En el aniversario de la toma de rehenes en la embajada, Irán reforzó su desafío nuclear

El régimen celebró ayer los 40 años de la toma de rehenes en la embajada estadounidense
El régimen celebró ayer los 40 años de la toma de rehenes en la embajada estadounidense Fuente: AFP
Teherán anunció que multiplicó por diez el material para sus actividades atómicas; EE.UU. respondió con sanciones
Luisa Corradini
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5 de noviembre de 2019  

PARÍS.- Irán conmemoró ayer el 40º aniversario de la toma de rehenes de la embajada de Estados Unidos en Teherán con un nuevo desafío a las grandes potencias occidentales: en un ambiente de multitudinarias manifestaciones populares y carteles de "¡Muerte a América!", el régimen anunció estar produciendo diez veces más uranio enriquecido que hace dos meses.

El anuncio fue hecho por Ali Akbar Salehi, vicepresidente de la república islámica y jefe de la Organización Iraní de Energía Atómica (OIEA). Ante las cámaras de la televisión de Estado, Salehi indicó que su país produce actualmente "cinco kilos de uranio enriquecido por día", diez veces más que hace dos meses, cuando el régimen anunció que dejaría de cumplir los límites fijados a su programa nuclear por el acuerdo internacional de 2015.

Según esa declaración, Irán produce ahora uranio enriquecido a una tasa superior al límite de 3,67% fijado por ese acuerdo, y tampoco respeta la cantidad de 300 kilos impuesta a sus reservas de uranio (débilmente) enriquecido.

Salehi también indicó que, en los últimos 60 días, Irán construyó nuevos modelos de centrifugadoras avanzadas, una de las cuales ya comenzó a ser probada.

"En estos dos meses hemos instalado unas 15 centrifugadoras de nueva generación, lo que significa un logro gigantesco", dijo Salehi. "Nuestros ingenieros lograron construir un prototipo de IR-9, nuestro modelo más reciente, así como otro nuevo modelo llamado IR-s", detalló, sin especificar las características técnicas de los aparatos.

Cuando, en julio de 2015, firmó el acuerdo nuclear de Viena con el llamado Grupo de 5+1 (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia y Alemania), Irán aceptó reducir en forma drástica sus actividades nucleares -a fin de garantizar su carácter exclusivamente civil-, a cambio del levantamiento de una parte de las sanciones internacionales que lo asfixiaban.

Donald Trump retiró a su país en forma unilateral del pacto en mayo de 2018, y restableció duras sanciones contra Teherán con el objetivo de obligar al régimen a renegociar el acuerdo y extenderlo a las armas convencionales. Desde entonces, la economía iraní no cesa de contraerse, mientras la escasez de comida y medicamentos agobia a la población. Decidido a resistir, y para que los países europeos encuentren una solución, el régimen de los ayatollahs comenzó a renunciar, a partir de mayo, a los compromisos asumidos.

Las cifras anunciadas por Teherán sobre el aumento de su producción de uranio enriquecido no son suficientes, sin embargo, para fabricar una bomba nuclear. Irán insiste en que no tiene intención de dotarse de semejante arma, aunque israelíes, norteamericanos y sauditas afirman lo contrario.

La respuesta de la Casa Blanca al nuevo desafío iraní fue ayer sorprendentemente mesurada. La administración Trump marcó el aniversario de la toma de 52 rehenes norteamericanos en su embajada de Teherán hace 40 años, imponiendo nuevas sanciones a la cúpula de las Fuerzas Armadas y a nueve asociados del ayatollah Ali Khamenei, líder supremo del país.

Al mismo tiempo, Estados Unidos elevó de cinco a veinte millones de dólares la recompensa para quien permita hallar a Robert A. Levinson, uno de sus ciudadanos, exagente del FBI, que desapareció en Irán en 2007.

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