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WASHINGTON.- La semana pasada, un pequeño terremoto geopolítico sacudió Medio Oriente. Arabia Saudita y Turquía –dos países que durante buena parte de la última década mantuvieron una relación abiertamente hostil– se comprometieron a ir a la guerra en defensa mutua. Junto con Pakistán, firmaron el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca, por el que declararon, al estilo de la OTAN, que un ataque contra uno sería considerado un ataque contra todos.




