
La caída de los émulos de Gordon Gecko
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MIAMI.- "La codicia es buena", proclamaba impertérrito Gordon Gecko, el personaje que Michael Douglas interpreta en la película "Wall Street". Esta semana, dos de sus émulos más prominentes debieron comparecer ante sendas cortes norteamericanas, en Alabama y Nueva York, acusados de malversar fortunas descomunales y gastarlas en extravagancias.
El capitalismo puede ser estimulante, pero algunos de sus más fervorosos practicantes, por lo visto, no lo son. Si 2004 presenció la condena de la "gurú" de la vida doméstica, Martha Stewart, CEO de Living Omnimedia, por haber mentido sobre la oportuna venta de unas acciones y de Frank Quattrone, el banquero estrella del Crédit Suisse First Boston, sentenciado por obstrucción de la justicia, el 2005 promete ser mucho más nutrido en esta materia.
En términos de escándalos corporativos, el año judicial se inició el 4 de enero, con el veredicto de culpable en el juicio a E. Kirk Shelton, vicepresidente de la compañía de inversiones Cendant Corp., por conspiración en un fraude de 500 millones de dólares.
Dos semanas más tarde, el 17 de enero, comenzó el nuevo juicio a Dennis Kozlowski y Mark H. Swartz, respectivamente ex presidente y CFO de Tyco Internacional, corporación con empresas de electrónica, seguridad, salud e ingeniería, acusados de saquear 600 millones de dólares de las arcas de la empresa y de habérselos gastado, entre otros caprichos, en una cortina de baño de 6000 dólares.
El mismo día compareció en Nueva York Bernard Ebbers, acusado de orquestar un fraude de 11.000 millones de dólares en WorldCom, la gigantesca empresa que construyó a partir de una pequeña compañía de comunicaciones de larga distancia. Una semana más tarde, fue el turno de Richard Scrushy, ejecutivo de HealthSouth, empresa de servicios médicos donde, según la fiscalía, Scrushy realizó un fraude contable de 2600 millones de dólares. Pero esto es apenas el comienzo.
El 23 de febrero, John Rigas y su hijo Timothy escucharán la sentencia en el proceso que los halló culpables de saquear a su empresa, Adelphia Communications, 100 millones de dólares y ocultar deudas por 2300 millones. Pero el plato fuerte será, sin duda, el caso del gigante energético Enron, que involucró una estafa cercana a los 100.000 millones de dólares, que pulverizó los ahorros de decenas de miles de ex empleados. Andrew Fastow, el ex director financiero, se declaró culpable y aceptó declarar como testigo contra los principales ejecutivos de la empresa, Kenneth Lay y Jeffrey Skilling. Se estima que el proceso comenzará a mediados de año.
Ante este desfile procesal de megaestafadores, resulta difícil escapar a la conclusión de que algo está podrido en la cultura corporativa norteamericana. Una idea de la profundidad del declive moral lo da el hecho de que la fuerza oficial de operación contra el fraude corporativo ha obtenido desde su formación más de 500 sentencias.
La brecha entre ricos y pobres se ha ampliado durante la administración de Bush, hasta tal punto que el 1% de los más ricos controla el 40% de toda la riqueza del país. Ni siquiera la aristocrática Inglaterra puede atribuirse una concentración similar del poder económico: el 1% de los británicos más ricos controla el 18% de la riqueza del Reino Unido.
Algunos analistas explican este fenómeno como una consecuencia de las volátiles fortunas que se acumularon durante la burbuja de las "puntocom", que reventó cuando la gigantesca bicicleta dejó de pedalear. Pero tal vez haya algo mucho más inquietante en esta carrera desenfrenada por fortunas impronunciables. Tal vez los émulos de Gordon Gecko hayan concluido que la codicia no sólo es buena, sino también redentora.





