
La gran incógnita sobre el cáncer de pulmón que desconcierta a los especialistas
Aunque existen estudios eficaces para detectar tumores en etapas tempranas, millones de personas quedan fuera de los controles, entre ellas quienes nunca fumaron
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Los médicos cuentan con una herramienta excelente para detectar el cáncer de pulmón en sus etapas iniciales, cuando es más tratable: las tomografías computarizadas de baja dosis. Sin embargo, solo una de cada cinco personas que reúnen los requisitos para acceder a los controles de detección del cáncer de pulmón en Estados Unidos se somete a ellos, lo que significa que podrían prevenirse miles de muertes cada año.
Además, muchas personas que desarrollan cáncer de pulmón –una enfermedad que causa casi dos millones de muertes en todo el mundo cada año– no cumplen los requisitos para acceder a estos controles. Entre ellas se encuentran personas que nunca fumaron. El papa León XIV, a quien le diagnosticaron un adenocarcinoma de pulmón el martes y de quien no se conocen antecedentes de tabaquismo, probablemente habría formado parte de ese grupo.
Las deficiencias en los programas de detección del cáncer de pulmón han generado interrogantes en la comunidad médica sobre cómo identificar a las personas que más podrían beneficiarse de estos controles, sin caer en los riesgos de ampliar demasiado su alcance, lo que puede derivar en estudios innecesarios, ansiedad en los pacientes y una exposición adicional a la radiación.
“Una vez que sabemos quiénes están en riesgo, contamos con una prueba muy buena que permite detectar tumores muy, muy pequeños en los pulmones”, dijo la doctora Lecia Sequist, oncóloga especializada en tumores torácicos del Mass General Brigham Cancer Institute. “La verdadera incógnita es a quiénes debemos aplicarla. ¿Qué población debería someterse a estos controles?“.
La recomendación de los expertos
El Grupo de Trabajo de Servicios Preventivos de Estados Unidos, que emite recomendaciones sobre atención preventiva que determinan la cobertura de los seguros médicos, actualmente aconseja realizar una tomografía computarizada de tórax de baja dosis cada año a las personas de entre 50 y 80 años que hayan fumado el equivalente a un paquete de cigarrillos diario durante 20 años y que todavía fumen o hayan dejado de hacerlo en los últimos 15 años.
La recomendación se basó principalmente en ensayos controlados aleatorizados realizados en Estados Unidos y Europa con miles de personas que tenían antecedentes de tabaquismo intenso. Esos estudios demostraron que los controles mediante tomografías computarizadas de baja dosis reducían las muertes por cáncer de pulmón.
Sin embargo, alrededor de la mitad –y, según algunas estimaciones, incluso más– de las personas que desarrollan cáncer de pulmón en Estados Unidos no cumplen esos criterios.

Por ejemplo, un estudio concluyó que solo alrededor del 63% de los hombres negros y el 50% de las mujeres negras diagnosticados con cáncer de pulmón habrían reunido los requisitos para acceder a los controles.
“Las personas de este grupo que desarrollan cáncer de pulmón suelen fumar menos cigarrillos por día, pero durante muchos años”, explicó el doctor Chi-Fu Jeffrey Yang, cirujano torácico de Mass General Brigham, que dirige un ensayo para estudiar los controles en hombres y mujeres negros de mayor edad con cualquier antecedente de tabaquismo.
Además, se estima que una de cada siete personas que desarrolla cáncer de pulmón en Estados Unidos nunca fumó.
Aunque esa proporción pueda parecer elevada, el doctor Daniel Boffa, jefe de cirugía torácica de la Universidad de Yale, señaló: “Si se tomara a todas las personas que nunca fumaron y se preguntara cuál es su probabilidad de desarrollar cáncer de pulmón, se vería que es extraordinariamente baja”.
El desafío de los programas de detección
El desafío para los especialistas consiste en identificar, entre quienes nunca fumaron, a las personas cuyo riesgo sea superior al promedio, explicó Boffa, quien también preside la Comisión sobre el Cáncer del Colegio Estadounidense de Cirujanos, encargada de establecer estándares para la atención oncológica.
Las investigaciones sugieren que ese grupo incluye a personas que nunca fumaron y que son mujeres, tienen ascendencia asiática o cuentan con antecedentes familiares de cáncer de pulmón. Por ese motivo, los factores demográficos y los antecedentes familiares probablemente sean “los elementos que impulsen la próxima etapa de los programas de detección”, afirmó Boffa.
En algunos países asiáticos, existe una iniciativa para ampliar los controles de detección entre las personas que nunca fumaron, que representan una proporción especialmente elevada de los casos de cáncer de pulmón, explicó Scarlett Gomez, profesora de Epidemiología y Bioestadística de la Universidad de California en San Francisco.
En Taiwán, por ejemplo, la mayoría de los casos de cáncer de pulmón se registra actualmente entre personas que no fuman. Un estudio nacional examinó a personas que nunca habían fumado y tenían antecedentes familiares de cáncer de pulmón u otro factor de riesgo, como la exposición al humo de tabaco ajeno. La tasa de detección de cáncer de pulmón fue comparable a la registrada entre los grandes fumadores que participaron en el ensayo nacional realizado en Estados Unidos. A partir de esos resultados, Taiwán amplió su programa nacional de detección.
En Estados Unidos no existe un programa nacional de detección dirigido a personas que nunca fumaron, señaló Gomez. Sin embargo, hay iniciativas de menor escala que estudian su implementación en grupos específicos, como las personas con antecedentes familiares importantes de cáncer de pulmón o las mujeres asiático–estadounidenses más jóvenes.
En última instancia, señaló Yang, será importante realizar un ensayo controlado aleatorizado sobre los controles de detección en una población más amplia de personas que nunca fumaron. “Siempre habrá interrogantes sobre el balance entre los riesgos y los beneficios”, explicó, en referencia a los falsos positivos –que pueden generar ansiedad, estudios por imágenes adicionales y, en raras ocasiones, biopsias innecesarias– y la posibilidad de prevenir muertes.
Los investigadores también estudian factores biológicos que podrían ayudar a predecir con mayor precisión quiénes tienen más probabilidades de desarrollar cáncer de pulmón. Entre ellos se encuentran determinadas mutaciones genéticas, proteínas presentes en la sangre y signos visuales de la aparición de tumores en las tomografías.
Por ejemplo, investigadores británicos publicaron este año un estudio que mostró que los pacientes cuyas muestras de sangre presentaban una “firma” de 14 proteínas asociada con mayores niveles de inflamación tenían un riesgo más elevado de desarrollar cáncer de pulmón.
Sequist también trabajó en un algoritmo que ha demostrado ser capaz de predecir con precisión el riesgo futuro de desarrollar cáncer de pulmón en poblaciones diversas a partir de una sola tomografía computarizada. En teoría, ese estudio podría utilizarse como control inicial, explicó Yang, de manera similar a una primera colonoscopia, y servir luego para determinar cuándo sería necesario repetirlo.
La mejor estrategia para el futuro de los controles de detección del cáncer de pulmón probablemente consista en combinar estas nuevas tecnologías con los indicadores de riesgo tradicionales, señaló Yang. “Probablemente sea así como lograremos desarrollar una estrategia de detección bien fundamentada para las personas que nunca fumaron”, concluyó.
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