
La economía mundial empieza a desconfiar de EE.UU. y busca alternativas
La deuda récord, el uso creciente de sanciones y la incertidumbre política empujan a gobiernos e inversores a buscar alternativas al dólar, los bonos del Tesoro y otros activos estadounidenses
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WASHINGTON.– Los inversores globales empiezan a darle la espalda a los bonos estadounidenses. Las advertencias sobre el debilitamiento del poder del dólar se escuchan cada vez con más fuerza. Y gobiernos extranjeros están retirando su oro de las bóvedas norteamericanas.
Casi dos años después del inicio del segundo mandato del presidente Donald Trump, la economía mundial busca cada vez más formas de tomar distancia de Estados Unidos. Las preocupaciones por una deuda de 40 billones de dólares, el uso excesivo de sanciones para resolver problemas de política exterior y la inclinación de Trump a llevar al límite el Estado de derecho están generando interrogantes sobre el atractivo de Estados Unidos como refugio para las inversiones globales.

A pesar de las promesas de empresas y países extranjeros de invertir en Estados Unidos —en muchos casos para congraciarse con la Casa Blanca—, el capital empieza a buscar destinos alternativos.
“Los factores geopolíticos y el uso del dólar por parte de Estados Unidos como arma a través de sanciones financieras están llevando a los bancos centrales y a otros inversores oficiales a intentar diversificarse y alejarse de los activos denominados en dólares”, dijo Eswar Prasad, exdirector de la división de China del Fondo Monetario Internacional.
Estados Unidos todavía no es un paria para las inversiones. Los inversores privados continúan volcando dinero en los mercados financieros y bursátiles norteamericanos, la infraestructura vinculada con la inteligencia artificial atraviesa un auge y ninguna moneda rival parece estar en condiciones de destronar al dólar en el corto plazo.
En una comparecencia ante el Congreso el martes, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que seguía confiando en la credibilidad del sistema financiero estadounidense y sostuvo que las subastas de bonos continúan funcionando con éxito y que el dólar mantiene su fortaleza si se mide por su participación en las transacciones globales.
“Estados Unidos es, de hecho, el líder, y el líder no le teme a la competencia”, dijo Bessent. “La competencia nos hace mejores”.
Pero empiezan a aparecer grietas en el dominio económico estadounidense.

El ejemplo más evidente se encuentra en el mercado de bonos. Los rendimientos se dispararon a medida que los inversores, inquietos por el creciente endeudamiento nacional, exigen una tasa de retorno más alta para comprar bonos del Tesoro. Esta semana, el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años superó el 5%, su nivel más alto desde 2007.
Ante un panorama fiscal de largo plazo cada vez más incierto en Estados Unidos, algunos países empiezan a preguntarse si invertir allí sigue siendo una decisión acertada. Este mes, el fondo soberano de Noruega, el mayor del mundo, dijo que planeaba reducir sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense mientras busca en otros mercados mejores retornos.
Y luego está el futuro del dólar.
Casi el 90% de las operaciones globales de divisas se realizan en dólares. Sin embargo, la proporción de dólares en manos de los bancos centrales como reservas viene cayendo de manera sostenida durante la última década: pasó del 64% en 2015 al 56% a fines de 2025.
El año pasado, Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, dijo que la política errática de Estados Unidos estaba preparando el terreno para un “momento global del euro”.
Estados Unidos aprovechó el estatus especial del dólar para utilizarlo como herramienta de política exterior, mediante la imposición de duras sanciones a adversarios como Irán y Rusia. A medida que Washington incrementa el uso de sanciones para resolver conflictos internacionales, la permanencia del dólar como moneda de reserva mundial es cuestionada con una frecuencia cada vez mayor.

Aunque ni el euro ni el renminbi chino parecen estar en condiciones de superar al dólar en el corto plazo, la aparición de monedas digitales de bancos centrales, stablecoins y criptomonedas ofrece a los adversarios de Estados Unidos nuevas vías para eludir el sistema financiero estadounidense al realizar transacciones internacionales.
China encabeza el desarrollo de una plataforma de moneda digital transfronteriza junto con Hong Kong, Tailandia, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, que permitiría mover dinero más rápidamente y con comisiones más bajas que las transacciones bancarias tradicionales.
También está en desarrollo un proyecto similar de pagos transfronterizos impulsado por algunas de las principales naciones industrializadas del Grupo de los 7 y por instituciones financieras occidentales, aunque se encuentra menos avanzado que la iniciativa china, conocida como mBridge.

Rusia e India dijeron la semana pasada que trabajan en un plan que les permitiría utilizar monedas digitales de bancos centrales para liquidar pagos vinculados al comercio internacional. Un mecanismo de este tipo permitiría a ambos países ampliar su relación comercial y reducir su dependencia de instituciones financieras occidentales que pueden ser alcanzadas por sanciones estadounidenses.
“La historia del alejamiento del dólar es una de las historias más antiguas que existen”, dijo Josh Lipsky, presidente del área de economía internacional del Atlantic Council. “Los países llevan mucho tiempo pensando cómo operar por fuera del dólar, y la tecnología está haciendo que ahora resulte un poco más barato y sencillo que antes”.
Mientras algunos países se concentran en el dinero digital, otros apuestan al oro, preocupados por la estabilidad de Estados Unidos.
En 2025, las reservas internacionales mundiales mantenidas en oro superaron las tenencias oficiales extranjeras de bonos del Tesoro estadounidense. Este año, el precio del oro superó por primera vez en la historia los 5000 dólares por onza troy, mientras los bancos centrales aumentaban sus tenencias del metal ante la intensificación de los conflictos globales y las preocupaciones por la inflación.

La demanda de oro es tan alta que algunos países también quieren mantenerlo más cerca de casa. Ante el aumento de la inestabilidad geopolítica y las amenazas de Trump de imponer aranceles a aliados europeos, algunos incluso adoptaron la inusual decisión de trasladar el oro que mantenían en las bóvedas del Banco de la Reserva Federal de Nueva York.
“Es como si los países no confiaran en Estados Unidos”, dijo Daniel Tannebaum, quien fue coordinador de cumplimiento de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro para la Reserva Federal de Nueva York. “Creo que existe un factor de miedo”.
Ese factor de miedo también está generando consecuencias para las empresas estadounidenses que intentan hacer negocios en el exterior.

Tannebaum, socio de la práctica de riesgo y políticas públicas de Oliver Wyman, dijo que el uso agresivo de aranceles y controles a las exportaciones por parte de Estados Unidos llevó a países y empresas europeas a mostrarse más cautelosos a la hora de adoptar tecnología estadounidense para sectores sensibles como la inteligencia artificial.
Temen que, si dependen de Estados Unidos para ese tipo de infraestructura, esa dependencia pueda ser utilizada en su contra si Washington decide prohibir o desactivar esa tecnología, como ya lo hizo durante disputas con China y Rusia.



