El mundo mira al Papa: asombro y elogios por el nuevo estilo en el Vaticano

El viaje de Francisco a Brasil, plagado de gestos fuertes, consolidó la idea de que su proyecto reformista de la curia avanza a paso firme y que con su carisma puede devolverle a la Iglesia el dinamismo que parecía perder; la prensa y los intelectuales destacaron su mensaje
Martín Rodríguez Yebra
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4 de agosto de 2013  

MADRID.- Sus gestos encajaron con las palabras y las imágenes. Durante la semana que Jorge Bergoglio pasó en Brasil, en el primer viaje internacional desde que es el papa Francisco, convenció al mundo de que el proyecto reformista de la Iglesia Católica que insinuó desde su entronización no tiene vuelta atrás.

No será una revolución, pero se le parece bastante: un papa que critica el hermetismo y la distancia de los obispos con su gente, que predica la austeridad y se mezcla con los fieles que se congregan a verlo sin miedo por su seguridad personal, que defiende el Estado laico abierto a todas las religiones, que da una conferencia de prensa a bordo de un avión, en la que se pregunta quién es él para juzgar a alguien por ser homosexual.

Cada episodio de su experiencia brasileña cosechó infinidad de titulares y reflexiones en los cinco continentes. Si hace cuatro meses lo eligieron para devolverle el dinamismo a la Iglesia y conseguir que cuando se hable del Vaticano no sea para relatar escándalos, en Brasil -rodeado de millones de fieles-, Francisco probó que está dispuesto a tomarse en serio su trabajo.

"Gracias a Francisco, la doctrina social de la Iglesia parece haberse puesto, por fin, en sintonía con la naturaleza profunda de la crisis económica -resumió el filósofo católico francés Jean-Luc Marion-. Lo importante es su personalidad. Estamos ante un jesuita a quien el tema de la pobreza le parece central, llegando incluso a la reforma del modo de gobierno de la Iglesia."

En toda Europa se siguió de cerca el estreno de Francisco fuera del Vaticano. Existe cierta coincidencia en que no impulsará giros dramáticos en la doctrina de la Iglesia: lo que cambió es qué significa ser papa en una era marcada por el goteo constante de fieles católicos a otras religiones o directamente al ateísmo.

"Apertura, modestia, cambio: Francisco lanzó una revolución en el Vaticano, al tiempo que intenta limpiar la Iglesia Católica y mejorar su imagen", tituló el semanario alemán Der Spiegel. El diario inglés Financial Times destacó "las nuevas prioridades" que transmite el "estilo modesto" del papa argentino: "Saber qué zapatos usa el Papa puede parecer trivial. Excepto que en política está lleno de casos en los que detalles como ésos son percibidos como el reflejo de verdades profundas sobre sus líderes".

En España, el impacto del mensaje papal en Río de Janeiro acaparó portadas de diarios incluso en medio del dolor colectivo por la tragedia ferroviaria de Galicia. Sumó elogios en los editoriales, de izquierda a derecha. Desde el "papado innovador", que celebró El País, hasta el augurio de una "transformación de la Iglesia por la vía de la acción", resaltado por El Mundo. "El viaje a Brasil trasciende sus límites geográficos. El Papa lanzó a todo el mundo una teología de la inclusión", indicó el experto en derecho canónico Rafael Navarro Valls.

En Estados Unidos, la visita a Brasil despertó orgullo y entusiasmo en la comunidad hispana, que lo llama "el papa Pancho" y lo ve como hombre capaz de sacudir la modorra de la Iglesia. En otro extremo, esa alegría contrasta con el desencanto de quienes esperan que asuma cambios de doctrina de un día para otro.

En un primer momento, las grandes cadenas de televisión, principal medio informativo del país, le dieron mínima cobertura. Sólo al final de la gira, y descolocadas por el baño de multitudes, corrigieron la mira. El influyente The Washington Post quedó fascinado con el "liderazgo desde la humildad" de Francisco y destacó la frase que tal vez más repercusión mundial obtuvo, pronunciada en el avión de regreso: "Si una persona es gay, ¿quién soy yo para juzgarlo?".

John Allen, columnista del National Catholic Reporter, enfatizó: "Luego de esta primera salida al exterior queda claro que tiene un carisma distinto del de Juan Pablo II, más sereno, pero muy atractivo, y con gran capacidad de conexión". Destacó la capacidad de Francisco para "imponer un mensaje" y controlarlo, su cintura política y un enorme dinamismo para un hombre de 76 años.

Brasil pudo comprobarlo en los ocho días que lo tuvo en su tierra. El impacto interno de la movilización de millones de jóvenes todavía se siente, en un país golpeado por la protesta social. Francisco dio señales de apoyo a esa rebeldía que exige transparencia y un punto final a la corrupción, en un mensaje que apuntó tal vez a toda la región. Al menos, eso se interpretó con su llamado a que los jóvenes argentinos salgan a "hacer lío".

Expectativa

América latina siguió cada detalle del mensaje de "su" papa. En Chile, por ejemplo, se habla de una "revolución eclesial" desencadenada por Francisco y que puede advertirse en parroquias e iglesias llenas cada domingo. El sacerdote jesuita Antonio Delfau, director de la revista Mensaje, opinó: "Él es una gran bocanada de aire fresco".

La expectativa de un cambio en la Iglesia alentó esperanzas tanto en Israel como en el mundo árabe. Itzjak Minerbi, experto de la Universidad Hebrea de Jerusalén en relaciones judeocristianas, destacó que "el tono general que se capta en Israel respecto del Papa es claramente positivo". En los convulsionados países musulmanes, Francisco tiene crédito abierto. Se lo valorará, sobre todo, por su tolerancia religiosa, lejana a la islamofobia que padecen algunos sectores de las sociedades occidentales. Lo demostró en su visita a la isla de Lampedusa, más cercana a África que a la península itálica, en donde saludó afectuosamente a los inmigrantes musulmanes.

A China, los movimientos del Papa llegan con cuentagotas. La razón es simple: no es del interés de China difundir noticias de un Estado, el Vaticano, que aún reconoce a Taiwan y desafía al Partido Comunista. No obstante, las congregaciones católicas esperan que ahora se abran nuevas puertas. Meixiu Wang, investigadora de la Academia de Ciencias Sociales china, señaló: "Desde su asunción, el Vaticano afirmó su deseo de diálogo y felicitó a Xi Jinping por su ascenso al poder. China también expresó su buena voluntad. Pero si se quieren mejorar de verdad las relaciones, se tienen que tomar acciones reales".

El escepticismo por los alcances del "efecto Francisco" se filtra también en analistas europeos de los extremos ideológicos. "¿Acaso [el Papa] es favorable a las evoluciones tan esperadas en Europa desde el punto de vista doctrinario y ético? Sobre los grandes temas como la sexualidad, el comienzo y el fin de la vida, la sexualidad de los sacerdotes y el sitio de la mujer en la Iglesia, Bergoglio es un conservador y nada permite pensar que dejará de serlo", afirma el vaticanólogo belga Raphael Jacquerye.

El semanario italiano de izquierda L'Espresso se preguntó este mes si el Papa podrá lograr su cometido de limpiar la curia: fue el medio que reveló en julio el primer traspié de Francisco desde que llegó a la Santa Sede, cuando nombró en el Banco del Vaticano a monseñor Battista Ricca, para después enterarse de que el prelado había protagonizado escándalos de carácter homosexual en Uruguay.

El francés Jean-Marie Guénois, experto en religiones, sintetizó las revelaciones de su primer viaje internacional: "Francisco no es la expresión de un profundo progresismo, sino el reequilibrio de los excesos del poder clerical de la curia romana durante estos últimos diez años. Si tenían dudas, los católicos puntillosos podrán tranquilizarse leyendo sus discursos de Brasil". Pero le reconoce que "logró entusiasmar a quienes están fuera de la Iglesia, tranquilizar a la franja progresista de la institución e inquietar profundamente a los católicos tradicionales, que se sintieron muy cómodos con Benedicto XVI".

Con la colaboración de Silvia Pisani, Luisa Corradini, Carlos Vergara, Jana Beris, Natalia Tobón y Ricard González

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