
La bomba de deuda que sacude a Francia y enciende una señal de alerta para las grandes potencias
Los inversores franceses en bonos están exigiendo tipos de interés mucho más altos, un hecho que supone una advertencia para otros países con altos niveles de deuda
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NUEVA YORK.– Francia está sumida en la agitación, con estudiantes que salieron a las calles para protestar contra los recortes en las escuelas. Los inversores también se rebelan contra el gobierno, al cuestionar la capacidad del país para gestionar su enorme deuda.
Francia se convirtió en el epicentro europeo de la turbulencia mundial en los mercados de bonos y sirve como advertencia para los políticos de todo el mundo que deben lidiar con el aumento de los costos de endeudamiento.
Se trata de un contexto financiero peligroso para las protestas. El jueves, por segunda vez en una semana, estudiantes secundarios y sus simpatizantes salieron a las calles de toda Francia para reclamar más docentes y la renovación de edificios escolares deteriorados.
El aumento de las tasas de interés deja al descubierto la vulnerabilidad de los países con elevados niveles de deuda y déficits persistentes. Cuando los gobiernos deben destinar más dinero al pago de la deuda, disponen de menos recursos para otras prioridades, como mejorar las escuelas, construir más viviendas o reducir impuestos. Esto puede empujar a los votantes frustrados a salir a las calles o a acercarse a partidos políticos populistas.
“Estos aumentos en los rendimientos de los bonos tienen consecuencias muy reales”, afirmó Mahmood Pradhan, investigador asociado no residente de Bruegel, un centro de estudios de Bruselas, y exsubdirector del Departamento Europeo del Fondo Monetario Internacional.
En el peor de los escenarios, esta dinámica se convierte en una espiral que se retroalimenta: los políticos hacen más promesas para apaciguar a los ciudadanos descontentos, lo que conduce a un mayor endeudamiento y, a su vez, alarma a los inversores, que exigen tasas todavía más altas para seguir comprando bonos del Estado.
Francia demuestra la rapidez con la que puede agravarse la situación cuando la confianza de los inversores se deteriora.
Una señal de advertencia
La ampliación de la brecha entre los rendimientos de los bonos soberanos a diez años de Francia y Alemania es una señal de que los inversores están más nerviosos ante la posibilidad de prestarle dinero a Francia.
Esta semana, el rendimiento de los bonos franceses a diez años rozó el 5%, su nivel más alto desde 2002. Más preocupante aún es que otro indicador de la percepción de los inversores sobre la deuda francesa volvió a captar la atención: el llamado diferencial entre los rendimientos de los bonos soberanos a diez años de Francia y Alemania. Esa brecha refleja la prima que exigen los operadores para mantener deuda francesa en lugar de la alemana, considerada la más segura de Europa.
Este diferencial alcanzó recientemente su nivel más alto desde 2012, tras un aumento extraordinariamente rápido durante el último mes. Los inversores también exigieron rendimientos más elevados para prestarle dinero a Francia que a Italia y Grecia, países que durante mucho tiempo fueron considerados los más problemáticos de Europa por sus elevados niveles de deuda.
En toda Europa, el aumento de los rendimientos de los bonos pone a prueba la resiliencia de las economías. El año comenzó con una inflación baja y un crecimiento económico más acelerado. Pero desde el comienzo de la guerra en Irán, los precios de la energía se dispararon, lo que volvió a impulsar la inflación y llevó al Banco Central Europeo a subir las tasas de interés dos veces en lo que va del año. Los operadores prevén otro aumento antes de fin de año.
El incremento de los costos de endeudamiento deja a los gobiernos expuestos a nuevas perturbaciones económicas, como aumentos repentinos de los precios de los alimentos y la energía. También les dará menos margen para apoyar a las empresas y los hogares, como hicieron en los últimos años.
“La capacidad limitada de los países para afrontar estas perturbaciones representa un mundo nuevo para nosotros”, afirmó Pradhan.
En Francia, el pago de intereses constituye uno de los mayores gastos del presupuesto del gobierno y podría superar los 90.000 millones de euros (100.000 millones de dólares) el próximo año, una cifra superior al gasto previsto en defensa y educación, según el Ministerio de Finanzas francés.
Emmanuel Moulin, gobernador del banco central francés, advirtió recientemente al Financial Times que el país corría el riesgo de quedar “estrangulado por las tasas de interés” si no mejoraba sus finanzas públicas.
Los actuales dirigentes políticos franceses —y algunos aspirantes a sucederlos— se apresuran a tranquilizar a los inversores escépticos. Pero, hasta ahora, sus intentos tuvieron un impacto limitado. El gobierno anunció la semana pasada que intentaría reducir su déficit presupuestario el próximo año, después de no haberlo conseguido este año. Sin embargo, incluso en ese caso, los niveles de deuda seguirán aumentando. La deuda pública francesa ya equivale a casi el 120% del tamaño de su economía.
Los inversores siguen de cerca las negociaciones presupuestarias en París, pero prevén que los problemas fiscales de Francia podrían agravarse con las elecciones presidenciales de la próxima primavera.
Hasta ahora, todos los principales candidatos hicieron grandes promesas de gasto y no presentaron planes convincentes para reducir la deuda. Marine Le Pen, la favorita de la extrema derecha, prometió esta semana recortar el déficit, aunque no explicó cómo lo haría. Por su parte, Jean-Luc Mélenchon, candidato de la extrema izquierda, alarmó a los inversores al proponer cancelar parte de la deuda del país en lugar de pagarla.
Francia podría conseguir “cierto alivio temporal en los mercados si logra que se aprueben algunas medidas en el Parlamento”, afirmó Pradhan. “Pero, más allá de eso, Francia tiene un problema de deuda”.
El país tiene importantes necesidades de gasto que resultaron políticamente difíciles de contener, en áreas como las pensiones, a las que se suma el creciente pago de intereses.
Estos problemas también se presentan en otros países. En cierto sentido, Estados Unidos está en el centro de las turbulencias de los mercados. En los últimos meses, los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense, el mercado de deuda más grande e influyente del mundo, se dispararon y desencadenaron una ola de ventas a escala global.
Estados Unidos todavía disfruta de una abundante demanda de su deuda, y uno de los factores importantes detrás del aumento de los rendimientos es el auge de la inteligencia artificial en Silicon Valley.
Pero los economistas advierten que el país continúa poniendo a prueba los límites de lo que los inversores están dispuestos a aceptar de gobiernos que consideran poco dispuestos o poco preparados para afrontar el aumento de sus niveles de deuda. La deuda nacional bruta de Estados Unidos superó los 40 billones de dólares este verano, lo que equivale a más del 120% del tamaño de su economía, mientras que se prevé que los déficits anuales sigan aumentando.
En Asia, la trayectoria de la deuda de Japón puso recientemente a prueba los nervios del mercado. La deuda japonesa supera desde hace muchos años el doble del tamaño de su economía, pero las recientes promesas del gobierno de aumentar el gasto y reducir los impuestos castigaron a los activos financieros del país. El yen se debilitó tanto que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos respaldó una intervención para fortalecer la moneda, mientras que los rendimientos de los bonos japoneses a diez años se negocian en sus niveles más altos en tres décadas.
La lección se aplica, en términos generales, a los países con elevados niveles de deuda. Muchos gobiernos incrementaron drásticamente su endeudamiento en los últimos años para sostener sus economías frente a una serie de crisis, entre ellas la pandemia de Covid-19, la crisis energética de 2022 posterior a la invasión rusa a gran escala de Ucrania y otra crisis energética este año a raíz de la guerra en Irán.
Al mismo tiempo, aumenta el gasto público en atención médica y pensiones para poblaciones que envejecen. A corto plazo, también existen demandas, especialmente en Europa, para incrementar el gasto en defensa.
La deuda pública mundial se encuentra cerca de sus niveles más altos desde la Segunda Guerra Mundial y va camino de superar el 100% del producto bruto interno global, informó el miércoles el Fondo Monetario Internacional.
“Las economías avanzadas son las principales responsables”, afirmó Kristalina Georgieva, directora gerente del organismo con sede en Washington.
En Europa, el riesgo es que las turbulencias de los bonos franceses se propaguen a otros mercados de deuda de la eurozona, como el italiano, y desencadenen otra crisis regional de deuda soberana, similar a la de 2012.
“La situación exige un conjunto urgente e integral de respuestas de política económica”, afirmó Georgieva.
Los gobiernos deben presentar planes creíbles para reducir sus déficits, incluso cuando muchas personas se acostumbraron a esperar que sus dirigentes políticos intervengan frente a las crisis económicas, señaló. Normalmente, esto se consigue mediante alguna combinación de reducción del gasto y aumento de impuestos.
“Tenemos por delante algunas decisiones políticas muy difíciles”, concluyó.


