cual se halló el cuerpo.
En 1978, una carta escueta, remitida por un sacerdote del Vaticano, le decía a Gelman que un niño había nacido. Estaba escrita en inglés: "child" podía significar nena o nene. Sólo le queda ahora, según dijo, localizar los restos de su nuera. Su nieta está dispuesta a someterse a los exámenes de ADN, de modo de corroborar los lazos de sangre de los cuales los dos, al parecer, no tienen dudas. Nada más apropiado que el título de tapa, de ayer, del diario La República: "Todo es posible". Contrapunto con Sanguinetti; coincidencia con Galeano.



