El país, ante un clima democrático restaurador
La votación del domingo significó un cambio crucial
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LIMA (El Comercio).- Se cumplió el domingo, con auspiciosa tranquilidad, una jornada electoral clave de la cual emerge triunfante la voluntad democrática de los peruanos. Gracias a las garantías otorgadas por el gobierno transitorio de Valentín Paniagua, así como a los cambios en la Junta Nacional Electoral, y también a la observación internacional, ahora se vive un ambiente democrático restaurador, a diferencia de los escándalos registrados bajo el "fujimontesinismo".
En cuanto a los resultados, lo obvio es que Alejandro Toledo, candidato de Perú Posible, triunfó en la primera vuelta con relativa comodidad. Eso naturalmente se debe a su constancia democratizadora y al liderazgo que alcanzó en la lucha contra el régimen pasado.
Es de justicia reconocer, asimismo, que han gravitado sus propuestas -más allá de algunos sesgos populistas-, porque removieron esa especie de anteojera que se había impuesto con respecto al ultraliberalismo económico. De allí que sus planteamientos reformistas generen amplia expectativa en el electorado.
En cuanto al incremento de la votación aprista, no sorprende del todo. Ya lo adelantaban las encuestas de los últimos días, que no pudieron publicarse por la arbitraria ley electoral, que lo prohíbe. Y ha calado en algunos sectores la estrategia de Alan García de presentarse como un político aparentemente más maduro y autocrítico.
Lo cual, sin embargo, no es óbice para subrayar algo fundamental: que, aparte de su desastrosa gestión en el gobierno 1985-1990, no tiene credenciales éticas saneadas. Se pudo postular sólo porque prescribieron judicialmente las denuncias sobre su eventual enriquecimiento ilícito y porque no se ha hecho una profunda investigación en torno de la corrupción y las violaciones de derechos humanos que se perpetraron durante su mandato.
Definir la agenda
En cuanto a Lourdes Flores, pese a su calidad democrática y a la coherencia de sus propuestas de gobierno,disminuyó su caudal de votantes debido a una estrategia de campaña muy mal llevada. Para los que participarán en la segunda vuelta se impone, entonces, dejar de lado el simple activismo proselitista, para centrarse en lo medular: el debate sobre los programas de gobierno. No podemos darnos el lujo de cometer otro error en la elección por limitar la votación a criterios emocionales.
Con la proyección de un Congreso en el que nadie tendría mayoría propia, es urgente definir una agenda que permita la efectiva gobernabilidad a partir de cuatro criterios: una clara diferenciación del manejo técnico del Estado respecto de las cuestiones partidarias, la capacidad de concertación entre todas las agrupaciones, el respeto por las instituciones y la autonomía de los poderes y el mantenimiento de políticas de Estado permanentes, por encima de decisiones de gobierno de naturaleza coyuntural.
Es crucial que quienes compitan en la segunda vuelta den plenas garantías no solamente de un ejercicio adecuado del poder, sino sobre todo de un liderazgo ético.
Ciento cincuenta años después de la primera elección presidencial en el Perú, se debe aprender la lección: no basta con tener técnicos puros ni tampoco políticos carismáticos en la presidencia. Para salir de la crisis material y moral en la que está sumida la patria, es imperativo transitar por el camino de la credibilidad, la honradez y la ética comprobadas. La ciudadanía espera, por lo tanto, que antes de la segunda vuelta se aclaren las dudas en este sentido.
La democracia debe consolidarse como una forma de vida y no quedarse en una simple categoría formal de organización republicana.
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