La estrategia de la OTAN, factor clave en la recta final

La intensificación de la vigilancia y los blancos de la organización fueron cada vez más precisos
La intensificación de la vigilancia y los blancos de la organización fueron cada vez más precisos
Eric Schmitt
Steven Lee Myers
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23 de agosto de 2011  

WASHINGTON.- Mientras las fuerzas rebeldes de Libia convergían anteayer sobre Trípoli, funcionarios del gobierno norteamericano y de la OTAN coincidían en señalar que la intensificación de la vigilancia aérea norteamericana en la capital libia fue factor de gran ayuda para volcar la balanza en favor de los insurgentes, tras meses de una constante erosión en las filas del coronel Khadafy.

La coordinación entre la OTAN y los rebeldes, así como entre grupos rebeldes entre sí, resultó mucho más sofisticada y letal durante las últimas semanas, por más que el mandato de la OTAN se limite a la protección de la población civil.

Como señaló un alto diplomático de la OTAN, los blancos de la organización fueron cada vez más precisos, como la vigilancia de 24 horas que realizaba Estados Unidos sobre el territorio bajo control de las fuerzas leales a Khadafy.

Al mismo tiempo, Gran Bretaña, Francia y otros países desplegaron fuerzas especiales para entrenar y armar a los rebeldes. "Siempre supimos que a partir de determinado momento la efectividad del gobierno declinaría al punto de ya no poder comandar ni controlar sus fuerzas", agregó el diplomático.

Hasta el sábado, la OTAN y sus aliados habían realizado 7459 incursiones de diverso tipo, atacando desde lanzamisiles hasta cuarteles militares. El efecto acumulativo no sólo terminó de destruir la infraestructura militar de Libia sino que disminuyó la capacidad de los leales a Khadafy de controlar sus fuerzas. Según el parte de ese día, la alianza realizó solo 39 incursiones aéreas contra 29 objetivos. Por el contrario, en marzo, los aliados realizaban un promedio de 60 ataques diarios.

"La OTAN se avivó", dijo Frederic Wehrey, un veterano analista político de RAND Corporation, que sigue de cerca el caso libio. "Ataques mejor controlados, mejor coordinados, para evitar daños colaterales." Los rebeldes, incluso pobremente organizados como están todavía, sacaron todo el provecho posible de este apoyo directo e indirecto, y se volvieron más eficaces para detectar blancos.

Los funcionarios del gobierno de Barack Obama celebraron el giro en Libia con una mesurada euforia, y esperan que el derrocamiento del dictador sea una reivindicación de las demandas de mayor democracia que han sacudido el mundo árabe.

En privado, muchos funcionarios advirtieron que todavía podían pasar varios días antes de que Khadafy y su círculo más íntimo se rindieran. Como ocurrió con Saddam Hussein después de la invasión norteamericana de 2003, Khadafy podría resistir y hasta liderar una contrainsurgencia desde su escondite.

Estados Unidos ya está planificando la Libia post-Khadafy. Jeffrey D. Feltman, secretario de Estado adjunto, estuvo en Benghazi el fin de semana para reunirse con líderes de la rebelión para una transición estable y democrática. "Si bien es cierto que nos alegramos de que los días de Khadafy estén contados, queremos que quede claro que la prioridad debe ser la protección de civiles", dijo el funcionario.

Mientras el fuego no cesa en las calles de Trípoli, Human Rights Watch advirtió a la OTAN que debe tomar medidas para impedir hechos de venganza como los que ocurrieron tras la caída de Saddam Hussein. "Hay que estar preparados para la posibilidad de una transición rápida y caótica", dijo Tom Malinowski, director de Human Rights Watch en Washington.

Traducción de Jaime Arrambide

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