El informante denunció que Trump fue encubierto y le sumó presión en la trama

El director nacional interino de Inteligencia, Joseph Maguire, ayer, en el Congreso
El director nacional interino de Inteligencia, Joseph Maguire, ayer, en el Congreso Crédito: AFP
En un escrito, sostuvo que el presidente abusó de su poder para que el líder ucraniano influyera en las elecciones de 2020 y que la Casa Blanca trató de "bloquear" la información
Rafael Mathus Ruiz
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27 de septiembre de 2019  

WASHINGTON.- La Casa Blanca buscó encubrir los detalles de la conversación telefónica en la cual el presidente norteamericano, Donald Trump, le pidió a su par ucraniano, Volodimir Zelenski, que investigara supuestos actos de corrupción de Joe Biden, uno de sus principales rivales políticos y potencial contrincante en las elecciones de 2020. Así lo denuncia el "topo" que desató el mayor escándalo que enfrentó el presidente republicano desde que llegó al poder.

En la denuncia, un documento de nueve páginas datado el pasado 12 de agosto, el informante relata su "profunda preocupación" por lo que, a su juicio, constituye un claro abuso de poder por parte de Trump, según la información recolectada de "múltiples funcionarios del gobierno", quienes coinciden en señalar que el magnate utilizó la autoridad de la presidencia para "solicitar interferencia de un país extranjero en la elección de 2020".

"Esta interferencia incluye, entre otras cosas, presionar a un país extranjero para que investigue a uno de los principales rivales domésticos del presidente", indicó el informante.

En el centro de la denuncia aparece la conversación de Trump y Zelenski por teléfono durante media hora en la mañana del 25 de julio. En esa charla, el líder ucraniano le agradece a Trump el envío de fondos para defensa, y el republicano le pide un "favor": que investigue, primero, el papel de Ucrania en el escándalo del Rusiagate, que acosó a su presidencia durante tres años; después, Trump le solicita a Zelenski que mueva una investigación sobre un supuesto hecho de corrupción -que nunca fue verificado- que involucra a Joe Biden y a su hijo, Hunter Biden.

Bajo presión, y antes de que se conociera la denuncia del "topo", la Casa Blanca difundió anteayer un memorándum con un resumen de la conversación, cuyo contenido corrobora el de la denuncia.

El dato más explosivo y novedoso que ofreció el "topo" -que, según The New York Times , es un agente de la CIA que trabajó en la Casa Blanca y tiene un conocimiento profundo de la política ucraniana- es que altos funcionarios de la Casa Blanca intervinieron para "'bloquear' todos los registros de la llamada telefónica, especialmente la transcripción palabra por palabra de la llamada que fue producida, como es habitual, por la Sala de Situación de la Casa Blanca".

Funcionarios del gobierno de Trump indicaron, siempre según el relato del informante, que abogados de la Casa Blanca les ordenaron "remover la transcripción electrónica del sistema informático en el cual están guardados" y cargarlo en un sistema aparte, reservado para la información clasificada de "naturaleza especialmente sensible".

"Un funcionario de la Casa Blanca describió este acto como un abuso de este sistema electrónico porque la llamada no contenía nada remotamente sensible desde la perspectiva de la seguridad nacional", indicó el denunciante.

La denuncia del "topo", que se basó en una reconstrucción a partir de los testimonios de más de seis fuentes que ofrecieron relatos "consistentes", sacudió al tablero político de Washington le dio oxígeno a los demócratas que presionan para avanzar con un juicio político contra el presidente. Además, puso a la defensiva a la Casa Blanca, que, fiel al estilo que imprimió Trump, redobló los ataques contra la oposición, denunció una "caza de brujas" y defendió con uñas y dientes cada una de las acciones del mandatario.

"¿Un denunciante con información de segunda mano? ¡Otra historia de noticias falsas! Vean lo que se dijo en la llamada, sin presiones, muy agradable. ¡Otra caza de brujas!", disparó Trump, ayer, en Twitter.

Luego, al llegar a la base aérea Andrews desde Nueva York, Trump volvió a atacar a los demócratas, y defendió su presidencia y la llamada en una breve declaración a la prensa.

"Es una desgracia para nuestro país. Es otra caza de brujas. Aquí vamos de nuevo", se quejó. "Es algo terrible para nuestro país. No pueden hacer ningún trabajo. Están congelados, los demócratas. Van a perder las elecciones. Lo saben. Por eso lo están haciendo. Y nunca debe permitirse lo que le pasó a este presidente", continuó. "Fue una llamada perfecta", definió.

Vértigo

En Washington, el escándalo cobró un inusitado vértigo con los detalles de la denuncia, que profundizó los enfrentamientos políticos que han consumido a Estados Unidos en una era donde la grieta que divide a demócratas y republicanos parece más ancha que nunca.

La oposición declaró que el testimonio del "topo" ofrece una "hoja de ruta" para investigar al presidente, mientras que el oficialismo ninguneó la ofensiva de los demócratas, y se abroqueló detrás de Trump.

La denuncia fue difundida antes de que el director nacional interino de Inteligencia, Joseph Maguire, testificara ante el comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, que dirige el demócrata Adam Schiff. Maguire recibió originalmente la denuncia del "topo".

"Creo que todo lo que hay acá en este asunto no tiene precedente", dijo Maguire en su testimonio.

Schiff, uno de los legisladores demócratas más poderosos del Congreso, dijo que la denuncia del "topo" era la "forma más consecuente de la tragedia" porque forzaba al Congreso a avanzar con un impeachment contra Trump como un remedio a lo que catalogó como un "flagrante abuso de poder". La denuncia, dijo luego Schiff, ofrecía una "hoja de ruta" para una investigación.

Kevin McCarthy, el congresista republicano de mayor rango, dijo que Schiff "está inventando las cosas sobre la marcha" y lo acusó de poner al país en una "pesadilla".

Con todo, y aun cuando el juicio político contra Trump sea aprobado por los demócratas en la Cámara baja, las probabilidades de que el presidente sea culpado y destituido en el Senado son muy bajas porque esa decisión requiere el respaldo de, por lo menos, dos tercios de la Cámara alta, hoy, bajo el control de los republicanos.

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