Japón, en vilo por la amenaza nuclear

La explosión en un reactor y las fallas en los sistemas de refrigeración en la planta Fukushima I hacen temer por una fuga radiactiva
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13 de marzo de 2011  

TOKIO.- El gigantesco sismo y el potente tsunami de anteayer enfrentaron ayer a Japón con una doble tragedia: por un lado, la de contar los miles de muertos y desaparecidos; por el otro, la de intentar evitar, contra reloj, el colapso de una de sus mayores centrales nucleares, dañada por el terremoto.

El accidente en Fukushima I, el más grave desde la explosión en Chernobyl, en 1986, desató la alarma en todo el país y un masivo éxodo de la zona afectada ante el temor de que las averías en el sistema de refrigeración de dos reactores nucleares de la planta provoquen una fuga radiactiva y generen una catástrofe nuclear.

Las preocupaciones en torno al peligro de una fuga radiactiva en las plantas nucleares eclipsaron la magnitud del desastre ocurrido anteayer en una franja costera de 2100 kilómetros de largo, donde varias localidades fueron azotadas por el quinto terremoto más potente de la historia y el posterior tsunami, que habrían dejado 1800 muertos (ver Pág. 6).

Aunque la explosión en el reactor número uno de Fukushima I ocurrió en la parte externa de la planta -por lo que el núcleo del reactor no fue dañado-, el accidente fue de nivel 4 en una escala de 7, anunció la Agencia Japonesa de Seguridad Nuclear e Industrial (NISA). Sólo en dos ocasiones anteriores se registraron episodios peores: la explosión en Chernobyl (de categoría 7) y la fusión, en 1979, de un reactor en la central estadounidense de Three Mile Island (nivel 5).

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"El reactor [de Fukushima I] está rodeado por un contenedor de acero, que está protegido por una construcción de concreto -dijo el jefe de gabinete japonés, Yukio Edano-. El concreto colapsó, pero encontramos que el contenedor del reactor adentro no explotó."

Según Valeriy Hlyhalo, vicedirector del centro de seguridad nuclear de Chernobyl, los reactores japoneses estaban mejor protegidos que los de la planta soviética, cuya explosión generó el peor desastre nuclear de la historia y dejó miles de muertos.

Luego de un día de histeria por los esfuerzos de los especialistas para enfriar el núcleo del reactor con agua del mar, un responsable de la NISA confirmó más tarde que otro reactor de Fukushima I, el número 3, también tenía dañado su sistema de enfriamiento de emergencia y que era necesario intervenir con urgencia para asegurar el líquido refrigerante.

"Los expertos trabajan intensamente para encontrar una solución a fin de enfriar el núcleo. Esta tarde [por ayer] comenzaron a inyectarle agua de mar", dijo Mark Hibbs, del Programa de Política Nuclear del Legado Carnegie para la Paz Internacional. "Esa acción es un indicativo de la gravedad del problema y de la iniciativa de los japoneses de recurrir a soluciones inusuales e improvisadas para enfriar el núcleo", advirtió.

El objetivo es lograr que el sistema de refrigeración de los reactores cumpla su función, algo que sólo se consigue con cuentagotas desde el sismo de anteayer, para evitar así una explosión del propio reactor, que podría desencadenar un accidente nuclear fatal.

La Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos (NRC) envió a Japón a dos de sus principales expertos en reactores de agua en ebullición (BWR) para asistir a los especialistas locales en sus esfuerzos por aplacar el riesgo de una catástrofe nuclear.

En tanto, Tokyo Electric Power, la empresa que opera la planta, informó que había comenzado a ejecutar los pasos para liberar la presión en las dos Fukushima, aunque voceros de la compañía dijeron que tenían dificultades para abrir una válvula en un reactor. Los expertos y el gobierno buscaron llevar calma a la población e insistieron en que no habrá un desastre radiactivo. Anoche, el viento en la región era débil y se dirigía hacia el mar, en dirección Nordeste, informó la Agencia Meteorológica de Japón.

"No es posible un Chernobyl en un reactor de agua ligera. La pérdida de refrigerante significa un aumento de la temperatura, pero también detendrá la reacción", señaló Naoto Sekimura, profesor de la Universidad de Tokio.

"Creo que todo quedará contenido en los terrenos [de la planta] y no habrá ninguna gran catástrofe", dijo, por su parte, el experto nuclear ruso Yaroslov Shtrombakh.

Debido al accidente en Fukushima I, las autoridades ampliaron el radio de evacuación de 10 a 20 kilómetros y extendieron la medida a los pobladores lindantes a la central Fukushima II, a 11 kilómetros de distancia. El Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA) informó que, por lo menos, 200.000 personas ya fueron evacuadas de esas áreas.

Además, el organismo atómico de la ONU aclaró que el nivel de radiación relevado alrededor de Fukushima I disminuyó en las últimas horas. Las autoridades señalaron que el nivel había alcanzado hasta 1000 veces su registro habitual en la sala de control del complejo y hasta 70 veces cerca de la entrada principal. En un momento, la planta emitía cada hora la radiación que una persona absorbe del ambiente en todo un año.

Sin embargo, cualquier aumento de los niveles de radiación en el ambiente podría elevar las tasas de cáncer a largo plazo. Las autoridades tienen intención de distribuir yodo, una sustancia que ayuda a la protección contra el cáncer de tiroides, una de las dolencias que más afectó a los expuestos a las radiaciones de Chernobyl. Las personas expuestas a la radiación de Fukushima I podrían llegar a 160, señalaron fuentes de la planta.

La explosión en la planta, que hizo volar el techo del edificio, fue precedida de una exhalación de humo blanco, el cual se condensó y se convirtió en una nube grande que rodeó toda la instalación nuclear. Las imágenes de la televisión japonesa mostraron que los muros de la instalación del reactor se derrumbaron y sólo había permanecido en pie un armazón de metal.

El estallido se produjo debido a la interacción del hidrógeno con el oxígeno fuera del reactor, informó Tokyo Electric Power. El hidrógeno se forma cuando las barras de combustible supercalientes hacen contacto con el agua, que se vacía sobre ellas para enfriar el núcleo e impedir su fusión.

A oscuras

La emergencia nuclear decretada por el gobierno por el accidente en Fukushima I forzó a Tokio y otras ciudades del país a apagar las luces de algunos edificios simbólicos para ahorrar energía. En la capital, permanecen a oscuras la Tokyo Tower y el Rainbow Bridge; en Osaka, la Torre de Tsutenkaku, y en Yokohama, el puente de la bahía.

Para cubrir el faltante de energía (el terremoto detuvo la operación de 11 de las 55 centrales nucleares del país), el gobierno japonés le pidió a Rusia que aumente los suministros. La energía nuclear produce un 30% de la electricidad del archipiélago y los reactores que se apagaron debido al terremoto generaban el 18 por ciento.

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