
El símbolo de la lucha palestina
Arafat está cada vez más aislado, pero no tiene un claro sucesor
1 minuto de lectura'
RAMALLAH.- Yasser Arafat, de 72 años y virtual prisionero en Ramallah, donde lo rodean tanques del gobierno de Ariel Sharon, sigue siendo el hombre-símbolo de la lucha del pueblo palestino. Aunque hoy parece enfrentar su hora más difícil.
En su larga carrera, el líder de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) escapó a numerosos complots y atentados y sobrevivió a un accidente aéreo en el desierto.
Durante décadas fue considerado uno de los terroristas más implacables del mundo: combatió contra amigos y enemigos bajo el nombre de batalla Abu Ammar -aunque su verdadero nombre es Mohammed Abed Ar´ ouf- hasta la firma, en 1993, de la declaración de principios y el histórico estrechamiento de manos con el premier israelí Yitzhak Rabin en Washington.
Fundador de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), en 1964, este sexto hijo de un modesto comerciante de Gaza conduce la ANP desde 1994, nacida de los acuerdos de Oslo, y de la cual es presidente electo desde 1996.
Arafat también superó el "septiembre negro" de 1970, cuando el rey Hussein lo expulsó de Jordania, y salió incólume de la invasión israelí al Líbano, en 1982, mientras que en octubre de 1985 se salvó de un ataque aéreo israelí contra su base de Túnez.
Decidido a formar un grupo que liberara Palestina de la ocupación israelí, en 1968 fundó la organización Al-Fatah, que se convirtió luego en el principal miembro de la OLP, que lidera desde 1969.
Político de raza, Arafat logró superar algunos errores históricos, como el apoyo al Irak de Saddam Hussein cuando invadió Kuwait, en 1990.
En enero de 1992 se casó con su ex secretaria, la cristiana Suha Tawil -una egresada de la Sorbona de París luego convertida al islam-, con quien tuvo una hija.
En 1994 obtuvo, junto con sus interlocutores israelíes, Yitzhak Rabin y Shimon Peres, el Premio Nobel de la Paz. Pero hoy, en medio de una sangrienta escalada de violencia en la región, el líder palestino parece más aislado que nunca y enfrenta fuertes presiones de Estados Unidos y del gobierno de Ariel Sharon para controlar a los grupos terroristas.
Su casi patológico rechazo a compartir el poder o delegar responsabilidad ha impedido que surja una figura clara para reemplazarlo.
Arafat afirma que tiene un único sueño: la creación del Estado palestino, con él al frente, y advierte que está dispuesto a lograrlo, aun a costa de su propia vida.



