
Giovanni Battista Re: el candidato que mejor conoce cómo funciona el Vaticano
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Hasta hace siete años, sólo los vaticanistas conocían a Giovanni Battista Re, hoy uno de los hombres más poderosos de la Santa Sede –si no el más poderoso– y, según muchos analistas, firme candidato a suceder a Juan Pablo II, o, por lo menos, a convertirse en secretario de Estado del nuevo papa.
Ese pegajoso día de julio de 1998, en la región del Borno nigeriano, ante periodistas de todo el mundo, el Papa declaró: “Antes de comenzar a recitar el Angelus quiero saludar a mi cercano y queridísimo colaborador”. Las palabras iban dirigidas a Re, entonces sustituto de la Secretaría de Estado de la Santa Sede. Los periodistas anotaron aquellas palabras con cuidado. Los analistas confirmaron, de inmediato, que ese hombre era uno de los personajes más influyentes en el entorno de Wojtyla.
Lo cierto es que el cardenal italiano Giovanni Battista Re, de 71 años, no sólo fue y es considerado por los especialistas uno de los tres “mandamás” de la Iglesia –junto con los cardenales Ratzinger y Sodano–, sino que desde hace años es, pese a su acostumbrado bajo perfil, uno de los protagonistas principales de las luchas de poder que se suceden fronteras adentro, en la Santa Sede.
Re –ordenado sacerdote en 1957– comenzó su carrera en el Vaticano en 1963, cuando ingresó en el Servicio Exterior. Tras cumplir funciones como secretario de la Nunciatura en Panamá e Irán y un período al frente de la Comisión Pontificia para América latina, llegó la hora del contacto cotidiano con el Papa, al ser nombrado sustituto del secretario de Estado. Era diciembre de 1989.
Desde ese lugar, durante 11 años, Re demostró su total lealtad a Juan Pablo II y su capacidad de trabajo, al tiempo que se convertía en experto en los temas burocráticos del Vaticano. Hoy, nadie conoce los recovecos administrativos de la Santa Sede como él y éste es considerado uno de los puntos en su favor cuando se lo analiza como papable.
En 2000, Wojtyla le confirió aún más poder cuando lo puso al frente de la Congregación de los Obispos. Pese a que desde allí Re virtualmente ha manejado los nombramientos de obispos en todo el mundo, el alejamiento de la Secretaría de Estado fue visto, por algunos, como otro síntoma de su pelea personal con el poderoso cardenal –también papable– Angelo Sodano, el secretario de Estado. Dicen, incluso, que el enfrentamiento alcanzó niveles tan altos que los dos purpurados dejaron de saludarse.
Algunos de los últimos capítulos de la batalla incluyen el desagrado de Re por los dichos de Sodano sobre una posible renuncia anticipada del Papa y el enojo de Sodano por los reiterados mea culpa de la Iglesia Católica, a través de Juan Pablo II, por errores cometidos en el pasado. La idea, claro, era de Re.
Re posee varios puntos en favor para ser el próximo papa: tiene 71 años –ni muy joven ni muy viejo– y su perfil es el de un conservador y continuador de la obra de Juan Pablo II. Además de ser un experto en temas burocráticos de la Santa Sede, cuenta con el importantísimo apoyo de Estanislao Dziwisz, el poderoso secretario personal de Wojtyla. En contra se mencionan su escaso carisma, su muy bajo perfil pastoral y el hecho de que cuenta con un enemigo tan poderoso como Sodano, capaz de influir, tanto como él, en el resultado del cónclave.
Se dice que el Papa tenía pensado para Re el puesto de Sodano, al frente de la Secretaría de Estado. Y más de un analista coincide en que era su candidato preferido para ocupar el trono de Pedro tras su muerte.
La Iglesia italiana
Para la Iglesia Católica italiana, que carga con el enorme peso de su cercanía con el Vaticano, la mayoría de los problemas actuales se relacionan con un escenario de inmigración creciente.
Invocada tanto para justificar la xenofobia como para promover la convivencia pacífica, asiste con preocupación al debate público sobre la presencia de los símbolos cristianos en colegios y cuanto edificio público existe en Italia; una discusión que ya abarca el ámbito de la Justicia y el Parlamento.





